Sin freno (Campus drivers 1) 15. Lane #2
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15. Lane #2

Niega con la cabeza y se va refunfuñando. Se ve que hoy se ha levantado de un humor de perros.

Al llegar al campus, veo a mis compañeros y me dejo caer en el banco que ocupan los tres.

—¿Qué hay de nuevo, pollito? —me dice Lewis, estirando los brazos sobre el respaldo.

—Tengo un examen en treinta minutos y no he estudiado nada —mascullo mientras le doy una patada a una piedrecita.

—Jamás te he visto abrir un libro, así que, si fuera tú, tampoco me preocuparía por ello.

—Se acerca el día de Acción de Gracias —interviene Adam—. ¿Vamos a seguir con la tradición este año?

—¡De fijo, amigo! —exclama Donovan.

Desde que entramos en la facultad, celebramos el día de Acción de Gracias los cinco juntos.

Ninguno de nosotros va a su casa, cada uno por motivos diferentes.

El padre de Lewis se pasa cada día del año trabajando en sus cabañas, Donovan no se lleva muy bien con su hermana y su padre se va a Polonia.

La madre de Adam lo aprovecha para su desintoxicación anual, Carter no tiene a nadie más que a Juliet y, en lo que a mí respecta, mis padres probablemente estarán en Cuba, Hawái o Bora Bora...

Y, aunque estuvieran en casa, tampoco iría.

Con dos llamadas por año nos basta y nos sobra.

—¿Sabes qué tiene planeado Lois? —me pregunta Adam.

—Ni idea, pero no creo que quiera pasar la noche con nosotros.

—Lane no quiere compartir —suspira Lewis con un mohín.

—No es culpa mía ser el único en su corazón —le replico con un corte de mangas—. Oye, ¿y Ramos Fernando nos honrará por fin con su presencia?

—No, es un chico tímido.

—¡Qué pena!

—¡Ah, mira tú por dónde! Por allí va Lois, vamos a preguntarle. ¡Loisss! —grita Lewis agitando los brazos.

La busco con la mirada y me río al verla elevar los ojos al cielo.

No soporta que Lewis la interpele en público constantemente, cosa que él sabe muy bien.

Veo a Kirk detrás de ella. Lois no se ha dado cuenta y se acerca a nosotros, aunque él estaba a punto de abordarla.

Pues bien hecho. Me estoy cansando de verlo en esa posición de superioridad.

—¿No vais a clase? —nos pregunta ella, recolocándose la gorra.

—Nos turnamos —replica Don con ironía—. Siempre tiene que haber un Campus Driver de guardia. Así es el negocio.

—Ajá, entiendo. Parece que el negocio va bien, ya que os veo a todos aquí y los coches brillan por su ausencia.

—¡Es trabajo de campo, Lois! —se ofusca Lewis, y se acerca mucho a ella.

—Hazte un poco atrás. No querría que la gente se imagine que me caes bien.

—Tu amiguita tiene muy mala uva —me dice él entre lloriqueos.

Hace amago de obedecer y alejarse, pero el brillo diabólico de sus pupilas no presagia nada bueno. Se da la vuelta, la agarra por la cintura y la sube a hombros. Ella grita y patalea mientras Lewis da vueltas sobre sí mismo.

—¡Me adoraaaa! —grita como un poseso.

—Después de esto, ni de coña va a querer pasar Acción de Gracias con nosotros —suspira Adam.

Lewis la deja por fin en el suelo, y Lois titubea mientras pestañea. Instintivamente, le tiendo la mano, y ella la acepta para recuperar el equilibrio.

—Gracias —masculla antes de fusilar a Lewis con la mirada—. Cualquier noche de estas, me voy a colar en tu habitación y...

—¡Lo he conseguido, chicos! —fanfarronea.

— ¡Y te ahogaré mientras duermes!

Todavía me está sujetando el puño, y tiro de ella para que se siente. Adam apoya una palma en el respaldo de su silla y le acaricia la cabeza.

—¿Vas a ir a casa por Acción de Gracias?

Ella alza la mirada hacia él, y me quedo contemplando su perfil pensativo. Tiene las mejillas sonrosadas: una mezcla entre frío y una pizca de la vergüenza que le ha hecho pasar Lewis. Me vienen imágenes de mi sueño, y chasqueo la lengua contra el paladar para que se vayan.

Lois me mira durante una milésima de segundo antes de devolver su atención a Adam.

—En realidad, aún no lo he pensado.

—Nosotros lo pasamos juntos. Si te quedas en Columbus, nos encantaría que vinieras también.

Las mejillas se le enrojecen aún más. A veces, Lois tiene un lado tímido que me gusta mucho.

Nunca hemos invitado a ninguna chica, porque las que gravitan a nuestro alrededor lo que quieren es, o bien echar un polvo, o bien recibir unos cuantos piropos.

Durante el resto del año, eso no nos suele molestar, pero esta cena es sagrada.

—Es dentro de tres semanas, así que aún te queda tiempo para decidir —concluye Adam con un guiño.

—Vale. Gracias.

Lois carraspea y deja que su mirada vague por un punto al frente.

Noto el momento exacto en el que ve a su ex, porque deja de respirar por un instante y se tensa.

Miro en dirección a Kirk, quien no deja de observarla, inmóvil.

Intento imaginarlos como pareja. No quiero decir que conozca a Lois, pero, cada vez que observo a ese tío, me pregunto por qué estará tan empeñada en recuperarlo.

—Debería ir a hablar con él —la oigo susurrar.

—No le he oído llamarte —murmuro, alargando el brazo por detrás de ella.

—¿Cómo?

—Nada.

—Es la primera vez que hace eso. Tengo la impresión de que quiere que vaya con él.

Parece que va a levantarse, pero la inmovilizo, sujetándole los hombros.

—Pero ¿qué haces? —exhala, y se gira hacia mí.

—Te estoy echando una mano.

—¡Para! Kirk creerá que...

—Que no estás a su disposición cuando por fin se digna a concederte dos segundos de atención —le susurro con la boca pegada a su oreja—. Soy un tío, Lois; hazme caso.

—Y yo lo conozco desde hace años —me rebate ella, y se pone de pie de un salto—. Así que gracias, pero no.

Se gira hacia Kirk y, tras un par de zancadas en su dirección, se queda paralizada.

—¡Genial, ya se ha pirado! ¡Muchas gracias, Lane! ¡Muchas gracias! —me suelta.

Lois está que trina. Don y Lewis, quienes se habían alejado, reaparecen y la flanquean.

—¿Qué pasa? —le pregunta Lewis.

—Tengo clase. Me piro antes de que me entren ganas de mataros uno por uno —masculla. Luego tira de su bolso para recolocárselo.

Se marcha apisonando el suelo a su paso, y yo me encojo de hombros ante las caras asombradas de mis colegas.

—¡Que tengas un buen día, corazón! —Lewis le echa más leña al fuego.

—¡Que te den! —le replica ella con un corte de mangas y sin volverse.

—Tendrías que tirártela, la verdad —me suelta Donovan con un tono inexpresivo.

—Joder, pero ¿qué os ha dado a todos con eso hoy?

—Es perfecta para ti, colega. Antipática, vulgar...

—Más loca que una cabra —termino con una sonrisa.

—¡Justo lo que te decía! Perfecta.

Busco con la mirada la ayuda de Adam, sin éxito.

Me levanto y me estiro haciendo mucho ruido, me despido de mis amigos con el puño y me dirijo al edificio principal sin motivación alguna.

Paso por delante del enorme calendario marrón colgado en la entrada y vuelvo sobre mis pasos para detenerme unos segundos en la palabra « NOVIEMbrE », escrita en grande.

Suspiro, cierro los ojos y me pellizco la nariz.

Odio este mes a más no poder, ojalá pudiera lograr que terminara con un chasquido de dedos, pero no hay nada que hacer.

Sé que va a ser un mes lento y tortuoso.

El resto del año, puedo sobrevivir, pero noviembre se me hace cuesta arriba.

Porque quedan menos de dos semanas hasta que reviva esa insoportable noche. La noche en la que mi hermano murió.