29. Lane #2
Saco un taburete, me instalo ante la isla central y enciendo mi ordenador.
Automáticamente, abro una página en blanco y dejo que mis dedos corran sobre el teclado.
Necesito una transcripción de lo ocurrido estos últimos meses y empiezo por la mañana en la que Lois se durmió en mi sofá.
Puede que, si lo escribo literalmente, lo vea más claro. O puede que no.
Sentado con las piernas cruzadas contra la puerta de entrada, escribo líneas, las borro y vuelvo a empezar.
Llevo una semana con este maldito guion y, si bien el inicio fue fácil, me encuentro bloqueado en el mismo punto desde hace días.
El momento en el que Lois se apropió de la habitación de Mike y todo se fue a tomar por culo.
Me arden los ojos de tanto concentrarme. No me atrevo ni a releer lo que acabo de escribir; me da la impresión de que nada tiene sentido y de que me falta un enorme detalle que no logro discernir.
Me dan ganas de tirar mi ordenador por la ventana, pero, cada vez que estoy a punto de bajar los brazos, algo me obliga a continuar.
Tres golpes fuertes resuenan por encima de mi cabeza. Aparto el ordenador y le abro la puerta a un Carter ceñudo.
—En fin, ¿piensas desembuchar o no?
Aspiro tanto aire como puedo mientras me hundo los dedos en los carrillos. He aplazado todas nuestras sesiones de trabajo con el pretexto de una montaña de deberes que tenía que entregar, y no parece que le haya hecho ninguna gracia.
—Yo voy a la uni, Cart. Tengo tareas —suspiro, apoyándome en el marco.
—No has pisado mucho el campus últimamente. No me tomes por tonto. Te he dejado en paz hasta ahora, pero te conozco mejor que a mis cojones y tengo menos paciencia que los demás.
Cierra la puerta con un gesto seco y se autoinvita a entrar en mi casa.
—Te escucho. Para empezar, podrías explicarme por qué Lois está en la habitación de Becca desde hace casi un mes y evita a todo el mundo, incluida su amiga.
—¿No podemos tomarnos unas birras y ya? —tanteo sin mucha convicción.
—A ver... —Simula pensárselo mientras se rasca el mentón—. No. No cuando me traes esa cara.
—¿Qué cara?
—¡Me recuerdas al Lane de justo después de que muriera su hermano!
Tengo reticencias a hablar de Mike con él porque, aunque comparte mi dolor, es mucho más valiente que yo. Y yo, en cambio, me siento cada vez un poco más cobarde.
—Ya sabes cómo funciona ese Lane, así que déjame en paz.
—Es verdad, pero no había vuelto a pasar desde que Lois entró en tu vida.
No me aguanto la mueca que me viene al oírlo pronunciar ese nombre, y a él no se le escapa.
—¡Ahí lo tenemos! Con el resto, puedes fingir todo lo que quieras; pero, conmigo, no funciona.
—No entiendo de qué hablas.
—Habéis vivido ciertas cosas juntos, es normal que te preocupe lo que hay entre vo...
—Te puedes tragar tu análisis, colega. No hay nada entre nosotros —asevero con un tono mordaz—. Su presencia era temporal, ¿recuerdas? Se ha pirado, y mucho mejor así.
—¿Ah, sí? ¿Seguro?
—Ocupaba demasiado espacio...
Me encuentro repitiéndole las palabras con las que yo sigo obcecado, las mismas que le solté a Lois y que hoy ya no tienen la misma tonalidad.
—Lane, venga, cuéntame lo que ha pasado.
Se me acelera la respiración, y las palabras brotan de mí sin poder evitarlo. Necesito que Carter entienda por qué me mostré tan violento.
—Una cosa: ¿la dejaste explicarse cuando la encontraste en la habitación de Mike? —me interrumpe.
No respondo nada.
—¿Lane?
—¡No se le había perdido nada en esa puta habitación! —bramo, y le pego una patada a la silla—. ¡Ya he sido bastante amable acogiéndola, y eso que no tenía ninguna obligación de hacerlo!
—¿Eso le dijiste? ¿Se lo echaste en cara? Porque, si es así, ¡eres aún más imbécil de lo que pensaba! ¡Es tu amiga, y me consta que no piensas eso de verdad!
—Me la pela. No tenía derecho a hacer eso.
—¿Cómo quieres que lo sepa, pedazo de idiota? Desde luego, le diste a entender que podía instalarse en la habitación.
«No, ¡jamás en la vida!». Recuerdo perfectamente lo que le dije. ¡Mencioné mi escritorio y mi armario!
—No he nombrado esta habitación ni una sola vez desde que vive conmigo.
—Sí, bueno, tampoco es que estuviera escondida al fondo de un pasillo maldito con un cartel que dijera « PROHIBIDA LA ENTRADA ».
Después de todo este tiempo, era de esperar que la encontrara en algún momento.
Y, si no te mencionó nada mientras vivíais juntos, será porque tú le dijiste algo que la llevó a instalarse ahí.
—No. Estoy seguro.
—¿Os habéis acostado?
Le aguanto la mirada sin abrir la boca. «¿Para qué negarlo?».
—Joder —suspira, y eleva los ojos al cielo—. Habla con ella, Laney. Déjate ya de gilipolleces. Cualquiera diría que guardas un secreto inconfesable. ¡Ya está bien! Tu hermano está muerto, es injusto, es una tragedia, pero...
—Me harté porque ocupaba demasiado espacio. Estaba por todas partes, Cart, en cada rincón de mi vida. Primero el aniversario de la muerte de Mike; luego, Navidad, y ahí, en la habitación... Estaba en todas y cada una de las partes una y otra vez.
—¡Oh! ¡Esta mujer no tiene corazón! —se mofa, y alza las manos al techo—. Es la primera persona que te saca del pozo de mierda en el que te habías metido, que te hace pensar en otra cosa durante los momentos más sensibles. ¡Entiendo que estés furioso!
Hace una pausa, sacude la cabeza y se lleva las palmas al pelo.
—Eres tonto a más no poder, Lane. Cabezota y cerrado de mente.
Digiero lentamente lo que me acaba de decir. Sabía que no lo iba a coger con pinzas, pero no estaba preparado para que me expusiera ese punto de vista. No encuentro excusas.
—¿Quieres que te diga cuál es tu problema? —insiste con el mismo tono indiferente—. Lois es la única chica que te hace sentir bien, y le haces sufrir lo que tú no quieres afrontar porque no sabes cómo gestionar tus sentimientos.
—No siento nada...
—¿Por ella? —termina por mí—. No me creo ni una puta palabra.
¡Mírate! Pero no tengo ganas de discutir eso.
Te toca pensarlo a ti, cuando acabes con tu comedia dramática.
Eso sí: si te has portado mal con ella, y no me cabe duda de que lo has hecho, te aconsejo que corras a pedirle disculpas.
Es una buena chica; y, aunque ya sabes que, por lo general, siempre estoy de tu parte, aquí no es el caso.
Lo miro, impasible.
—Y, además, sinceramente, lo de hacerla dormir en el sofá ya no se aguantaba más. No entiendo cómo le has pedido que se quedara en esas condiciones.
Me ha dejado noqueado con sus palabras. El sofá... Debió de parecerle algo denigrante, pero, en el fondo, yo solo quería que siguiera viviendo aquí y...
—Mierda...
—Me da la impresión de que acabas de darte cuenta de algo —me dice, mordaz, y no añade nada más.
Me da un golpecito en el hombro y se pira.
Tras unos momentos de reflexión, me pongo la chaqueta y me voy al coche.
Conduzco hasta la facultad y aparco delante de la residencia en la que Lois vive gracias a mí.
Carter tiene razón: lo primero es disculparme.
No sé si podré explicárselo todo de una sola vez, pero no debería haberla tratado así.
Llamo a la puerta varias veces, sin respuesta.
Si me voy ahora, tengo miedo de no reunir nunca el coraje para volver, así que me siento en las escaleras y espero.
Me recuerdo a Lois, meses atrás, cuando Kirk acababa de dejarla.
Con la diferencia de que yo no espero tanto tiempo.
Al cabo de dos horas y después de varias llamadas a su contestador, vuelvo a bajar al aparcamiento.
Justo cuando voy a entrar en el coche, la veo por fin.
—¡Lois!
Al oír mi voz, por poco se tropieza. Voy hacia ella mientras inspiro hondo repetidas veces.
—¿Podríamos tomar un café?
Pestañea, alza las cejas y entreabre la boca.
—He estado pensando y...
—No.
Su rechazo me golpea tan rápido que me pilla por sorpresa. Me llega con un tono vivo y seguro, sin ningún atisbo de duda.
—¿No?
—No.
Y se va, dejándome desconcertado. Me esperaba otra cosa, y ahora me estoy dando cuenta de que mi comportamiento ha causado más daños de los que sospechaba.
Lo que ese hecho me hace sentir me persigue al volver a casa, y apenas cruzo la puerta, me planto delante del ordenador para retomar esa famosa historia, allí donde antes no pude seguir.
El momento en el que lo jodí todo. En lugar de gritarle horrores, le explico lo que representa la famosa habitación.
Ponerlo todo por escrito me resulta liberador, pero soy incapaz de añadir una continuación.
¿Cómo imaginarme su reacción ahora que ya se ha ido?