Sin freno (Campus drivers 1) 4. Lois #3
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4. Lois #3

—¿Me acercas al alojamiento? Mis cosas siguen en tu maletero.

—Como si lo hubiera olvidado. ¿Dónde te quedas?

—En el motel del que te hablé ayer.

—Vamos a casa de Bennett a celebrar la vuelta a la uni esta noche —nos interrumpe Lewis, apoyando su brazo sobre mis hombros—. ¿Te vienes?

—No, gracias, estoy agotada.

Me libero de su abrazo y vuelvo a Lane, quien parece encantado con mi negativa.

—¿Entonces?

—¡Con mucho gusto! —declara con entusiasmo—. ¿Has descargado la apli de los Campus Drivers? Solo el primer viaje era gratuito —precisa con tono cortante.

Saco el móvil del bolso y tecleo durante varios minutos, irritada con los suspiros impacientes de Lane; tras el duodécimo, me arrebata el dispositivo de las manos.

—Voy a vincular la cuenta a tu PayPal —aclara antes de devolvérmelo, sin delicadeza, una vez completada la tarea.

En ese instante, suena un tono en su bolsillo.

—«CorazónRoto04» —descifro en la pantalla el apodo que me ha puesto.

—Al parecer no eres la primera con ese apodo.

—«CaptainLane» —leo mientras sacudo la cabeza.

—¡A tu servicio!

Me señala su coche haciendo un gesto con el mentón y, antes de seguirle, echo un último vistazo hacia Kirk. Ha desaparecido, y siento que se me vuelve a crear un nudo en el pecho. Es como si me lo hubiera sacado de la cabeza durante un rato mientras hablaba con estos cuatro energúmenos. ¡Qué rabia!

Lane se encarga de colocar mi bolso junto al resto de mi equipaje, que está exactamente donde lo dejé. Me siento en el asiento del copiloto sin decir palabra.

—¡Nos subimos con vosotros! —canturrea Lewis desde atrás, acompañado de Donovan—. Adam irá directo a casa de Bennett, ¡tiene un viaje!

Me quedo callada mientras voy dando golpecitos con el pie involuntariamente a la vez que rasco la costura del asiento.

A medida que van pasando los kilómetros, la ansiedad aumenta.

Nunca he dormido en un motel. Mi único consuelo es que está cerca de casa de Kirk.

Es absurdo, pero saber que está cerca me impide enfrentarme a esta ruptura inesperada.

En el fondo, creo que también por eso me dejé llevar con Lane.

Le echo un vistazo rápido, que me devuelve sin sonreír.

Frena bruscamente, y vuelvo mi atención a la carretera.

Se ha formado un atasco, cosa bastante rara en esta zona de la ciudad.

Los minutos van pasando y el coche no avanza ni un centímetro.

—Sigo diciendo que los asientos deportivos no son nada prácticos —exclama uno desde atrás—. Además, son superrígidos, ¡nada como los asientos de toda la vida! Lane, ¿cómo consigues tumbar a las chicas con este diseño?

—Y bueno, Lois —lanza Donovan apoyándose entre los dos asientos delanteros—, ¿qué vas a estudiar en la OSU?

—Fisioterapia del Deporte.

—¿En serio? Pero ¡qué guay!

—¿Por qué?

—¡Lewis y yo estamos en el equipo de baloncesto! ¡Te encargarás de masajear nuestros musculitos contracturados!

—Dicho así, suena asqueroso —digo con una mueca mientras me aparto y apoyo la espalda contra la puerta.

—Lo sé —dice riéndose, satisfecho con su propia broma—. Tendrás que acostumbrarte, los Buckeyes nunca se han caracterizado por su buena educación.

—Kirk no es así —replico demasiado alto.

Lane aparta la mirada de la carretera por un instante y me observa también fugazmente.

—¿Quién? —pregunta Lewis acercándose.

—Olvídalo. ¡Menudo tapón se ha creado! —prosigo con tono agudo—. ¿Ves el final o algo?

Oigo que se asoma por la ventanilla para intentar ver el origen del atasco.

—Se ven luces de policía y humo. Gira a la derecha, Lane, todo está bloqueado delante.

El coche dobla la esquina y acelera por una perpendicular. Tengo un mal presentimiento mientras nuestro conductor da la vuelta por el barrio.

Al llegar al otro lado de la calle, muy cerca del motel, mis temores se confirman. La calle sigue bloqueada, y los policías controlan el tráfico un poco más adelante.

—No...

Me desabrocho el cinturón y salgo del coche. Corro hasta una barrera de seguridad y me pongo de puntillas, aunque ya empiezo a entender la magnitud del problema.

—¡No os quedéis ahí! —me grita un policía—. ¡Vamos! —insiste al verme paralizada.

Retrocedo sin dejar de mirar el humo negro que sale del edificio alto. El motel. «¡Mi motel está ardiendo!».

Mi espalda choca con algo. No, alguien. Intento moverme, pero el cuerpo que me bloquea no cede, y mis ojos arden como si el humo los irritara.

—¿Qué pasa? —pregunta Lewis a mi derecha.

Donovan se coloca a mi izquierda, y rápidamente adivino quién me bloquea por detrás. Lane es mucho más alto que yo, así que no le cuesta ver el desastre que está ocurriendo más adelante.

—Joder, nunca había conocido a nadie tan gafe. —Habla tan bajo que su pecho vibra contra mi cabeza. Tiemblo y me tambaleo un poco, antes de tragarme el sollozo que amenaza con salir.

—¿Qué se está quemando? —pregunta Lewis, quien no ha entendido lo que está pasando.

«Mi alma, entre las llamas del infierno».

—El motel Break Inn.

—Pero ¿a qué vienen esas caras, colega?

—A que ese sitio era mi única opción —digo mientras se me escapa un suspiro involuntario.