Sin freno (Campus drivers 1) 18. Lois #2
53%

18. Lois #2

—¡Tengo hambre! —exclama Lewis.

Adam llega con el primer plato, y yo me levanto para ayudarlo a traer el resto. Cuando la mesa está por fin a rebosar de comida, no sé por dónde empezar: tiene todo una pinta deliciosa.

—Pásame tu plato —oigo que me dice Lane.

Se lo doy con una sonrisa. Después del fiasco de mi cumpleaños, ha vuelto a ser el Lane que me encanta. De hecho, está incluso más amable porque, por alguna razón que se me escapa, no ha utilizado ni una sola vez ese condenado apodo de «Corazón Roto».

—Creo que Adam te ha preparado pechuga de pollo. Debe de estar por alguna parte...

—¡Lo quiero todo! —le interrumpo, señalando el banquete completo.

Se está burlando de mí: ya hace un tiempo que he retomado una alimentación más variada. Sigo dando caminatas y asistiendo a las clases de Aaron, pero estoy harta de las bolsas de lechuga.

—¡Loooois! —me llama Lewis, sentado frente a mí, agitando su pan de maíz.

—¿Qué?

—Como nuevo miembro de nuestra selecta compañía, te toca a ti bendecir la mesa.

Lane se echa a reír detrás de la servilleta y yo lo miro, inquisitiva.

—Esto... No sé cómo hacerlo.

—Tienes que dar gracias al Señor por esta abundante comida —me explica Lewis con una sonrisa torcida—. Mira, es muy fácil. Repite conmigo: «Gracias, Dios Lewis, por la abundancia de estos alimentos que nos otorgas en tu gracia legendaria». ¡Venga, te toca!

Los demás se están desternillando: el único que asiente para mostrarme su apoyo es Adam.

—Gracias.

—Buen comienzo. ¡Continúa!

—Gracias por haberme invitado —balbuceo, sonrojándome.

—¡Eso no es lo que te he dicho!

—¡Calla, Lewis! —le grita Carter mientras lo golpea con una mazorca—. No la incomodes. Y, si hay alguien que debería dar gracias por esta comida, ¡es el zángano de Adam!

—¡Eh! ¡Te recuerdo que yo he pelado las manzanas para la tarta!

Siguen tirándose pullas, lo que me libera del papelón de los agradecimientos.

¡Por fin puedo hincarle el diente a la comida!

La conversación va por buen camino, y enseguida se me quita el miedo de estar entrometiéndome donde no debería.

Como muy bien. Por poco me ahogo de tanto reírme de las bromas incesantes de Don y Lewis.

Hasta descubro a un Adam más extrovertido de lo que habría imaginado.

—Oye, Lois —me interpela Don mientras se seca la boca—. ¿Prefieres mi coche o el de Lane?

A juzgar por su expresión, es una pregunta que no se debe responder a la ligera. Por desgracia para él, a mí cualquier vehículo que tenga cuatro ruedas me sirve.

—¿Comodín del público? —respondo con un hilo de voz.

—¡Déjalo estar, tío! —interviene Lewis con la boca llena—. No puedes con la potencia del motor de Lane, ni con los flamantes caballos que tiene bajo el capó. Ni siquiera con tu querido Plymouth.

Le doy vueltas a esta comparación en mi cabeza, pero no hay nada que hacer: suena inexorablemente picante. Don suspira y se rellena el vaso entre las carcajadas de todos los demás.

Paso una muy buena noche, tanto que me siento decepcionada cuando llega la hora de regresar a casa de Lane. Estoy de tan buen humor que los abrazo a todos mientras les susurro agradecimientos.

—¿Qué te ha parecido este Acción de Gracias? —me pregunta Lane mientras me abre la puerta de su vehículo.

—Bastante guay. Estáis todos como cabras, pero me alegra formar parte de este equipo.

—Tú también estás un poco chalada, cuando quieres. De hecho, te has adaptado a la perfección a nosotros.

«Nosotros». ¿Es ridículo que me guste tanto la idea?

—Hacía falta un toque femenino, de todos modos —contesto girándome para mirarlo—. ¿Cómo es que ninguno tenéis novia?

—Porque es un coñazo.

—¿Un coñazo? —repito con una risita ahogada—. Pero ¿cómo dices eso? ¡Es como tener una muy buena amiga con la que te puedes acostar!

—Prefiero tener conocidas con las que me puedo acostar y una muy buena amiga a la que pueda mandar a paseo cuando me toca los cojones —se burla, y me guiña el ojo.

—¿Te refieres a mí?

—Eres la única amiga chica que tengo, así que sí.

—¡Vaya, Laney! ¡Eso me ha llegado a la patata! —Finjo entusiasmo—. ¡Es la declaración platónica más bonita que he oído en mi vida! «Amiiiigos» —musito al estilo de E.T., apuntando a Lane con el índice.

Me da un golpecito en el dedo, riéndose.

He seguido con la broma durante todo el camino hasta casa, e incluso continúo desde la ducha.

—¡Tu amiga te pilla prestado un poco de gel porque se le ha olvidado comprar! —grito para que me oiga desde el salón.

Me río yo sola mientras me enjabono.

—¡Tu amiga cree que se te cae mucho pelo! —grito más alto.

Cojo una toalla y me la enrollo alrededor. Enchufo el secador y, antes de encenderlo, me dirijo una vez más a Lane:

—Tu amiga cree que...

La puerta se abre de sopetón e irrumpe en la estrecha habitación.

—Pero ¡¿te quieres callar?! ¡Se te oye por toda la ciudad! ¡Si lo sé, no digo nada!

—¡Fuera! ¡Podría haber estado en pelotas!

Me mira de arriba abajo y esboza poco a poco una falsa sonrisa.

—No pasa nada. Estamos entre amigos —susurra mientras da un paso hacia mí.

—¡Aléjate!

—Tu amigo cree que eres muy desagradable —continúa, y sigue acercándose.

—¡Como des un paso más, tú sí que te convertirás en mi mejor amiga! —le advierto, apuntando con el secador a su entrepierna.

—Siempre estás amenazando pollas ajenas, Lois. ¿Tienes algún problema con eso? ¿Intentas compensar alguna carencia?

En lugar de responder, opto por darle la espalda y secarme el pelo mientras lo ignoro abiertamente. Mueve los labios, pero el ruido cerca de mis orejas cubre su voz.

—¡No te oigo! —canturreo mientras hago volar mi media melena de derecha a izquierda.

Me cruzo con su mirada en el espejo. Me está observando, desternillado.

Cuando creo que por fin va a salir de la habitación, se gira hacia el inodoro y se baja la bragueta. Le dirijo una mirada de indignación, a la que él me responde con otra de satisfacción.

—¡Abandono! —abdico, y dejo el secador en el borde de la pila.

Lo estoy oyendo orinar, así que me tapo los ojos con la mano y avanzo a tientas hasta la puerta.

—¡Me compadezco de la que se convierta un día en tu novia! —le grito desde el pasillo.

La única respuesta que obtengo es la cadena.