Sin Miedo a Amar Capítulo 10 — Los años de silencio
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Capítulo 10 — Los años de silencio

Los primeros meses nos escribimos todos los días.

Después, las cartas y los mensajes se hicieron más espaciados: la universidad, el trabajo, las nuevas vidas que cada uno construía en ciudades distintas fueron llenando los espacios que antes ocupábamos el uno para el otro.

No hubo una pelea, ni un final dramático.

Solo el silencio lento y doloroso de dos personas que se amaban pero que la distancia fue apagando de a poco, como una vela que se consume sin que nadie la sople.

Intenté salir con otras personas. Tuve un par de relaciones cortas que nunca llegaron a ningún lado, siempre con la sombra de unos ojos verdes de fondo que ninguna otra mirada lograba igualar.

Terminé mis estudios, empecé a trabajar, construí una vida que desde afuera parecía completa, pero que por dentro sentía a medias.

Había noches en que, sin razón aparente, la tristeza me visitaba de golpe, y entendía que era él, que siempre era él, apareciendo entre los recuerdos cuando menos lo esperaba.

De Mateo supe poco en esos años. Alguna foto que Camila me mandaba de vez en cuando, encontrada por casualidad en redes sociales de conocidos en común. Supe que había estudiado ingeniería, que llevaba una vida tranquila en la ciudad donde su familia se había instalado.

Lo que supe casi un año antes de nuestro reencuentro, por un mensaje breve y frío de una antigua compañera de colegio, fue que doña Rosa había muerto.

Un cáncer que avanzó rápido y no dio tregua.

Pensé en escribirle a Mateo esa misma noche, en decirle que lo sentía, en preguntarle cómo estaba, pero el miedo a reabrir una herida que ya llevaba años cerrándose me detuvo la mano.

Guardé esa noticia como quien guarda un dolor ajeno que, sin embargo, también le pertenece un poco.

Cinco años pasaron así, entre el recuerdo y la distancia, entre la vida que seguía su curso y ese amor de juventud que, aunque dormido, nunca terminó de apagarse del todo en mi pecho.

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