Sin Miedo a Amar Capítulo 9 — La graduación
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Capítulo 9 — La graduación

Llegó noviembre, y con él la graduación.

El colegio se llenó de flores, discursos y promesas de amistad eterna que sabíamos, en el fondo, que el tiempo se encargaría de desdibujar.

Mateo y yo nos sentamos juntos esa tarde, tan cerca como nos permitían las circunstancias, compartiendo una felicidad agridulce: habíamos llegado juntos hasta el final de esta etapa, pero el futuro que nos esperaba era incierto.

Doña Rosa ya tenía los planes hechos: se mudarían a otra ciudad, lejos de Los Álamos, lejos de mí. Decía que era por el trabajo de su esposo, pero todos, incluido Mateo, sabíamos la verdadera razón.

La última noche antes de que se fuera, nos encontramos en el cerro donde tantas veces habíamos subido a mirar las estrellas. No hablamos mucho. Nos abrazamos durante horas, grabando en la memoria cada detalle del otro: el olor de su piel, la forma de sus manos, el sonido exacto de su risa.

—Prométeme que no me vas a olvidar —le dije, con la voz quebrada.

—Nunca podría —respondió, secándome una lágrima con el pulgar—. Aunque pasen los años, aunque la vida nos lleve por caminos distintos, una parte de mí siempre va a estar aquí, contigo, en este pueblo, en este cerro.

Al día siguiente, vi partir el auto de su familia por la carretera que salía del pueblo, hasta que se convirtió en un punto diminuto y luego en nada.

Lloré esa mañana como no había llorado antes, sentado en el andén frente a mi casa, sintiendo que una parte de mi adolescencia se iba con ese auto.

Semanas después, yo también hice mis maletas para irme a estudiar a la universidad en otra ciudad.

Los Álamos quedó atrás, con todos sus recuerdos, buenos y dolorosos.

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