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MARTA
La mierda esta que se traen estos dos con el tal Davo me está empezando a acojonar de verdad. Incluso ha hecho que me olvide un poco del asunto de Reid, que ya es decir.
Lo del metro debería haberme dado miedo, pero cuando vi a Nico aparecer todo se desvaneció, al tenerlo cerca parece que nada malo me puede pasar.
Después han llegado con esa energía de después de algo malo, los dos tensos y con esa cara que ponen cuando las cosas se han complicado más de lo esperado.
Nico sin camiseta, con los nudillos marcados, mirando hacia la calle desde la ventana como si fuera un halcón.
Hugo más contenido, pero igual de alerta, controlando cada ruido que viene del portal.
Me han llegado a asustar de verdad y no voy a negar que ya lo estaba un poco.
Además de toda esta movida después de lo que ha pasado con Nico no sé cómo actuar con él. No es que vayamos a ser novios solo por habernos acostado, pero no sé. Es que Nico no es un tío cualquiera. Es Nico.
—¿Nico, te quedas a dormir? —le dice Hugo.
Mierda. No es que no quiera que duerma aquí, pero joder, no sé si es lo mejor en este momento.
—Debería ir a casa, pero casi me quedo por si acaso.
¿Por si acaso qué? ¿Pero qué cojones piensan que va a pasar?
—Vale, tío, relaja, no creo que vayan a venir hoy. Me voy a duchar —dice Hugo y se acerca a mí y me da un beso en la frente.
—Tranquila enana, todo va a estar bien.
Se cierra la puerta del baño detrás de Hugo y Nico y yo nos miramos, sin movernos ninguno de donde está. Tengo claro que él debe estar tan perdido como yo.
—¿Nico, le has contado algo más?
—No. —Entonces él se acerca a mí y mi cuerpo tiembla, su simple cercanía despierta todas mis conexiones nerviosas. Mi cuerpo responde a él mucho antes de que mi cabeza ni siquiera sepa dónde estoy.
Y me besa en los labios. Despacio.
Joder.
Es un beso dulce, para nada ansioso ni urgente. Es de esos besos que te dicen que estás en casa, que no puede pasar nada malo porque estás ahí con esa persona y que nunca se va a ir.
—Vete a la cama, anda —me dice todavía con los labios pegados a los míos.
—Nico, si quieres…
—Con Hugo aquí, ni de puta coña .
Y tiene razón, como Hugo se entere de todo esto se va a coger un cabreo de la puta hostia.
Cojo la manta y me alejo hacia la puerta de mi habitación.
Justo antes de entrar me doy la vuelta y lo miro.
Nico sigue todavía sin camiseta, con ese cuerpo que hace que me entren ganas de desnudarme ahí mismo.
Me despido de él con la mano y cierro la puerta de la habitación detrás de mí y entonces me llega un puto mensaje.
Jorge: Mañana a ver si hablamos, llevas unos días desaparecida, muñeca, tengo ganas de verte.
Ay la hostia. Ahora Jorge. Tenía que haberle aclarado que no quería verle más el otro día, pero con todos los últimos acontecimientos ni me había acordado de él.
¿Y qué le digo yo a este ahora, si no dejo de pensar en el tonto que está durmiendo en el sofá y en lo que me gustaría tumbarme a su lado?
Marta: Mañana nos vemos por la uni.
No me contesta y yo tampoco le digo nada más, a ver cómo le explico yo a este chaval que no quiero nada más con él .
Cuando me levanto por la mañana voy a desayunar, Hugo está haciéndose unas tostadas.
—¿Qué tal has dormido, enana?
—Bien, tengo que ir a coger el metro para ir a la uni.
—Te llevo yo, ni se te ocurra andar sola por ahí estos días, te aviso.
Nico no está y es raro, cuando se queda a dormir suele ser el último en abrir los ojos, es una pequeña gran marmota.
—¿Y Nico?
—Se ha tenido que ir, le ha llamado su madre. Su padre otra vez.
Qué pesadilla de señor, no le va a dejar ser feliz jamás.
—¿Pero todo bien?
—Por lo que me dijo sí, no te preocupes, Nico sabe cuidarse solo.
No como tú, seguro que está pensando.
En el coche Hugo va en silencio y sé que esta vez es porque está nervioso, controla todo lo que pasa por nuestro lado, vigilando que nada se escape de su control, por si ve a alguien que nos sigue o cualquier cosa similar.
Mi hermano es incapaz de dejar de proteger a la gente que quiere, y si no está con Nico en su casa es porque tiene miedo por mí y no quiere dejarme sola.
Una vez llegamos a la puerta de la universidad veo a esas estúpidas de mi clase mirarnos y sonreírle a Hugo. Qué putas arrastradas.
—Tara me ha seguido en Instagram.
Me lo suelta así sin paños calientes, y sin venir a nada.
—¿Qué ?
—Es que no sé a qué coño ha venido, me ha empezado a seguir ayer.
—Ni idea, Hugo, se habrá acordado. Yo qué sé.
—¿No hablas con ella?
—No.
—Pensé que quizás habíais hablado de algo, yo qué sé.
—No hablo con ella casi desde que vine. Sabe dios.
—Ni idea, te recojo cuando salgas.
—No hace falta.
—Sí que hace.
Me bajo del coche un poco cabreada. Es verdad que estoy más tranquila sabiendo que no estoy sola pero no puedo estar así eternamente, con este de escolta. Y lo de Tara, ¿a qué cojones ha venido eso? ¿La llamo y sigue a Hugo? ¿Pero qué coño le pasa a esa mujer?
El día pasa sin novedades reseñables, no he visto a Jorge en toda la mañana y tampoco me lo he encontrado por la cafetería ni por ningún lado, cosa que me parece extraña después de su mensaje de ayer, pero tampoco le escribo porque casi prefiero no enfrentarme a él por el momento.
Entramos en la última hora cuando un brazo me agarra por detrás y me da un beso en la oreja. Mierda, Jorge.
—No te había visto, nena.
—Jorge, ahora tengo que entrar, ¿hablamos al salir?
—¿Te llevo a casa?
Le voy a decir que no, pero la verdad que casi me vendría bien que me llevara a casa.
—Vale .
Le escribo a Hugo:
Marta: Me llevan a casa al terminar, prometo llamarte cuando llegue.
Hugo: ¿Quién?
Puto pesado
Marta: Un amigo.
Hugo: Bueno vale, pequeña.
Al salir Jorge me está esperando en el aparcamiento de la universidad con su BMW blanco, es un coche nuevo de esos que se nota que no te compras tú mismo, de los que te pone tu papá cuando cumples dieciocho añitos.
Se acerca para darme un beso en los labios, pero me alejo de él.
—Jorge, tenemos que hablar.
Me mira. Algo en mi cara le dice que esto no es una conversación que vaya a gustarle .
—Tenemos que dejar de vernos.
—No vamos a empezar con tus historias, nena.
Nena. Esa palabra que no me gusta en su boca tampoco, aunque por razones distintas a cuando la decía Reid.
Me da la sensación de que se está cabreando por cómo se le tensa la mandíbula. Pero Jorge no es Reid. Jorge se cabrea y lo gestiona, no lo convierte en algo que tengo que aguantar yo.
—Estoy conociendo a alguien. Tú me gustas y me caes bien, pero no nos parecemos y no sería justo seguir así.
—Eso lo dices tú. Somos iguales, princesa.
—No me llames así.
—¿Por qué? ¿Porque el otro te llama de otra forma?
No le contesto. No tiene sentido entrar en eso.
—Vamos a intentar seguir siendo amigos, ¿vale?
—Como quieras. Pero te vas a arrepentir y me vas a venir a llorar.
—Puede ser.
Lo dice convencido y yo no le doy la razón ni se la quito porque la verdad es que no lo sé. Lo que sí sé es que no puedo seguir quedando con alguien mientras pienso en otra persona. Eso no se lo merece nadie.
Estamos aparcados enfrente del portal y entonces veo a Nico y a Hugo entrar en el portal. Nico me mira, mira el coche y mira a Jorge. Es una mirada intensa de esas que dicen mucho más de lo que me gustaría.
Mierda, seguro que ha pensado que estoy con Jorge después de habernos acostado.
Tengo que hablar con él.