Sin freno (Campus drivers 1) 7. Lane
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7. Lane

Lane

Viendo la cara horrorizada de Corazón Roto, no me queda ninguna duda sobre la identidad de Kirk. Es él, el que la dejó tirada, y por extensión, el que me ha plantado a una «invitada» en casa. Directo a mi lista negra.

Lois acaba apartando la mirada y se agacha en medio de los vasos esparcidos. Su ex la ve y se apresura a girar la cabeza; claramente no esperaba encontrársela aquí.

—Te ayudo —suspiro mientras me acerco, preso del remordimiento por no haber previsto el desastre que inevitablemente iba a provocar.

—¡Estoy bien! —resopla, agotada.

—Lois, tú...

—¡Yo me encargo!

—Vale.

Busco a Juliet con la mirada. Ella y el otro están cerca de la ventana, charlando con uno de los chicos del equipo de baloncesto.

—¿Qué le pasa a Lois? —me pregunta Adam mientras observa el lío que ha montado.

—El chico que ha llegado con la hermana de Cart es su ex.

—¿El que la echó de su casa como a una mierda de un día para otro?

—Ese mismo.

—¿Lois tiene que vomitar? —interviene Lewis al acercarse—. ¿Qué es ese careto?

Adam se inclina hacia su oído y Lewis gira la cabeza hacia el famoso Kirk.

—¿Él? Yo sé quién es, acaba de entrar en el equipo. No tira demasiado mal, pero corre como un paquidermo.

—¿De qué estáis hablando vosotros tres? —pregunta Donovan al unirse—. ¿Quieres que te eche una mano, Lois?

Ella mueve la mano frente a sí antes de reunir las tres pilas de vasos contra su pecho. Sale corriendo hacia la cocina, los deja junto al fregadero y se agarra a la encimera.

—¿Qué le has hecho ahora, Lane? —me pregunta Don.

—Por una vez, no tengo nada que ver.

—El ex de Lois se acaba de plantar aquí del brazo de Juliet.

—¿Y?

—Y no es nada agradable para ella —precisa Lewis, negando con la cabeza.

—Ah, entiendo, vale. ¡Será malvado! ¿Nos ocupamos de él? —añade, adoptando la voz de un mafioso italiano.

La veo servirse una copa y darle unos buenos tragos.

—Vuelvo enseguida, chicos.

Me coloco a su lado, mirando al frente.

—¿Estás bien?

—Mejor imposible —masculla con los labios todavía pegados al vaso.

—No vas a entrar en crisis, ¿verdad?

—Déjame en paz, Lane —suspira mientras se sirve otro trago.

—¿Qué? Solo me preocupo por ti. Imagino que esta situación no tiene que estar siendo demasiado agradable para ti.

Me lanza una mirada de reojo y le respondo con una mueca divertida.

—¿Estás... mal de la chaveta? —articula, mordiéndose el carrillo.

—¿Por qué me lo preguntas?

—Porque algunas veces te comportas como un idiota superantipático y otras vas de majo.

Cojo una de las botellas que tengo a mi izquierda y preparo una copa en silencio. Me doy la vuelta hacia ella y le quito el vaso de las manos antes de que pueda reaccionar.

—¡Devuélvemelo! —se enfada, estirando el brazo—. ¡Lo necesito!

—Lo sé, pero mejor bébete esto.

Arquea una ceja, pero acaba aceptando mi oferta. Prueba mi mezcla y asiente con la cabeza.

—Gracias.

Respira varias veces antes de continuar:

—Sabía que no tendría que haber venido. ¡Todo esto es culpa tuya! —se exalta de repente.

—Explícate.

—Me has obligado a venir, y luego voy y veo que la hermana de Carter es la...

—«Es la...».

—¡Ya sabes de qué hablo! Da igual, ¡que todo es tu culpa y punto!

Abro la boca para responderle, pero su amiga me interrumpe:

—¿Puedo hablar contigo, Lois?

—Sí —suspira mientras se dirige a mi cuarto de baño, arrastrando los pies.

Cuando desaparecen por el pasillo, una curiosidad maliciosa me pica y las sigo. Me apoyo contra la pared, junto a la puerta por la que acaban de pasar, para escuchar.

—¿Me puedes decir qué hace tu chico con esa? —empieza Becca.

—Quería un respiro —responde ella con voz aburrida.

—¿Cuándo?

—¿Eh?

—¿Cuándo lo dejasteis?

—Hace una semana.

—¿Por qué no me lo has dicho antes, en la clase?

—No pensaba que te interesara...

—¡Somos amigas, Lois! ¡Claro que me interesa! Además, prefiero mil veces tener colegas solteras.

No escucho la respuesta de Lois.

—¿Dónde vives ahora, entonces?

—...

—¿Dónde?

—...

—Pero ¿en serio? ¡Joder, pero qué flor en el culo tiene la tía!

Me pego un poco más a la pared, pero sigo sin oír la voz de Corazón Roto. Finalmente me uno a mis mejores amigos, cansado de escuchar solo a medias.

Están todos en el salón, instalados alrededor de la mesa baja, con el famoso Kirk entre ellos.

—Entonces ¿hace mucho que estás con Juliet? —empiezo mientras me dejo caer en el sofá.

Él se atraganta con el alcohol y lanza una mirada a su alrededor. Estoy seguro de que está buscando a Corazón Roto.

—Acabamos de empezar —dice tosiendo mientras vuelve a mirarme.

—¿Dónde está Lois? —suelta Donovan en voz baja, pero lo bastante fuerte como para que el otro lo escuche.

—En mi habitación —miento, deliberadamente.

La sonrisa de Don se ensancha; entiende perfectamente lo que intento hacer. No sé por qué, pero me gusta hacerle rabiar un poco. Una dulce venganza por haber causado esta convivencia forzada.

—¡Es hora de darle la sorpresa a Laney! —grita Lewis mientras pilla una caja rectangular—. Toma, guapi, de parte de todos nosotros.

Observo el papel de regalo mientras Becca y Lois se acercan, esta última un poco rezagada, incómoda por estar en la misma habitación que Kirk y en medio de todo el mundo.

—¿No es el mismo papel que el año pasado?

—Ya conoces la obsesión de Lewis —se ríe Adam—. Es exactamente el mismo, cuidadosamente guardado en su caja de « ESPECIAL CUMPLEAÑOS ».

—A mí también me tocó el mismo por mi cumple —añade Carter.

—Pero ¡si el papel de regalo está hecho para arrancarlo y destrozarlo! —lanza Becca sin saber la que se le viene encima diciendo algo así.

—Como lo rompa, le pincho las ruedas —amenaza Lewis.

Habla en serio, y su TOC con el papel de regalo es extremo. Los guarda todos, sin excepción, y si me equivoco al despegar el celo, soy hombre muerto. Así que, bajo la mirada penetrante de mi amigo y las divertidas de los demás, empiezo a desenvolver mi regalo como si fuera una bomba por desactivar.

—Uf, ¡qué buena esta, chicos! Un equipo de música para el coche, ¡brutal! Gracias. Estoy feliz.

—Pero ¿de qué año es ese cacharro? —murmura Becca inclinándose.

—Lo de fuera está hecho en plan vintage a posta, para que no desentone con el coche de Lane —le explica Don—. Su aspecto engaña, pero las funciones que tiene son increíbles.

Lewis estira la mano para recuperar su tesoro mientras yo me levanto y le doy las gracias a mis amigos, terminando con Juliet.

—Perdona por marcharme tan rápido, pero tengo que irme a currar —me avisa mientras se rehace la trenza.

—Te acompaño —se apresura a decir Kirk.

—¡Vale! ¡Hasta luego, chicos!

—¡Nos vemos pronto, Kirk! —canturrea Carter levantando la botella.

—O no —digo mientras me río por lo bajo.

Beso a Juliet y, cuando Kirk me tiende una mano reticente, se la estrecho sin apenas apretar mirándole directamente a los ojos.

No conozco mucho a Lois, pero me cuesta bastante imaginarlos juntos.

Me alegro de saber que Juliet se lo va a comer y escupir sin piedad.

Con un poco de suerte, volverá pronto para recoger a la que ha abandonado en mi casa.

Todos contentos, triple victoria. Veo que echa un vistazo detrás de mí y sigo su mirada hasta Lois, quien está de vuelta en la cocina.

Charla con Carter y Becca mientras el contenido de su vaso va bajando un pelín demasiado rápido.

Kirk frunce el ceño y se gira hacia la puerta para irse.

Desde que ha visto a Lois al entrar en casa, no ha parado de lanzarle miradas empalagosas, pero ella estaba tan paralizada que ni se ha dado cuenta.

La noche se va desarrollando en un ambiente relajado. El alcohol, las pizzas y los videojuegos hacen que rápidamente me olvide de Corazón Roto.

—Parece que vas a pasar la noche solo, Don —bromea Lewis señalando a Becca.

Apoyada de manera sensual en la isla, lleva hablando con Carter más de una hora. Y, por las miradas que se lanzan, apuesto a que pronto van a pasar a la acción. En cuanto a Lois, ha desaparecido.

—Bueno, toca pirarse —suelto finalmente mientras me estiro.

Carter y Becca no se lo piensan dos veces y se van juntos, seguidos de cerca por los demás. Bajo con ellos hasta la acera para despejarme un poco.

—Feliz cumpleaños de nuevo, y dale las buenas noches a Lois de mi parte —me dice Adam parándose frente a su coche.

Me lanza una mueca y yo me encojo de hombros.

—Intenta no ser un cabrón con ella, Lane. Ponte en su lugar dos minutos. Cuando todo está muy reciente, va y se encuentra a su ex con la nueva tía que...

—¿Quieres ir tú a consolarla? —replico con una mueca burlona—. Te la cambio por Ramos Fernando.

—¿Por quién?

—Déjalo.

—Sé cómo eres, tío... No soportas que alguien esté triste por algo que para ti no tiene sentido, pero los demás también tienen derecho a sufrir. Incluso por un corazón roto.

Lo miro sin pestañear; mi mirada le transmite todo lo que pienso. Tiene la prudencia de no insistir y se une a Lewis en el coche.

Subo a casa y cierro la puerta de golpe.

—¡Vía libre! —exclamo sin moverme.

Solo me llega silencio, y giro la cabeza para buscar a Corazón Roto.

—¿Lois?

No está ni en la cocina ni en el sofá. Cojo la última botella de vodka de la mesa baja y doy un trago mientras avanzo hacia el pasillo del fondo. Deslizo la puerta del cuarto de baño. ¡Tiene que estar aquí!

¡Bingo! Está sentada en el suelo, con las rodillas, rodeadas por sus brazos, pegadas al mentón. Se mece suavemente y, pese a la música que todavía retumba desde el salón, escucho los sollozos que intenta contener.

Me aclaro la garganta para avisarle de mi presencia, pero no reacciona. Bebo otro trago y apoyo un hombro en el marco de la puerta. Mi instinto me empuja a picarla un poco, no para ser cruel con ella, sino para desdramatizar la situación. Pero ella abre la boca antes que yo.

—Lo siento, Lane.

—¿Por qué? —pregunto, sorprendido por la sinceridad en su voz.

—Sé que es tu cumpleaños...

—Eso, a todo esto, ¿dónde está mi regalo? —bromeo sin éxito.

—Ya sé que es la hermana de tu mejor amigo, pero... la odio —continúa sin hacerme caso.

Lo suelta con una vocecita tan baja que me deja sin respuesta.