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HUGO
No dejo de pensar en lo que me dijo Nico ayer.
Estoy dejando que el rencor me ciegue totalmente. Me jode que se hayan liado no porque piense que Nico no es suficiente para ella, cómo voy a pensar eso si es la puta mejor persona que conozco.
Me jode porque yo ya sabía que se gustaban. Veía esas miradas que se echaban. Esas sonrisas sin venir a nada. Y había una parte de mí que tenía aceptado que iba a pasar en algún momento.
Y joder, hasta me parecía buena idea. Nico es mi puto hermano, sé que mi hermana no puede estar con nadie mejor que con él. Lo conozco como a la palma de mi mano.
Pero pensé que antes de que pasara nada hablaría conmigo, me diría que quería estar con ella y yo lo aceptaría, o no sé, esperaba que fuera de otra manera .
Me visto para ir a entrenar. Debería estar contento, mucho, estoy consiguiendo lo que llevo tanto tiempo luchando por conseguir, pero no es igual de bonito porque Nico no está conmigo, ni siquiera he llegado a decírselo yo.
Mientras me visto Marta llama a la puerta. Tres golpes, pausa, otro golpe. Su forma de tocar de toda la vida.
—¿Puedo pasar?
—Sí.
Entra con el pelo todavía húmedo de la ducha y esa cara que pone cuando lleva un rato sin dormir bien. Se sienta en el borde de mi cama, en el sitio exacto donde se sentaba en mi cama de Sídney de pequeña cuando tenía pesadillas e iba a mi habitación en lugar de ir a la de nuestros padres.
—Hugo, ¿has hablado con Tara?
—No.
—Necesito solucionar lo que pasa con su padre, tengo miedo.
La miro. Tiene los hombros un poco caídos, las manos juntas en el regazo, esa forma suya de hacerse pequeña cuando algo le pesa de verdad.
—No te preocupes, pequeña. Lo arreglaremos.
La abrazo.
—Hugo... lo de Nico. Sé que debí contártelo.
—Marta.
Suspiro, no me molesta tanto de su parte como de la de él. Entiendo que es mi hermana y que hablar eso conmigo igual no es fácil.
—No dejes que le hagan nada, Hugo. Hay algo que no sabes…quemaron el taller .
—¿Qué?
¿Cómo cojones? ¿Han quemado el puto taller?
—¿Quién?
—No lo sé, Hugo. Me imagino que el Davo ese, no sé qué problemas tiene con ellos.
La puta pelea amañada que ganó, seguro que fue una amenaza. Y yo con mis mierdas y él mientras comiéndoselo todo solo. Ayer podía habérmelo dicho, podría habérmelo dicho cuando pasó y sabe que le habría ayudado. Bueno si soy sincero, tampoco le di mucho chance para que me contara nada.
—¿Cuándo pasó eso?
—Hace días, ya te dije que no me habla.
Lo dice con cara de resignada, veo cómo se agarra un colgante de cerezas que lleva desde hace unos días. Las cerezas le encantan desde pequeña. Cuando tenía cinco años no entendía por qué no había todo el año, mi madre le compró unas de plástico para que la dejara en paz.
—Tranquila, vale, todo se va a solucionar.
—Hugo, no quiero que pierdas lo que tienes con él por mí.
—Eso es algo que tenemos que arreglar nosotros, Marta.
—Lo sé, pero él…él intentó que no pasara. Te lo prometo, Hugo. Ninguno queríamos mentirte.
—Dame tiempo. ¿Vale?
Marta asiente y se refugia en mis brazos.
********* *
Llevo dándole vueltas toda la tarde a que hacer, y finalmente he decidido venir. Si Manu me ve aquí me puedo meter en problemas muy serios, pero no puedo dejar solo a Nico hoy. Aunque él piense que me importa una mierda.
El polígono está como siempre los días de pelea, la gente amontonada, las radios con altavoces con música a todo trapo.
Cuando entro veo a gente que conozco y que me saluda.
Al final de todo veo gente acumulada, ahí tiene que ser la pelea. Veo a Nico en el ring , está mirando al infinito, tiene el costado amoratado, le di bien ahí cuando nos peleamos la semana pasada, espero que no haya sido nada, no me gusta la pinta que tiene.
Nico sigue mirando a ningún sitio, ese punto fijo que pone cuando está intentando no pensar en algo, y cuanto más me acerco el morado del costado se ve peor de lo que parecía.
No me he movido de aquí cuando sale Reid. Sigue igual que cuando éramos unos chavales, la misma cara, la misma cicatriz que se hizo en el labio jugando a pelearnos.
Lo reconozco antes de que digan su nombre por los altavoces. Lo reconozco por cómo entra, sin prisa, como si el sitio ya fuera suyo, y por la sonrisa que lleva puesta y que no le llega a los ojos.
Y ahora va a pelear con Nico.
Joder.
Suenan los golpes en el metal y empieza.
Reid es rápido, más rápido de lo que parece por el tamaño que tiene, y el primer intercambio es solo para medirse, los dos dando vueltas, los dos esperando.
Nico se mueve hacia la izquierda con un gesto que no le había visto nunca, algo contenido, como protegiendo sin querer que se note.
No sé qué le pasa en ese costado. Supongo que sigue dolido por lo de la semana pasada, normal, yo le di fuerte y a nadie se le pasa eso en unos días.
El primer golpe de verdad va directo ahí.
Conecta y Nico se dobla y por un segundo creo que se va a venir abajo ahí mismo, delante de toda esta gente que solo quiere ver sangre.
No se cae.
Se aparta, respira, se recoloca, y vuelve a entrar.
Es lo que siempre ha hecho. Aguantar y volver. Lo he visto hacerlo cien veces en el gimnasio, lo he hecho yo con él al lado, y ahora lo veo desde fuera y entiendo algo que antes no entendía del todo: lo cabrón que es, lo cabezota, lo que le cuesta admitir cuando algo le duele de verdad.
Reid sonríe cuando conecta otra vez en el mismo sitio.
—Vamos —mascullo, sin darme cuenta de que lo digo en voz alta.
La gente alrededor grita por Reid, no lo conocen, pero les gusta lo grande que es, les gusta cómo se mueve, y a mí me dan ganas de meterme entre el gentío y partirle algo a alguien solo por eso. Me quedo donde estoy. Apretando los puños donde nadie los ve.
Nico encuentra un hueco.
Le mete un gancho a Reid en la sien que le gira la cabeza, y otro detrás, rápido, sin darle tiempo a recolocarse, y por primera vez desde que ha empezado esto Reid retrocede en lugar de avanzar.
La gente cambia el grito. Ahora gritan los dos nombres, no saben a quién apoyar y eso me hace algo de gracia en medio de todo lo demás.
Pero Reid vuelve.
Y esta vez va directo al mismo costado otra vez, como si hubiera decidido que ahí es donde va a ganar la pelea, y conecta y Nico hace un sonido que oigo desde aquí pese a todo el ruido.
Un sonido que no debería hacer nadie. Doy un paso hacia delante sin pensarlo y me freno yo mismo, no puedo entrar ahí, todavía no, esto no es mío.
Nico se queda doblado un segundo más de la cuenta.
Luego se levanta y hace algo que solo él haría: sonríe.
Esa sonrisa de mierda que pone cuando algo le duele de verdad y no quiere que se note, la misma que pone conmigo cuando hablamos de cosas que no quiere hablar, y a Reid esa sonrisa le sienta mal, lo veo en su cara, no la esperaba.
Se viene encima furioso.
Y ahí Nico lo tiene.
Entra antes de que Reid termine de cerrar la guardia, le mete un recto que le abre la ceja y luego otro y luego un gancho corto que lo manda contra el poste, y la gente está de pie ahora, gritando tan fuerte que no distingo palabras, y Reid intenta recolocarse, pero ya no tiene tiempo.
Nico no le da tiempo. Nunca le da tiempo a nadie cuando encuentra el ritmo, lo aprendí entrenando con él, y ahora se lo está haciendo a un tío que le saca diez kilos.
Reid cae.
Tarda en levantarse y cuando lo hace ya ha terminado, lo veo en su cara antes de que el árbitro improvisado de Davo haga ningún gesto, lo veo en cómo se queda apoyado en las cuerdas sin ánimo de seguir.
Levantan el brazo de Nico.
La gente ruge su nombre y por un segundo, solo un segundo, algo en mí quiere gritarlo también, quiere acercarse y decirle que estoy orgulloso, que lo he visto todo, que aunque no se lo haya dicho ya lo he perdonado de corazón hace días.
No me da tiempo.
Reid se mueve.
Lo hace tan rápido que casi nadie lo nota, se separa de las cuerdas y se lanza hacia Nico por detrás, con todo el peso, con toda la rabia de alguien que no soporta perder delante de tanta gente.
Lo tira al suelo del ring antes de que Nico llegue a verlo venir, antes de que nadie llegue a hacer nada, y empieza a darle ahí, en el suelo, sin ninguna intención de pelear limpio en la zona que tiene tocada.
Salto las cuerdas sin pensarlo.
No sé cómo he llegado tan rápido, no recuerdo el camino entre la gente, solo recuerdo que estaba fuera y ahora estoy dentro y tengo a Reid agarrado del hombro y lo aparto de Nico de un tirón que casi me deja a mí también en el suelo.
—Quítate de encima —digo, y no reconozco mi propia voz.
Reid se gira hacia mí, todavía con la sangre de la ceja cayéndole por la cara, y antes de que diga nada le meto un derechazo que le cierra la boca de golpe.
No me importa que sea más grande que yo.
No me importa que esto no estuviera en el guion de nadie.
Le doy otra vez, en la mandíbula, con toda la rabia que llevo guardando una semana entera y que no tenía claro hacia quién iba dirigida hasta este momento.
Davo grita algo desde fuera del ring . No le hago caso.
Reid intenta devolverme el golpe y lo bloqueo con el antebrazo, el impacto sube hasta el hombro, y respondo con otro a las costillas que lo dobla hacia un lado. Alguien me agarra por detrás, brazos que no son los de Nico, e intento zafarme sin conseguirlo del todo.
—Hugo. —La voz de Nico, ronca, justo detrás de mí—. Hugo, para.
No paro al instante. Tardo un segundo, uno largo, mirando a Reid doblado contra las cuerdas y pensando en todo lo que sé y que él no sabe que sé, en mi hermana, en el coche, en Sídney, y las ganas de seguir son tan grandes que me cuesta físicamente bajar los brazos.
Pero los bajo.
Me giro y ahí está Nico, de pie como puede, sujetándose el costado con una mano y mirándome como si no entendiera nada de lo que está pasando. Tiene la cara hinchada y un corte en la ceja y sigue de pie pese a todo, cabezota hasta el final.
—¿Qué cojones haces aquí? —dice.
No le contesto enseguida.
Me quedo a su lado, entre él y Reid, respirando fuerte, con los nudillos ardiendo y algo en el pecho que lleva una semana sin sitio donde caber.
—Cuidándote la espalda —digo al final—. Es lo que hacemos los hermanos, ¿no?