13. Lane #2
—Confía en mí, es totalmente factible.
—La chica no puede tener las piernas a ese nivel mientras la boca del tío... En fin. Imposible, salvo que la escena se desarrolle en un circo.
—Te digo yo que sí.
—Yo te digo que no.
—No te ofendas, Corazón Roto, pero tengo más experiencia que tú.
Ella pone los ojos en blanco, exasperada, luego mira de nuevo hacia el pasillo. La voz de Carter resuena desde mi habitación. Se gira hacia mí y me planta la mano en la clavícula.
—Túmbate.
—¿Disculpa?
—Te voy a demostrar que estás equivocado —sentencia, presionando más fuerte.
Me río y la dejo hacer; se aparta para que pueda estirarme a lo largo del sofá.
Entrecruzo los brazos detrás de la cabeza y la miro, reteniendo una carcajada. Está seria y concentradísima cuando se me sube encima y se sienta sobre mi abdomen.
—Espero estar aplastándote —anuncia con una mueca sádica.
Agarra el borde del reposabrazos, pasa las piernas a ambos lados de mi cabeza mordiéndose el carrillo. Vuelve a leer el párrafo en cuestión, estira y dobla una pierna mientras murmura:
—Si la pongo aquí, y después voy y...
Espero pacientemente a que termine su demostración. Sé que se equivoca, pero este momento es demasiado divertido como para dejarlo escapar.
—¡Pon un poco de tu parte, joder! —exclama con enfado, tensando los abdominales para doblarse aún más.
Me apoyo en su hombro y enderezo mi torso hacia ella. Sus glúteos resbalan un poco más abajo y yo hago una mueca.
—¿Lo ves? ¡Esta posición es ya de por sí castrante! —declara con una voz victoriosa.
—Pero en la práctica real el pene estaría protegido por...
—Cierto —admite a regañadientes, sin dejarme terminar la frase—. De todas formas, una vez que pongo mi pierna aquí... y la otra...
Arruga la nariz mientras sigue con su numerito destinado al fracaso.
Cuando considero que ya ha luchado lo suficiente, asumo el control.
Agarro sus caderas y la obligo a moverse bruscamente un poco más abajo antes de engancharla por el cuello y bloquearle la rodilla con el codo.
Coloco mi muslo en el sitio correcto y la inclino unos grados más.
—Gané —canturreo mientras sonrío ampliamente.
—Mmm, bueno. De todas formas, me deja perpleja la duración...
—Ahora es el momento en el que gritas mi nombre, Lois.
Emite un sonido burlón y, cuando creo que el ejercicio ha terminado, me toma por sorpresa.
—No, las chicas primero hacen esa cosa ridícula con la boca.
Se muerde el labio inferior con sus dientes superiores y cierra los párpados arqueándose más.
Mis ojos se abren como platos, me recorre un calor intenso y soy incapaz de controlar una reacción muy masculina: mis dedos se tensan sobre su piel, ella permanece quieta y vuelve a fijar sus iris en mí, a cámara lenta.
Pasan tres extraños segundos durante los cuales parece visualizar la escena que estamos representando.
Solo espero que no note lo que está empezando a sobresalir bajo su cuerpo.
Pierdo el hilo hasta que estalla en una risa sincera. Carter reaparece justo en ese instante. Nos observa, colocándose un dedo sobre la boca mientras analiza la situación. La presión sobre mi bragueta cesa de inmediato.
—Interesante... Déjame probar esa bebida afrodisiaca —añade, estirando el brazo para coger mi vaso sobre la mesa baja.
—Sigo convencida de que esta posición es una locura —concluye, retorciéndose para recuperar una postura adecuada—. Pero bueno, vosotros sois los expertos.
Se levanta de un salto, deja su vaso en el fregadero y empieza a sacar ropa de una de sus bolsas, como si no acabáramos de recrear una escena sexual.
Parpadeo y fijo mis ojos en su equipaje para distraerme.
Nunca se ha quejado de no tener un lugar donde guardar sus cosas, y de repente me siento un poco culpable.
Sin embargo, no me decido a vaciar ni un solo cajón de la cómoda de la entrada.
Se dirige al cuarto de baño, y Carter se gira directamente hacia mí.
—¡Si no escribes las escenas picantes más realistas con una asistente así, apaga y vámonos!
—Como si la necesitara...
Carter se ríe, y por fin nos ponemos a trabajar. Después de cuarenta minutos, Lois sale transformada, en todos los sentidos de la palabra.
—¿Adónde vas? —muestro más curiosidad de la que me gustaría, pero me sale sola la pregunta.
Lleva un vestido azul marino de lana con medias a juego, se ha lavado y peinado el pelo. E incluso se ha maquillado.
—¿Tienes una cita? —lanza Carter, analizándola de pies a cabeza.
—¡Por supuesto que no! —espeta ofendida mientras se pone los botines—. Becca viene a buscarme para ir al centro comercial. Como aparezca en mallas, no me deja subir a su coche. Especialmente, después de todas las horas que pasó arreglándome.
Desenchufa el móvil del cargador, se lo mete en el bolso y se cubre el pelo con un gorro burdeos. Abre la puerta y, cuando se gira para despedirse, la interrumpo.
—¿Te está dando resultados?
—¿El qué?
—El plan para recuperar a Kirk.
—Aún no. —Suspira, mirando el pomo—. Pero quien no arriesga no gana.
Me da rabia que se lo esté currando tanto solo para reconciliarse con un imbécil. Esta chica es divertida e inteligente; no entiendo cómo puede llegar a disfrazarse de esta manera por un chico. Pero, al fin y al cabo, no es asunto mío.
—Que te diviertas —concluyo, esbozando una sonrisa amable.
—Gracias. No me esperes para comer, ¿vale?
—Tomo nota.
—¡ Bye , Carter!
—Dale un beso a Becca de mi parte. Dile que venga a mi casa esta noche.
Lois levanta el pulgar, me regala una última sonrisa y cierra la puerta tras de sí.
—Esta chica es guay —murmura Cart, mirando aún hacia la puerta—. A Mike le habría encantado.
—Lo sé.
Sí, a mi hermano le habría gustado, y estoy seguro de que le habría parecido mucho más simpática que a mí. Además, tenía un don innato para encandilar a las tías y...
—Venga, que hay que terminar esto. —Suspiro, apartando a Mike de mis pensamientos.
Pero a pesar de todos mis esfuerzos, el eco lejano de una moto resuena entre mis sienes.