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NICO
Después de la discusión con Davo y la explosión de Hugo no hemos vuelto a hablar del tema, pero conozco a este cabezón y está pensando formas de destrozar a ese cabrón.
Estamos en un pub del centro que no me gusta nada, no me gusta el tipo de gente que viene aquí, pero a Cati le encanta y, bueno, aquí estamos.
Me apetece irme quizás porque por la mañana tengo que estar currando en el taller.
La verdad es que no me apetecía estar con Lisa, cada día me agobia más.
No es mi novia, pero como si lo fuera. Yo tampoco soy el típico picaflor, no ando con cuarenta a la vez.
Simplemente para que una sea mi novia necesito mucho más.
Marta no se me quita de la cabeza, joder, esto está empezando a ser grave.
Todo lo que ha pasado los últimos días me está matando.
Lisa se acerca y se me sienta encima de las piernas. Huele bien. Es guapa. En cualquier otra situación, en cualquier otra noche, no tendría ningún problema .
—¿En qué piensa mi campeón?
—En que mañana tengo que ir a currar temprano.
Veo cómo suspira y se pone tensa. La tengo tan cerca que debería tener ganas de follármela, pero la realidad es que quiero que se levante. Desde que estuve con Marta en ese pasillo mi cabeza está en bucle y no hay forma de pararlo.
—Podemos ir a mi casa si quieres.
No quiero ir. Esa es la respuesta corta. Pero debería hacerlo. Miro hacia Hugo y está liándose con Cati, nivel Dios, poco más y están retozando encima de los sofás. Sería un cabronazo si me fuera para casa solo.
Le acaricio el pelo un momento, más por costumbre que por otra cosa, y noto cómo se relaja un poco. Eso lo hace peor, no mejor. Lisa es buena tía. No se merece estar con alguien cuya cabeza está en otro sitio.
—¿Te parece si lo dejamos para mañana, nena? Necesito irme a dormir.
Se separa de mí de golpe. Sabía que se iba a cabrear.
—Joder, ¿por qué te cabreas?
—No estoy cabreada.
—Cualquiera lo diría.
—Estoy harta, Nico. Pasas de mí. Nunca me haces ni puto caso.
—No somos novios, Lisa.
Eso no ha ayudado. Lo sé en cuanto lo digo, pero ya no hay forma de desdecirlo.
—¿Qué quieres decir, que has quedado con otra para follar ?
—¿Qué dices? Yo no soy de esos. Si me conocieras mínimamente lo sabrías.
—Entonces, ¿de cuáles eres?
—No me he acostado con ninguna otra desde la primera vez que lo hicimos, joder.
Se queda callada. Eso tampoco es lo que quería escuchar, lo veo en su cara. Lo que quería escuchar era otra cosa que yo no le voy a poder dar.
Hugo se da cuenta de la movida y veo cómo se levanta y se acerca a nosotros.
—¿Nos vamos a casa, Nico? Tengo que ir a descansar.
Joder, me acaba de salvar el culo.
—Claro, nosotras también nos vamos —dice Lisa.
Salimos del pub los cuatro. Lisa va algo delante de mí cabreada como una mona, pero disimula bastante bien.
Las acompañamos a un taxi. Lisa no me mira al despedirse. Le doy dos besos y ella los acepta sin decir nada, que es peor que si se hubiera ido cabreada del todo.
Vamos a buscar el coche en silencio. Hugo espera hasta que estamos solos para abrir la boca, que ya es aguantar para él.
—¿Qué coño te pasa con Lisa?
—Nada, que tengo que currar mañana.
—No es tu novia, Nico. No tienes que darle explicaciones.
—No me gustan esas cosas.
Porque no soporto a los hombres que tratan a las mujeres como juguetes para utilizar cuando les interesa.
Yo no soy así, no soy como el gilipollas de mi padre.
Ninguna mujer que esté conmigo va a pensar que soy un cabrón.
Me niego. Porque seré un gilipollas, pero mi madre me ha enseñado que a las mujeres se las respeta.
—Bueno, tío, pues empieza a cortarle el rollo porque ella quiere algo más.
Y Hugo tiene razón. Lo sé. Llevo semanas sabiéndolo y haciendo como que no.
—¿Qué vamos a hacer con lo de Davo? —cambio de tema porque no quiero hablar más de esto, sobre todo porque la razón principal por la que paso de Lisa es una razón que no le puedo contar a Hugo.
Hugo suelta el aire despacio.
—Puf. No sé, tío. Ese cabrón controla todo. No sé cómo hacemos esto sin que se nos vaya de las manos.
—Deberíamos aceptar. El dinero me vendría bien.
Se para en seco y me mira.
—No me jodas, Nico. No somos unos vendidos.
—Yo no soy un vendido, Hugo. Pero tengo que comer.
No se lo digo todo. No le digo que mi padre se pula cada céntimo que entra en casa, que mi madre limpia pisos para que no nos corten la luz, que llevo meses tapando agujeros con lo que saco peleando y que cada mes el agujero es más grande.
—Pronto vamos a estar peleando de verdad, tío. Pronto esto se va a solucionar.
Para Hugo es fácil decirlo. Su padre y él no tienen buena relación, pero los dos sabemos que si tuviera el más mínimo problema y les pidiera ayuda no tardarían ni un minuto en dársela.
—A ver si es verdad .
Hugo me deja en el portal y me da un abrazo. Es un tío muy impulsivo, pero es el mejor chaval que conozco. No podría liarme con su hermana. Para mí es como si fuera mi hermano. Nadie ha estado tanto para mí como él. Nadie.
Cuando subo por las escaleras escucho gritos, me parece mi madre.
Mierda.
Corro escaleras arriba todo lo que puedo, el corazón retumbándome en los oídos más fuerte que cualquier golpe que haya recibido esta semana.
Cuando llego a la puerta está abierta. Al entrar veo una silla volcada, cristales de un marco roto esparcidos por el suelo, cosas tiradas por todos lados, y me arrepiento mil veces de no haber venido corriendo a casa en vez de estar en esa mierda de pub.
—¡Mamá! —grito.
Nadie me responde. Cuando sigo andando veo a mi madre llorando en una esquina del salón, como nunca la había visto. Me acerco corriendo hacia ella y la abrazo contra mí. Es una mujer rubia y pequeña, parece dulce y frágil, pero es la mujer más fuerte que he visto en mi puta vida.
—Mamá, estoy aquí —le susurro mientras la aprieto más contra mi pecho.
Ella sigue llorando sin parar.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está?
—Se ha ido con todo el dinero, Nico, el que me ha dado la señora por ir a limpiar. No tengo para pagar mañana el alquiler .
Mi piel se eriza nada más escucharla. Mi madre es una mujer trabajadora, siempre lo ha sido, pero jamás ha llegado a nada por culpa de ese sinvergüenza.
—Habla con Teresa, dile que se lo daremos en tres días.
—Nico, no.
—Hablaré con Paco para que me adelante el sueldo del mes que viene del taller. No te preocupes, mamá.
Veo cómo su respiración se calma, y poco a poco va relajándose sobre mi pecho.
—¿Hacemos un cola cao y nos vamos a dormir? —le digo mientras me levanto despacio.
Ella asiente y se pone a recoger las cosas que ese imbécil ha tirado por todos lados.
Tengo que hablar con Davo.