Sin freno (Campus drivers 1) 19. Lane #2
56%

19. Lane #2

Lois no me deja terminar la frase. Acorta la distancia entre nosotros; sus manos me recorren los costados hasta unirse en mi espalda. Al sentir su cabecita pegada a mi torso, se me olvida respirar. No sé qué hacer con los brazos y me limito a moverlos como un idiota.

—Que disfrutes de las fiestas, Lane.

Ahora me mira, con una sonrisa que me hace reaccionar de una vez. La abrazo con torpeza, pego los labios a su frente y tomo aire.

—Igualmente. Paso a recogerte el día treinta, ¿vale?

—Vale —exhala ella contra mi jersey.

Me he acostumbrado a ese aroma tan agradable que desprende.

—¿Lane?

—¿Mmm?

—Me tengo que ir.

Me doy cuenta de que aún no la he soltado, así que lo hago ipso facto . Doy un paso atrás y me hundo las manos húmedas en los bolsillos.

—Cuídate.

—No te preocupes —me dice mientras retrocede poco a poco.

Agita la mano una última vez, y me quedo observando cómo pasa el control de seguridad y cruza el umbral acristalado de la puerta de embarque.

Me encuentro apoyado en la isla de la cocina con la cabeza hundida en el móvil.

Mi pie derecho golpea el suelo con nerviosismo.

Le he enviado un mensaje a Lois para saber si había llegado bien, y hace diez minutos que espero su respuesta.

Abro la página de noticias para ver si no se ha estrellado ningún avión. «¡Joder, se me está yendo la olla!».

Lois: ¡He llegado bien!

El mensaje que tanto esperaba llega por fin y detiene inmediatamente el retumbar de mi pecho.

Lois: Mi padre conduce como un abuelo. Es aún peor que el verano pasado...

Lane: ¡No todo el mundo vale para ser chófer!

Lois:

Lane: ¿Ya lo has soltado?

Lois: Aún no, acabo de entrar. Mi madre y mis hermanos me están esperando en el salón. #emboscada

Lane: Sé valiente.

Lois: Si no tienes noticias mías mañana por la mañana...

Lane: ¡Aquí el malo de la historia es Kirk!

Lois: Ya, pero aún no les he dicho nada. ¡Vivo en casa de un desconocido desde hace cuatro meses! #quéestápasando

Lane: #quémalota

Lois: Cambio y corto. #adiós

Siento que me he quitado un peso de encima, incluso cuando mis pasos resuenan en el silencio de mi apartamento. Me meto en la cama con un libro, pero no se me queda nada de lo que leo. Dejo pasar dos horas antes de enviarle otro mensaje.

Lane: ¿Y bien?

Veo que está escribiendo una respuesta, pero, pasado un minuto que se me hace eterno, todavía no he recibido nada.

De repente, el móvil, que aún tengo en las manos, se ilumina.

—Es la primera vez que me llamas. Casi me da un patatús, así que tienes suerte de que te lo haya cogido.

—Era muy largo para escribirlo todo —se ríe.

Me alegro de oír su voz, pero no se lo digo.

—¿Qué tal ha ido?

—Ya lo sabían, como era de esperar —suspira.

—¿Que lo sabían? ¿Todo?

—Los padres de Kirk se lo largaron... En cierto modo, eso me ha facilitado la tarea, aunque no creo que su hijito del alma haya compartido todos los detalles.

—¿Cómo es que no te habían dicho nada antes? ¿No les preocupaba que acabaras en la calle?

—Soy la mayor, Lane. Confían en que me saque las castañas del fuego como la adulta que soy. Aunque juraría que a mi padre no le hizo mucha gracia cuando te mencioné...

—No tendrías que haber dado detalles del tamaño. ¡Eso son secretos de alcoba!

—Puede que les haya dado a entender que eras de la otra acera...

—¿Estás de coña?

Suelta una carcajada. Oigo el chirrido de una puerta al otro lado de la línea y la imagino tumbándose en su cama.

—¿Qué haces? —me pregunta con un bostezo.

—Estoy en la cama.

—¿Ah, sí? Creía que ibas a ir directo al sofá.

—Eso lo tengo planeado para mañana —bromeo mientras me recoloco un cojín bajo la cabeza.

Seguimos hablando tranquilamente hasta que oigo un ligero ronquido al otro lado.

—¿Te has dormido? —susurro.

No hay respuesta. Le deseo buenas noches y cuelgo con una sonrisa. Escribo un mensaje y se lo envío; lo leerá mañana por la mañana.

Lane: ¡Roncas como Lewis y Don juntos!

El sueño no tarda en reclamarme también, y las siguientes noches se desarrollan de la misma manera. Lois siempre es la primera en quedarse dormida, y me sorprendo escuchando su respiración más de una vez. El único momento agradable del día se convierte en esa llamada al caer la noche.

Carter: Estoy por la zona. ¡Me paso a verte!

Me siento tentado de rechazarlo, pero llevo haciéndolo desde que empezaron las vacaciones. Sin darme cuenta, me he pasado una semana en el sofá, perdido en mis pensamientos y mi soledad.

Suena el timbre; me arrastro hacia la puerta y la abro de par en par. Lo primero que me encuentro es a Carter, inmóvil frente a mí, mirándome con curiosidad como si fuera un animal extraño. Me paso una mano por la barba, que no me afeito desde hace unos días.

—¿Usted quién es, señor? Estoy seguro de que mi mejor amigo vivía aquí hace no más de una semana.

—¿Vas a entrar o no? —mascullo, y vuelvo al sofá.

—¿Lane? ¿Lane? —proyecta por todo el apartamento mientras me sigue.

—¿Se puede saber qué te pasa? —refunfuño mientras me apoltrono en el sofá.

—¿Y a ti? —No deja de seguirme—. ¿Tú te has visto la cara?

Dejo caer el brazo en el reposabrazos y levanto la cabeza para mirarlo con una ceja arqueada.

—Ni que fuera la primera vez que le doy vacaciones a la cuchilla, Cart.

—¿Dónde está la mesa baja? —insiste, levantando una de las cajas de pizza de la mesa—. ¿Mesita? ¿Mesita? —vuelve a vociferar.

—¡Que te calles! —Harto, le lanzo un calcetín sucio a la cara.

Lo agarra al vuelo y lo agita ante sí con las puntas de los dedos y cara de asco. A continuación, se sienta en un taburete y se me queda mirando con los labios fruncidos.

—Cuéntale al doctor Carter la causa de tu aflicción —me suelta. Saca el bloc de notas que siempre lleva encima y lo deja caer en la isla de cocina con ímpetu.

—No hay aflicción, colega. Solo estoy de vacaciones.

—Ajá.

Anota algo en la libreta y agita el bolígrafo para animarme a seguir.

—Háblame de tu infancia —sigue con una falsa voz profesional.

—No me toques los cojones.

Mi móvil, que está en el reposabrazos, se pone a vibrar, y lo cojo inmediatamente.

Lois: Mi padre tiene una nueva obsesión: los gofres. A este paso, voy a recuperar todos los kilos perdidos... #ayuda

Mis dedos se deslizan por la pantalla y escriben la respuesta a toda velocidad. Prosigue un intercambio de mensajes. Estoy tan absorto que me olvido de Carter.

Lois: ¡Mi madre me espera para llenar de abalorios su horrible lámpara vintage ! #muertelenta #planazo10/10

Respondo con dos caritas sonrientes y dejo el móvil con un suspiro.

—¿Cómo le va a nuestra pequeña Lois? —me pregunta Cart. Obviamente, ha adivinado que los mensajes eran para ella.

—Disfrutando del sol todo lo posible —le respondo, y doblo los brazos detrás de la cabeza.

—Estarás contento de poder tener la casa para ti solo, ¿no?

Lo dice en tono de burla, y empiezo a intuir por dónde me va a salir.

—Deja de mirarme así —le gruño.

—Dilo.

—¿De qué hablas?

—Dilo —repite con una sonrisa.

Me está tocando las narices, y lo sabe.

—Te conozco como a los folículos de mi vello púbico. Dilo...

Sé que no me va a dejar en paz si no hago lo que me pide.

—¡La echo un poco de menos! —cedo, al límite de mi paciencia.

—¡Amén, amén, amén! —exulta, golpeándose las rodillas.

—¡Llevo meses aguantándola, Cart! No tiene nada de loco que ahora se me haga raro estar sin ella.

—No, no, para nada.

Abre la boca para añadir algo, pero en ese mismo momento le suena el móvil. «¡Salvado por la campana!».

—Espera un momento —me susurra, y se encierra en mi habitación.

Agarro el mando y me pongo a cambiar de canal sin prestar atención a la pantalla. Mis pensamientos vuelven a Lois. Me la imagino riéndose con sus padres mientras se empacha de gofres. Hostias, parece que llevo una eternidad sin verla.

Cuando Carter vuelve al salón, parece contrariado.

—¿Algún problema? ¿Quién llamaba?

—Becca —suspira mientras se masajea las sienes.

—¿Habéis discutido?

—No, no...

—Entonces ¿qué?

—Me ha propuesto que vaya a celebrar el día de Navidad con ella.

—¿Ah, sí? Ostras, entonces vais en serio.

—Sí. Estoy enamorado. Qué locura, ¿no?

—Mike estaría orgulloso de ti —le pico mientras abro el tarro de mantequilla de cacahuete—. ¡Era el sentimental de la banda!

—¡Tienes razón!

—Y, oye, ¿cuándo os vais? —le pregunto mientras hundo la cuchara en el potingue.

—¡No voy! —responde automáticamente.

—¿Por qué?

—No voy a dejarte solo en Navidad, tío.

—Déjate de gilipolleces, Cart. Es una noche como cualquier otra, ¡puedo sobrevivir sin tu presencia! No te preocupes por mí.

—Imposible. Siempre celebraba Navidad con Mike y contigo y, después, solo contigo...

—Y este año lo harás con Becca. En serio, colega, te ordeno que aceptes su invitación.

—Lane, no...

—La vida es demasiado corta —lo interrumpo tras tragarme la mantequilla.

—¿Ahora vas de filósofo? Vuelvo enseguida, que tengo que potar.

—Llama a Becca —lo corto amenazándolo con la cuchara.

Hace girar el móvil entre los dedos mientras me acuchilla con la mirada. Yo me pongo de pie de un salto, le arranco el dispositivo de las manos y llamo a su chica.

—Becca, soy Lane —empiezo en cuanto ella contesta.

—¡Dame eso! —articula Carter mientras intenta quitarme el móvil.

—¿Va todo bien? —me pregunta Becca, sorprendida.

— ¡Yes! Era solo para decirte que Carter acepta ir contigo. Le he prometido que me portaré bien en su ausencia y que no abriré la puerta a desconocidos. ¡Hasta me ducharé cada día! Dicho esto, te lo paso.

La oigo darme las gracias mientras Carter retoma la comunicación. A pesar de la tensión en su mandíbula, veo alegría en lo más hondo de sus ojos.

Cuando acaba, se me queda mirando mientras se mordisquea una uña.

—No te rayes tanto.

Está a punto de responder cuando me suena el móvil a mí. El nombre de Lois aparece en pantalla, lo cual es raro a estas horas. Tengo los dedos llenos de mantequilla de cacahuete, así que descuelgo y pongo el altavoz.

—¿Sí?

—¿Qué tal? —me pregunta con una voz rara.

—Eh... Muy bien, ¿por?

—Porque sí. ¿Qué haces?

—Estoy con Carter. ¿Va todo bien? Te oigo rara.

—¿Ya habéis comprado vuestras delicias congeladas para mañana?