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MARTA
Desde el momento en que Jorge me ha venido a buscar me he arrepentido de haberle dicho que sí, con lo bien que estaría yo en mi casa en el sofá leyendo un libro de tíos perfectos que no existen porque los ha escrito una mujer.
La fiesta es en un chalé en Esplugues que desde fuera ya me dice todo lo que necesito saber. Verja eléctrica, jardín con iluminación, piscina con luces en el fondo. Se parece un poco a nuestra casa de Sídney y eso no es un cumplido, al menos no para mí.
Pensé que sería algo más íntimo. Pero con este tipo de gente eso nunca pasa, cuanto más dinero, más gente, más ruido, más necesidad de demostrar que lo estás pasando bien, aunque no sea verdad.
Jorge me pone la mano en la espalda al entrar y yo dejo que lo haga porque me imagino que es lo que toca y porque vine aquí precisamente para dejar de pensar en otra mano que me gustaría tener en otro sitio .
Jorge está siendo amable, quizás mucho más de lo que es normalmente. No me cae mal, pero los chicos buenos de buena familia nunca ha sido mi tipo, para mi desgracia y sobre todo para la de mi padre.
Mientras estamos en la cocina cogiendo unas cervezas veo a unas chicas que van a mi clase.
He intentado varias veces acercarme a ellas, pero ha sido imposible, aunque hoy está pasando algo extraño porque no hacen más que mirar hacia mí.
Así que en un momento que Jorge se va con unos colegas a hablar decido acercarme a ellas por enésima vez y ver si hay suerte.
Las miro de lejos y como siguen sin dejar de mirar cojo tres cervezas más y me acerco hacia ellas con paso firme, aunque por dentro esté totalmente cagada.
—¡Hola, chicas! ¿Queréis una cerveza?
Veo esa mirada inquisidora de siempre.
—¿Te viene a recoger tu hermano?
—¿Qué?
—Es que hace días que no lo vemos, y al otro chico que va con él, al rubio sexy.
—¿Por eso me estabais mirando?
—¿Y luego qué te pensabas? ¿Que íbamos a ser amigas de una perdedora como tú?
—No entiendo a qué coño viene tanta maldad, la verdad.
—¿Qué te piensas, que por follarte a Jorge ibas a ser nuestra amiga?
—Estáis enfermas —digo con una lágrima casi cayendo por mi mejilla .
—Mira, tampoco es que queramos llevarnos mal contigo —dice Bianca.
—No, claro, porque sería mejor follaros a mi hermano, ¿no?
—Podemos aceptar que te vean con nosotras si intercedes con esos dos. Todo son beneficios para nosotras y para ti.
—¿Y qué saco yo de esa mierda, si se puede saber?
—Que dejes de estar sola por ahí o con algún imbécil al que le chupas la polla.
Me levanto. De verdad que, aunque no me gusta el boxeo mi hermano me ha enseñado a dar un buen puñetazo. Pero no vale la pena.
—Seguid soñando, payasas.
Me doy la vuelta y me alejo de esas zorras lo máximo que puedo.
Vuelvo con Jorge y nos unimos a un grupo que está jugando a algo que es básicamente la botella, pero con chupitos y preguntas comprometidas. Es una tontería, pero es el tipo de tontería que necesito esta noche.
Durante un rato me olvido de Bianca y de sus amigas y de Sídney y de todo lo demás. Me río en un par de momentos, de esa risa que te sale sin avisarte, y Jorge me mira con una sonrisa que dice que se alegra de verme así. Es un buen tío.
El problema es que ser un buen tío no es suficiente cuando tu cabeza está en otro sitio, o mejor dicho en otra persona .
Al cabo de un rato, nos estamos besando en un sofá y él hace amago de querer ir a más y yo lo sigo porque quizás es lo que necesito. Quizás.
Subo con él a las habitaciones. Entramos en una que tiene peluches en las estanterías y una lámpara con forma de luna, parece que es la de la hermana pequeña de Lucas. Hay algo en eso que me hace sentir peor todavía.
Jorge me besa despacio. Tiene las manos en mi cintura y yo tengo las mías en su pecho y debería estar aquí, en este momento, con este chico que ha sido amable conmigo toda la noche.
Pero no estoy aquí.
Estoy pensando en una boca que no es esta. En cómo sería que fuera él quien me besara, cómo sonarían esas palabras suyas de siempre con otro significado. Y entonces me odio un poco por estar pensando en eso aquí, con Jorge, que no tiene ninguna culpa de nada.
Le agarro más fuerte intentando volver, le levanto un poco la camiseta y le meto la mano por dentro pero no funciona.
—No quiero seguir. No me encuentro bien.
—¿Estás mareada?
No estoy mareada, pero quiero vomitar, joder, estoy pillada por el puto mejor amigo de mi hermano. El único tío al que no podré tener jamás.
—Sí, un poco —miento.
—Vale, si quieres salimos un rato afuera.
Se nota que está cabreado, pero tampoco es que me monte un pollo. Por un momento he tenido pánico de que no me dejara salir de aquí, no es la primera vez que me pasa algo así. Jorge será lo que quiera, pero ha respetado mi decisión y eso dice mucho de él.
—Voy a descansar un poco —le digo mientras me siento en un sofá del salón donde hay un par de tíos jugando al strip poker .
—Vale, voy a dar una vuelta y a buscar a estos.
Me da un beso suave en los labios y lo pierdo de vista entre la gente.
La noche sigue pasando y Jorge lleva un montón de tiempo fuera de mi vista. No es que me preocupe, pero me apetece irme a casa. Lo llamo. No responde.
Decido llamar a un taxi porque no quiero estar ni un minuto más en este sitio.
Cuando estoy de pie en el porche con el teléfono en la oreja de repente alguien tira de mí desde detrás y rompe mi top.
Me quedo solo con el sujetador, me doy la vuelta y es la zorra de Bianca.
Lo ha hecho aposta. Debería pegarle, arrancarle esas extensiones que lleva, pero Hugo se cabrearía un montón. Y no puedo ir así en un taxi.
Así que cojo el teléfono y llamo a Hugo.
Coge al segundo tono.
—¿Marta? ¿Estás bien?
—Sí, estoy bien. Necesito que vengas a buscarme.
—Tía, estoy en medio de algo, no puedo salir ahora mismo. ¿Qué ha pasado?
—Nada, que me quiero ir a casa.
Una pausa.
—Voy a mandar a Nico.
—Hugo, no hace falta...
—Marta. Te mando a Nico .
Cuelga antes de que pueda decir nada más.
Me quedo con el teléfono en la mano, en el porche, con el top roto y el frío de febrero metiéndose por los hombros. En algún momento de esta noche tendría que haber tomado mejores decisiones, empezando por no venir.
Pero ahora lo único que puedo pensar es que en veinte minutos va a estar aquí Nico.
Y lo único que sé es que ojalá llegue pronto.