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MARTA
Creo que es el momento de que me enfrente a toda esta mierda de una vez. Al fin y al cabo, quedarme sentada esperando a que vengan a por mí no es mi tipo, nunca lo ha sido, aunque lo pudiera parecer.
Necesito encontrar a Reid y como no sé dónde puede estar pienso quién puede saberlo que no sea Tara, porque esa tía está obsesionada y lo único que voy a conseguir es volver a discutir con ella.
Me acerco a la oficina. No es mi horario, pero sé que Gusano sí que está trabajando, siempre está trabajando, o lo que sea que hace cuando está aquí, porque nunca he tenido muy claro qué hace.
Subo por las escaleras pensando qué coño le voy a decir. No tengo ningún plan. Solo sé que es el único hilo del que puedo tirar sin pasar por Tara, y Tara ya no es una opción .
No hay nadie en la recepción. Bien. No me apetecía dar explicaciones de qué hago aquí fuera de mi horario. Miro en la sala de reuniones y no hay nadie, y entonces veo esa camisa a cuadros tan reconocible en la sala del fondo.
Me acerco despacio, pero con paso firme. Él me ve antes de que llegue — siempre parece estar mirando hacia todos lados a la vez — y algo en su cara cambia, un pequeño ajuste que no consigo interpretar del todo.
—Hola, Rafa.
—Ho... hola.
—¿Sabes dónde puedo encontrar a Reid?
Me observa despacio. Las manos le tiemblan ligeramente y mira hacia los lados a ver si alguien más se acerca. No hay nadie. Solo nosotros dos y el silencio de una oficina a media tarde.
—No sé de qué me hablas.
—Por favor. Necesito hablar con él.
Hay un momento largo donde no dice nada. Se mueve de su sitio para colocarse a mi lado, en dirección a la salida, como si quisiera que la conversación terminara antes de que empiece.
—Esta noche en el polígono.
Y se va sin mirarme.
No me jodas, ¿este tipo está metido también en las peleas? No entiendo nada, menudo lío tienen montado.
Tengo miedo de ir y encontrarme a Hugo y que ya se cabree definitivamente conmigo, o quizás a Nico, aunque quiero hablar con Nico y podría matar dos pájaros de un tiro .
Me voy al piso y me pego una ducha, de las que son lentas y tranquilas de cuando sabes que después tu mundo puede arder o no.
Tenía esperanzas de que Hugo apareciera en toda la tarde y que estuviera más proclive a hablar, pero no le he visto el pelo. Sé que está entrenando con Manu y que está super contento, aunque no he tenido tiempo ni de felicitarlo como Dios manda. Quizás por eso no vaya a las peleas.
Llamo un taxi y le digo que me acerque al polígono.
El tío no parece muy convencido de querer llevarme hasta allí, me pregunta tres santas veces que si voy a ir sola a ese sitio y que puede pasarme algo.
Cuando consigo salir del taxi hay muchísima gente por todos lados, parece que hay una discoteca en vez de un sitio de peleas ilegales.
Si la policía tuviera un mínimo interés esto no existiría.
Cuando me acerco a la puerta veo la Ducati aparcada a mi derecha. Reconocería esa moto hasta en el infierno. Por lo que al menos Reid va a estar aquí.
Al entrar el recuerdo con Nico en el pasillo de los baños me golpea. Creo que fue la primera vez que me di cuenta de todo lo que me gustaba ese tío. Joder, necesito tenerlo cerca.
Miro entre la gente, pero no veo a Reid por ningún lado.
Hay demasiada gente, demasiado ruido, demasiado de todo.
Me abro paso hacia los cuadriláteros y en el de la derecha ya hay pelea, dos tíos que no conozco.
En el del fondo todavía no ha empezado nada, pero se está formando corro, la gente se acerca, algo va a pasar.
Me acerco .
Y entonces lo veo.
Está de espaldas, apoyado en el poste del ring con los brazos cruzados, sin camiseta, con esa postura suya de cuando está concentrado y no quiere que se note que lo está. El pelo rubio bajo las luces amarillas del polígono.
Nico.
Me quedo parada en medio de la gente que me empuja por todos lados.
Nico va a pelear esta noche. Aquí. Ahora.
No me jodas.
La pelea va a empezar.
La gente a mi alrededor grita cosas que no proceso.
Cuando sale Santos entiendo por qué.
Es enorme. No es que sea grande, es que ocupa el espacio de una manera que hace que todo lo demás parezca más pequeño, incluido el ring , incluidas las personas que tengo al lado.
Tiene el cuello ancho y los hombros de alguien que no ha hecho otra cosa en su vida, y cuando levanta los brazos para saludar a los que le están gritando su nombre lo hace despacio, como si el peso de sus propios brazos fuera algo que administrar.
Miro a Nico.
Nico lo está mirando también. Tiene la mandíbula quieta y los ojos fijos en Santos con esa expresión que no da nada, que nunca da nada, y que yo he aprendido a leer un poco en las últimas semanas, aunque no tanto como me gustaría.
No parece asustado.
Eso me asusta a mí .
Suenan tres golpes en algo metálico y la gente explota antes de que empiece, y entonces empieza.
Santos va directo. Sin rodeos, sin tantear, directo.
Nico se mueve y el primer golpe pasa rozando, pero el segundo no, le da en el hombro y el impacto lo desplaza medio metro hacia la derecha como si no pesara nada.
La gente a mi alrededor ruge. Una mujer que tengo delante levanta el puño y me tapa la visión un segundo y cuando vuelvo a ver Nico ya se ha recolocado y le está metiendo dos golpes rápidos al cuerpo de Santos que no parecen molestarle especialmente.
Santos le agarra la cabeza con las dos manos y le mete la rodilla.
Se me corta la respiración.
Nico se dobla hacia delante y Santos lo empuja y Nico va contra las cuerdas y se sujeta con los brazos para no caer. La gente grita más fuerte. El hombre que tengo al lado dice algo en voz alta y se ríe y yo no entiendo qué tiene de gracioso.
Nico se despega y se mueve. Eso es lo que hace, moverse, no se queda quieto ni un segundo, le da a Santos en la mandíbula con algo rápido y limpio que le mueve la cabeza hacia un lado y por un momento pienso que igual esto no es tan terrible, que igual Nico sabe lo que hace y yo estoy aquí muerta de miedo por nada.
Entonces Santos lo coge.
Lo coge del brazo, lo tira hacia él y le da un golpe en las costillas que oigo desde donde estoy.
Lo oigo. Un sonido sordo y seco que me hace apretar los dientes.
Nico hace un gesto, solo uno, algo que se le escapa antes de que pueda controlarlo, y ese gesto me revuelve el estómago de una manera para la que no tengo nombre todavía.
Se separan.
Nico sangra. No mucho, un hilo desde el labio, pero sangra, y Santos no tiene un rasguño.
Vuelven a empezar y yo debería mirar hacia otro lado y no puedo.
No puedo porque es Nico y porque llevo semanas diciéndome que esto no es lo que parece y esta noche estoy aquí de pie en este sitio que huele a cemento y a sudor viendo lo que es en realidad.
Viendo el mundo en el que él vive cuando yo no estoy mirando.
Santos le da otra vez en las costillas, el mismo sitio, y Nico se dobla más que antes.
Se me ocurre que Santos sabe exactamente dónde apuntar. Que ya ha estado aquí antes.
Nico aguanta. Eso es lo que hace, aguantar y moverse y meter golpes que llegan y que duelen, lo veo en la cara de Santos cuando alguno conecta, pero Santos encaja y sigue y Nico cada vez tarda un poco más en recolocarse. Cada vez el espacio entre un golpe y el siguiente es un poco menor.
Cuando cae la primera vez me muevo sin pensar.
La chica que tengo delante me frena sin querer, estamos demasiado apretados, y Nico ya está levantándose antes de que yo llegue a ningún sitio.
Se levanta despacio y Santos lo deja, le da ese segundo, y algo en ese gesto me parece raro, pero no acierto a explicarme por qué, y ahora mismo no tengo espacio mental para pensarlo.
Nico está de pie .
Nico está de pie y tiene la boca abierta y respira como si le costara y aun así levanta las manos y vuelve a meterse.
No entiendo por qué hace eso. No entiendo por qué no para.
El golpe final le llega a la sien y esta vez no se levanta rápido.
Esta vez se queda en el suelo un momento que se hace largo, demasiado largo, y yo estoy empujando hacia delante entre la gente que celebra y que grita el nombre de Santos y que no entiende que hay alguien en el suelo de ese ring que me importa más que nada en este sitio.
Y cuando miro a lo lejos lo veo a él. A Reid.
Me muero de ganas de saltar la cuerda y llegar hasta Nico. Pero si dejo escapar a Reid esta noche, esto no se va a acabar nunca. Así que aprieto los puños y voy hacia el otro lado.
Una parte de mí querría acercarme junto a Nico, abrazarlo y quedarme ahí para él, pero no he venido a eso. He venido a solucionar lo que me pasa con Reid.
No voy a seguir viviendo con miedo ni un día más.