Sin freno (Campus drivers 1) 25. Lane #2
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25. Lane #2

—Te llevo, Lois, que no me cuesta nada.

—¡No vas a hacer pellas!

—Vamos —la corto, y le lanzo la mochila.

Soy el primero en salir. Oigo las risas de mis amigos a mis espaldas.

Mierda, se me había olvidado toda esta historia del alojamiento universitario.

Dicho esto, en vista del giro que han tomado los acontecimientos, tampoco es un mal desenlace.

Detendría esta lucha incesante por no hundirla en el puto sofá y hacerle de todo.

—¡Lane, espérame! —la oigo llamarme sin aliento.

Aminoro la marcha para dejar que me alcance entre jadeos.

—De verdad que no me importa ir en b...

—Quiero acompañarte, Lois.

Es más un impulso que un placer, pero dejémoslo así.

—¡Ah! Vale. Si te apetece, entonces...

Lois me da conversación durante el trayecto, y se hace miles de preguntas sobre la inesperada habitación.

Preferiría que estuviera callada. Intenta hacerme partícipe, pero no estoy muy por la labor.

Me contento con soltar algunos «mmm», «sí, claro», y con varios resoplos hasta llegar a nuestro destino.

—Estaba empezando a creer que la famosa lista de espera no era más que una ilusión —suelta con un suspiro.

—Ya.

—Es una buena noticia.

—Ya.

No tengo ninguna respuesta mejor.

—Te han asignado el edificio más alejado —murmuro mientras aparco por fin delante de la fachada de color burdeos.

—No está más lejos del campus que tu piso. Y es muy bonito —añade mientras acerca la cara al parabrisas.

La contemplo mientras observa sus alrededores. Juega con el labio, e intento no pensar en los sonidos que escaparon del mismo cuando mi lengua lo recorría. Me sigo repitiendo que no fue más que sexo, pero me ha dejado huellas de las que no logro zafarme.

—Vamos —me apresuro a decir por miedo a asfixiarme.

Un hombre alto que se presenta como el encargado nos recibe en la entrada y nos conduce al segundo piso. Antes de abrir la puerta, se gira hacia nosotros.

—Es una habitación triple. Hay otras dos estudiantes que viven aquí, así que os diré lo mismo que les dije a ellas: no está permitido traer novios a dormir.

Me mira mientras lo dice, como pensando: «Como pasees tu rabo por esta habitación, lo sabré, amiguito, y no te conviene saber lo que te haré». Sí, el tío es un maestro en hablar con la mirada.

—No estamos juntos —le informo con una sonrisa que quiere decir: «Pero, si me apetece venir a echar un polvo aquí, pienso hacerlo de todos modos, gilipollas».

Las imágenes de Lois y yo que acuden inmediatamente a mi cabeza hacen que me arrepienta enseguida de haber pensado eso.

—Cama, ducha, escritorio —empieza a enumerar mientras nos guía por la habitación.

—Es minúscula —comento.

—No me lo parece —replica Lois mientras gira sobre sí misma—. Es funcional.

—Prohibido hacer agujeros en la pared —sigue el encargado.

Dejo de escucharlo y me acerco a la ventana para admirar el paisaje. Debajo, hay un parque.

—¡Qué buenas vistas! —declara Lois, quien ha venido a pegar la frente contra la ventana.

Me doy la vuelta; el tipo se ha ido dejando la puerta abierta.

—Sip —murmuro, todavía observando el parque—. No parece mal sitio para pincharse. Mira a ese tío de ahí.

Se acerca para ver de quién hablo. Al hacerlo, apoya el brazo contra el mío y sus dedos se cierran en el marco, a un milímetro de mi mano. Debería alejarme, pero me quedo inmóvil.

—¿Ese que está solo en el banco? ¿Comiendo una ensalada?

—Tiene que ser un psicópata. ¿Qué tío normal se come una ensalada en un banco?

—¡No digas tonterías! Está bien iluminado. Además, no hay vecinos enfrente, y el bus pasa justo por ahí.

No sé a quién intenta convencer, pero conmigo no funciona. Odio este lugar. Es pequeño, feo y huele a perfume barato. Lois me mira por encima del hombro, y la tengo tan cerca de mi cara que podría besarla sin apenas moverme.

—Y las demás chicas parecen majas —insiste mientras curiosea sus cosas—. Una tiene un bañador tendido. Podríamos ir juntas a la piscina.

Elevo los ojos al cielo en el mismo momento en el que los suyos me buscan.

—Relájate un poco —suspira, mirándome de una forma que me perturba—. Estabas esperando esto desde que empezamos las clases.

«Eso es mentira».

—Es verdad...

Lois sigue mirándome, y yo me acerco espontáneamente a ella, pero se aparta en ese mismo momento. Se sienta en el colchón y da unos cuantos botes. Luego, enciende y apaga una horrible lámpara de mesa antes de abrir el armario.

—Una cama y un guardarropa —susurra con satisfacción—. El sueño de mi vida.

—El baño está dentro de la ducha —sigo criticando—. Casi literalmente.

—Alguien se ha aburguesado, Lane. La mayoría de los estudiantes viven en habitaciones como esta. No eres más que un privilegiado —afirma con una falsa voz altanera.

El encargado vuelve justo cuando ella está cerrando el armario.

—¿Te gusta?

—¡Sí!

—No —murmuro al mismo tiempo que Lois, quien me mira antes de continuar:

—A mí me gusta y, de todos modos, tampoco hay elección. ¿Qué tengo que hacer ahora?

—Ven a mi despacho; te daré la lista de documentos que me tienes que entregar y un inventario para firmar. Los necesitaré para mañana. Una vez hecho todo, podrás traer tus cosas e instalarte inmediatamente.

—Perfecto.