Sin guantes 11
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NICO

Cuando abro los ojos lo primero que noto es que no estoy en mi casa.

Tardo dos segundos en recordar dónde estoy y otros dos en recordar por qué me quedé. El sofá de Hugo. La pizza a medias en la mesa. Marta diciéndome buenas noches con esa mano que aparté demasiado rápido.

Me paso una mano por la cara.

Esto se me está yendo de las manos. En la puta vida ninguna tía me había hecho sentir así y precisamente tenía que ser la única que no puedo tener. Muy bien Nico. Genial planificación.

Lo primero que veo cuando me levanto es esa melena morena sentada en la isla de la cocina. Lleva una camiseta de uno de sus grupos de rock y unos calcetines. Tiene el cola cao en la mano y no se ha dado cuenta de que estoy despierto todavía.

Es putamente perfecta la muy capulla .

—Buenos días, bella durmiente —me dice cuando me ve.

Miro la hora y veo que ya son las 8:30, joder, voy justísimo para ir al taller.

—Coño, ¿cómo no me despiertas?

—Lo intenté, de verdad que sí.

Me pareció escuchar su voz, pero qué coño, estaba soñando con ese culo sobre mis piernas.

—¿Y Hugo?

—Ha bajado a por una barra de pan, pero ha dicho que nos lleva.

Me levanto corriendo y me pongo la camiseta. Mentiría si dijera que no me he fijado cómo su mirada se para en los músculos de mi abdomen. Quizás es todo paranoia mía, pero juraría que estaba desnudándome con la mirada.

—¿Te gusta lo que ves?

Se sonroja al momento, se pone nerviosa y parece que no sabe dónde meterse. No iba a decirlo, pero quiero saber si esto está siendo todo una ida de olla mía o a ella le está pasando lo mismo que a mí.

—No flipes, casanova.

Esa es mi chica. No me esperaba otra respuesta.

—Era broma, boba.

—Ya...

Lo dice mientras esconde la mirada en los cereales que sigue echando en la taza como si no tuvieran fin. Ella también está nerviosa.

Entonces Hugo entra por la puerta .

—Vaya, por fin eres capaz de despertar. No sé qué coño soñabas, pero...

—Mejor que no lo sepas.

No sé por qué lo digo en alto, porque esto está empezando a pesarme. Marta me mira, pero cuando ve que le devuelvo la mirada la retira rápidamente.

**********

Cuando estamos en el coche vamos primero a dejar a Marta en la universidad. Ella va en el asiento de atrás mirando por la ventanilla con los auriculares puestos, en su mundo.

En un semáforo se escucha el rugido de una moto. Una cilindrada alta, potente. Mi subconsciente identifica el sonido antes de que lo haga mi cabeza — V4, probablemente. También miro por si es la Panigale, que bonita era, joder.

Pero entonces noto que Marta se pone rígida.

Lo veo por el retrovisor. Los auriculares siguen puestos, pero ha dejado de mirar por la ventanilla, tiene los ojos cerrados y los dedos apretados sobre el muslo.

Cuando el rugido se aleja suspira despacio, como quien suelta algo que llevaba rato aguantando.

Hugo no dice nada. Yo tampoco.

No me creo la historia del accidente. Un accidente te da miedo a subirte en una moto, no a escuchar el sonido que hace desde el asiento de atrás de un coche. Esto es otra cosa. Y ella lo sabe y nosotros lo sabemos y nadie dice nada porque Marta lo contará cuando quiera contarlo.

O eso espero.

Dejamos a Marta en la uni y seguimos hacia el taller. Hugo hoy va a venir a ayudarnos, Paco me avisa cuando hay mucho curro y viene conmigo.

—Lo que saque hoy es para ti —me dice.

—Hugo, coño.

—No son putas limosnas, Nico, eres mi familia, lo que tengo yo es tuyo. Ya te lo he dicho mil putas veces.

Hugo es mejor tío del que yo seré jamás. El mejor que conozco.

—Gracias, tío. —Le digo—. Por cierto, ¿qué coño le pasa a tu hermana con las motos?

No es gilipollas, tiene que haberse dado cuenta.

—No sé, nunca me lo ha querido decir. Ya me he dado cuenta de lo nerviosa que se pone.

—Ayer me pareció que le dio un ataque de ansiedad cuando hablé de la Panigale.

—Ya me di cuenta. No la quiero agobiar. Cuando quiera lo contará.

—¿Y lo de Davo?

—Esta noche.

Nos bajamos y pasamos todo lo que queda de mañana entre aceite y pastillas de freno. No hay cosa más aburrida que el mantenimiento de los coches.

Estaba fumando fuera cuando veo un Seat León que conozco perfectamente.

Lisa .

Me quedo quieto un momento antes de que ella me vea. No sé qué hacer con esto. Lisa es buena tía, ya lo sé, y lo que pasó el otro día fue culpa mía tanto como suya. Pero cada vez que la veo pienso en lo fácil que debería ser y en lo mucho que no lo es.

Cuando ve que estoy fuera me saluda con la mano. Sale del coche y la observo. Es una chica atractiva, mucho más de lo que probablemente me merezca. Ese pelo rubio perfectamente alisado cae sobre su espalda casi llegando a su culo.

—¡Hola!

—Hola. ¿Y tú por aquí? ¿Vienes a arreglar el coche?

—Bueno, la verdad que vengo a que me arregles otra cosa.

Joder. De verdad que no quiero nada más con ella. Pero tengo que admitir que está buena de cojones y que llevo días con la cabeza en un sitio donde no puedo hacer nada y el cuerpo me está pidiendo lo contrario.

—¿Qué cosa?

—Siento lo del otro día, Nico. —Me lo dice tan cerca que huelo su perfume. Uno dulce, de esos que se te quedan pegados—. ¿Puedes venir conmigo al salir?

Mira hacia el lado y ve el coche de Hugo.

—¿O tienes que ir con él?

—Por la noche vamos a la fábrica.

—Si tienes un rato antes...

—Venga va. En cuarenta minutos salgo, ¿me recoges? Vine con Hugo.

—Genial. —Lo dice mientras su boca está a un centímetro de la mía .

Entonces se aleja hacia el coche. Detrás de mí aparece Hugo.

—¿Qué pasa, que ya habéis hecho las paces?

—Algo así.

—Sabe cómo ganarse a un tío —me dice sonriendo.

Lo miro, pero no digo nada. Me encantaría estar pillado de Lisa. Siempre ha hecho que todo sea fácil, muchísimo. Pero nunca se ha preocupado de mi vida. No sabe nada de mí y eso tampoco es lo que busco.

Y sobre todo ella no hace que sienta nada dentro. Nada como con ella.