Sin freno (Campus drivers 1) 11. Lane #2
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11. Lane #2

Mete la mano en el bolsillo, rebusca un poco y la saca de golpe.

—¡Aquí está!

Y le planta un dedo corazón en toda la cara a Lewis, quien estalla en carcajadas, ajeno a los insultos que le profieren sus asientos humanos.

—¿Me las presentarás? —pregunto irónicamente al girar por mi calle—. Estoy seguro de que me adorarán.

Ella se pone seria, pero yo no puedo evitar disfrutar de la situación.

—Se suponía que te tenían que soltar un rapapolvo por haber sido tan crío y tan idiota...

—¿Y qué se supone que he hecho yo para merecer eso?

—Las habías llamado incontinentes, me he chivado de todo.

—¡Ah! ¡Así que era una trampa!

Echo el freno de mano después de oír sus dulces palabras, antes de ayudar a Lewis a desencajar sus posaderas de mi coche.

—¡No volveré a andar en mi vida! —se lamenta Donovan saliendo a cuatro patas—. Voy a pedirle a mi padre que te triplique los entrenamientos, Lewis. Has engordado, ¡no siento las piernas!

—Puro músculo, tío.

Nos reunimos todos en la acera; el asiento del copiloto ya está vacío.

—¡Buenas noches, Lois! —grita Lewis agitando la mano.

Me giro hacia el portal justo cuando ella desaparece dentro.

—¡Tienes que casarte con esa chica, Lane! —añade volviéndose hacia mí—. ¡Llamaréis a vuestras criaturas Lex y Luthor y tendréis un labrador que se llame Clark !

—¡Sí! —aplaude Don.

—Recuérdame por qué seguimos siendo amigos. —Suelto un suspiro, apartándome los mechones que me caen en la frente.

—Admítelo, es graciosa —añade Adam dándome un codazo.

—Hilarante —ironizo, pestañeando exageradamente.

Ni bajo amenaza les diré que, efectivamente, Lois me hace mucha gracia.

—¡Venga, cada mochuelo a su olivo! —concluyo, subiendo de un salto el primer escalón del edificio.

—Que lo paséis bien, pareja —susurra Lewis antes de abrir la puerta de su coche.

El ascensor sube a duras penas los cinco pisos, la puerta de mi apartamento está entreabierta y me encuentro a mi querida compi desparramada en el sofá. Me lanza una mirada asesina cuando aparto sus piernas y me dejo caer a su lado.

—¿Has comido? Quedan muslos de pollo, si te apetecen.

—No, gracias.

—Venga, ya basta con las caras largas —mascullo, tirándole un cojín.

—No puedo evitarlo, ¡me sacas de quicio!

—Me adoras, pero aún no lo sabes.

—¡Que dulce es la ignorancia!

Miro al frente mientras muevo los dedos de los pies dentro de los calcetines. Los pies de Lois también están apoyados en la mesa, junto a los míos, y cuando se da cuenta de que los está moviendo al mismo ritmo, se le escapa una risita.

—¿Qué novedades hay en el caso Kirk?

Deja de mover los pies enseguida y suelta un largo suspiro resignado.

—Nada destacable.

—¿Sigues en modo reconquista?

Asiente antes de dejar caer la cabeza contra el respaldo del sofá. No sé cuánto tiempo me quedo mirando su perfil. En realidad, ni siquiera me doy cuenta de que lo estoy haciendo, pero su mirada interrogante me hace apartar los ojos.

—¿Sabes si Donovan ha hablado con su padre sobre lo de la residencia universitaria? —pregunta con una voz poco segura.

—Se lo preguntaré mañana.

La oigo tragar saliva y siento la necesidad compulsiva de tranquilizarla.

—Tú tranqui, que por unos días más no pasa nada.

Gira su rostro con gesto preocupado hacia mí y se muerde el carrillo.

—De verdad que estoy haciendo todo lo posible por encontrar una salida...

—Lo sé.

Nos quedamos mirándonos en silencio hasta que esconde un bostezo detrás de la mano.

—¿Tienes sueño? —le pregunto, apoyando los codos en las rodillas.

—La verdad es que no mucho...

—¿Quieres que veamos una peli?

—Venga.

—¡No pongas esa cara!

—Perdón. No dejo de sorprenderme cada vez que aparece tu segunda personalidad.

—Podría decir lo mismo —contrarresto, cogiendo el mando—. ¿Alguna preferencia?

—Me da igual, elige tú.

Cambia de postura para acomodarse mejor en la esquina del sofá. Un cojín en los riñones, otro sobre la tripa, y se instala mientras voy pasando pelis.

—Vería otra vez El Señor de los Anillos —propongo, haciendo girar el mando entre los dedos.

—Venga.

Pongo la primera de la saga y apago las luces.

A mitad de película, Lois ya se ha dormido.

Es por lo que la retomamos la noche siguiente, y así los días que siguen.

Nunca aguanta hasta el final, y la trilogía nos lleva casi una semana.

Misma situación con El hobbit . Y de esa manera, sin que yo sea muy consciente, pasan dos semanas.

No le había dado un plazo concreto, pero Lois tendría que haberse ido de mi piso hace tiempo.

Debería recordárselo, pero no digo nada, y ella tampoco.

Veo perfectamente la mirada de Carter cada vez que la ve en casa, pero tiene la sensatez de no comentar nada.

El tiempo va transcurriendo, llega octubre y nada cambia.

Salvo quizá una cosa. Sigue plantándome cara cuando la pico, y yo sigo mandándola a paseo.

Sin embargo, se ha instalado entre los dos una especie de extraña complicidad.

Es mi primera colega chica y, al final, no es tan pesada como pensaba.

Total, que me he acostumbrado, peligrosamente, a verla estudiar, dormir, refunfuñar o comer en mi sofá, y ya no tengo tanta prisa por que se largue.