Sin guantes 38
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MART A

Tara entra en casa con esa sonrisa que la caracteriza, y que hoy me da mucho miedo. Porque no estoy entendiendo nada, en un caso normal le preguntaría de forma directa, no puede ser lo que mi cerebro está pensando. Necesito a Nico.

—¿Hacías algo interesante? Había pensado que podíamos ir a tomar algo como celebración por lo bien que me ha salido la audición.

¿Audición? Zorra mentirosa.

—Pues tengo que hablar con Nico, espera que voy a ver si se viene.

Cojo el teléfono para volver a llamarlo y entonces veo el mensaje.

Nico: Marta, es mejor que no nos volvamos a ver, lo siento. Me gusta otra. No sabía cómo decírtelo .

Me quedo mirando la pantalla.

Lo leo una vez. Lo leo otra vez. Las palabras son las mismas.

No. Esto no es verdad. Sé que no es verdad, no después de todo lo que hemos vivido estos últimos días. No me lo creo. Nico no tiene a nadie más. Lo sé. Lo sé con la misma certeza con la que sé que me quiere.

Algo ha pasado.

Intento llamarle. Comunicando. Otra vez. Comunicando.

Me ha bloqueado.

Noto algo muy parecido a las ganas de llorar, pero lo aparto porque Tara está aquí y no voy a llorar delante de ella, no esta noche, no cuando hay algo en todo esto que no termino de entender y que me da más miedo que el mensaje.

—¿Pasa algo?

—No, nada. Que está ocupado.

—Hugo no parece muy contento con que te lo folles —me suelta sin paños calientes.

—¿Te lo ha dicho él? De repente volvéis a ser amigos.

Tara sonríe, pero no contesta de inmediato. Se mueve por el salón como si fuera su casa, coge el mando de la tele, lo deja, mira hacia la cocina. Esa forma que siempre me pareció seguridad y que esta noche me parece otra cosa.

—Me ha dicho que te estás equivocando. Quizás deberías hacerle caso.

—Hugo no lo sabe todo, Tara .

—No me voy a meter, Marta, tú verás. No tienes muy buen ojo con los hombres.

—No como tú, que estás obsesionada siempre con el mismo.

La ira me está superando.

—Ya sabes que entre Hugo y yo siempre ha quedado algo pendiente.

Me quedo mirándola. Algo pendiente dice. ¿Se refiere a los años en los que Hugo le intentaba dejar claro que no quería nada serio con ella y que se pasaba literalmente por el forro? Él es un gilipollas por no cortar el rollo de raíz, pero ella estaba obsesionada.

—Si tú lo dices.

—¿Qué pasa, te molesta que me líe con él otra vez? —Se gira hacia mí—. Aunque…Nico se llama, ¿no? También está muy bueno. Si algún día dejas de jugar con él puedes prestármelo.

—¿Pero qué coño dices?

—¿Qué pasa, es tu novio?

—Ya sabes que no, Tara.

—Bueno, entonces que gane la mejor.

¿Pero de que va esta tía ahora? Me cruzo de brazos. Hay algo en su tono que ha cambiado, algo más frío, más directo, como si llevara rato esperando para decir exactamente esto y por fin hubiera encontrado el momento.

—¿Estás de coña? Ni se te ocurra acercarte a él.

—Siempre los quieres a todos para ti, Marta. —Da un paso hacia mí—. Siempre has sido una puta niña mimada .

Me quedo quieta. Ella está demasiado cerca. No de forma agresiva, pero lo suficiente para que mi cuerpo lo note y mande una señal que mi cabeza todavía no ha terminado de procesar.

—¿De qué vas, Tara? No te estoy entendiendo.

—En el instituto siempre querías a todos lamiéndote el culo. La vida es más fácil cuando tienes a Hugo de hermano, ¿no?

—Sabes que eso no es así.

—¿Qué no? —Lo dice más alto, la primera vez que eleva la voz—. ¡Nunca te preocupas por nadie que no seas tú! ¡Sabías que estaba enamorada de Hugo!

—¿Y qué coño querías que hiciera yo? Te avisé que no quería nada serio. No puedo controlar lo que hace.

—Podías haber insistido. Podrías haber hecho muchas cosas. Y ya no solo Hugo, siempre con todos los tíos igual.

Da otro paso. Ahora sí estoy retrocediendo sin querer, con la isla de la cocina a mi espalda, mi cabeza no para, no me gusta cómo se está poniendo la cosa, Tara no está aquí por una audición, pienso en todo lo que llevo semanas notando e ignorando.

Mentiría si dijera que no tengo miedo.

Pero entonces se abre la puerta.

Sí, por favor. Nunca me había alegrado tanto de ver a Hugo en toda mi vida.

Nos mira, primero a ella y luego a mí. Tiene la cara destrozada, el labio partido. Debe de venir de pelear en el polígono, porque espero que no haya sido con Nico por mi culpa.

—Tara, vete— suplico .

Hugo la mira y no dice nada más. Ella me mira con cara de mala leche y se dirige a la puerta. Agarra a Hugo por la cintura y le da un beso en la comisura de los labios, que él se deja dar. Luego se queja de que lo persiga.

Nada más cerrar la puerta miro a mi hermano y pienso que es el momento de contarle todo.

—Hugo.

—Marta, no quiero hablar. —Se calla un momento— Hoy no, ¿vale?

—Tengo que contarte algo muy importante.

No me escucha. No es común en Hugo, sé que soy su debilidad, e incluso cuando está muy cabreado conmigo suele darme una oportunidad. Pero hoy no. Hoy tiene esa cara que no le había visto nunca, esa cara de después de algo que no tiene vuelta atrás.

Voy corriendo hacia él y lo abrazo por detrás antes de que llegue a la puerta de su habitación. Lo rodeo con los brazos y lo aprieto fuerte, como cuando éramos pequeños y él volvía de pelearse con alguien en el colegio y yo no sabía qué decirle, pero sabía que tenía que estar ahí.

Se queda quieto. No me aparta.

—Hugo, tengo que contarte algo. Es importante de verdad, no es sobre Nico, es otra cosa.

Silencio.

—Mañana, enana. Hoy no.

Su voz suena distinta. Cansada de una forma que no tiene que ver con el cuerpo.

Me suelta las manos despacio y entra en su habitación. La puerta se cierra sin ruido, que es peor que si diera un portazo .

Me quedo en el pasillo sola con el teléfono en la mano y el mensaje de Nico que no me creo.

Mañana. Tiene que ser mañana.