Te debo una suite en Barcelona #2
JAJAJAJ
—Perdona, Marga, mi compañera de piso… —me disculpo a la vez que bloqueo el móvil. Ella le quita importancia con un movimiento de mano.
El móvil vuelve a vibrar y yo bufo. Pero la vibración se repite.
—Joder, qué pesada es.
—En serio, no te preocupes. Respóndele con calma.
Se lo agradezco con una sonrisa y, cuando giro el móvil, veo que no es Beka. El corazón se me salta un latido al darme cuenta de que ha respondido. Me ha respondido. ¡Me ha respondido!
Siento ganas de gritar. Saltar. Bailar. Y, en cambio, ahí me quedo. Quieta, con la mirada clavada en una notificación que no me atrevo a abrir. Porque puedo leer el contenido del segundo mensaje. Y no, no me gusta.
Trago saliva y hago acopio de toda mi fuerza de voluntad para pulsar encima.
Partner in crime [Cris]:
El viernes tengo un juicio a las 12
Lo siento…
El corazón se me abre en ese instante. Y poco tiene que ver con que no pueda venir conmigo, sino con que siento que todo está roto. Me pica la nariz y hago mil esfuerzos por no romper a llorar. Finjo una sonrisa.
Partner in crime [Cris]:
Enhorabuena por el trabajo
Beka me lo contó
Yo:
Gracias
Partner in crime [Cris]:
Estoy muy orgulloso de ti ♥
—Nati me envió toda la información de la reunión.
Será el viernes a las doce —me dice Marga, resolutiva, lo que me hace poner un poco los pies en la tierra.
Bloqueo el móvil—. Dice que mañana me envía el link para que puedas modificar los datos de la reserva de avión. ¿Dos personas? ¿Vas acompañada?
Trago saliva y asiento. Luego niego. Y todo eso en el momento justo en que nos traen nuestras consumiciones. A mí me dejan mi vasito con hielo junto con el café solo largo. A Marga, su té.
—No… no lo sé. Le tengo que preguntar a Beka si quiere venir a Barcelona. Pensaba invitar a mi mejor amigo, pero me acaba de decir que le va fatal.
—Vaya… —murmura—. ¿Y por qué no cambias la reunión?
Parpadeo. Paso el café de la taza al vaso antes de enfocar mi atención de nuevo en ella.
—¿Eso se puede hacer?
—¿Cambiar una reunión? Se hace cada dos por tres —dice divertida—. Si supieras la cantidad de ellas que he cambiado hasta la fecha…
—¿Muchas?
—¡Miles! —exclama con una sonrisa—. En este caso, además, es muy fácil. Solo necesitamos que Luna tenga disponibilidad. No pasa nada porque sea, por ejemplo, el lunes en lugar del viernes. Incluso tal vez pueda ser mañana y así conserváis el finde.
Trastea en el móvil. Veo que entra en la web de la empresa y accede con su usuario y contraseña. Yo tengo el mío, pero no llegué a acceder todavía. Es posible que me esté costando adaptarme al puesto. Revisa un calendario antes de mirarme.
—Podríamos cambiarlo para mañana viernes a las… ¿once y media? Quizá un poco pronto. Tendría que hablar con Nati a ver si puede acelerar la compra de los billetes. Y a ver si quedan, claro… —murmura—. Dame un momento, le voy a preguntar.
Parpadeo, confusa. Soy incapaz de hablar.
Marga teclea algo en su móvil y espera uno, dos…
hasta tres tonos, hasta que mi amiga le responde.
Sonrío al escuchar el modo en que se dirige a Nati.
Marga lleva unos diez años en la empresa, es resolutiva y muy inteligente.
Se acaba de mudar a Galicia para trabajar codo con codo conmigo y… la adoro.
—¿Podrías cambiarlos? —Espera hasta que asiente—. Perfecto, envíame todo ahora y lo cubrimos ya.
Cuelga.
—Mañana, el tuyo a las siete y cuarto de la mañana. El otro a las nueve y media. Juntos, a estas alturas, imposible.
Trago saliva.
—Vamos a ver, Marga, que yo no sé si Cris puede volar mañana a Barcelona. Igual tiene otro juicio, tiene una hermana de catorce años de la que se hace cargo. ¡Igual ni quiere viajar conmigo y era una excusa!
Entro en pánico. Me llevo una mano a la boca. Quiero gritar. Marga me pasa una mano por los hombros y me acerca a ella.
—¿Y si le preguntas?
Cojo aire y lo suelto. Tiene razón. Tampoco es que pueda hacer otra cosa.
Yo:
Y mañana?
Lo envío y salgo de su conversación. No sé si aparece el doble check ni si cambia de color.
Dejo el móvil sobre la mesa y hago un par de respiraciones profundas.
Cojo aire y lo suelto. Me llevo el vaso a los labios y le doy un trago, como si necesitara ponerme más nerviosa, como si me hiciera falta.
—En fin, Marga, cuéntame algo sobre ti. Que vinimos a tomar algo y te estoy haciendo trabajar.
Ella suelta una carcajada antes de negar con la cabeza.
—Me gusta mi trabajo, Andy. Y me da la sensación, por el modo en que miras ese móvil, que necesitabas ese cambio…
—No están las cosas muy bien entre nosotros, Marga… —murmuro—. Éramos muy amigos, todo se jodió precisamente en Barcelona, y…
—Necesitas recuperar eso.
—Lo necesito recuperar a él. Lo echo de menos.
El móvil vibra y Marga sonríe. Deja a un lado la cucharilla de su té y se lo acerca a los labios para darle un trago largo. Yo respiro hondo.
Partner in crime [Cris]:
Mañana…?
Yo:
Te vendrías conmigo a Barcelona mañana?
Viernes y sábado
Esta vez no salgo de la conversación. Me quedo ahí. Necesito ver el momento exacto en que lo lee y cuánto tarda en responder. El doble check cambia de color en el acto. No responde, en cambio, me llega una notificación del grupo de amigos. Parpadeo extrañada al ver que es un mensaje suyo.
Partner in crime [Cris]:
@Beka LaQueen Valen se puede quedar mañana en tu casa?
Sonrío. Presiono los labios, porque quiero controlar mis impulsos de soltar un grito que retumbe por todo el local. Mataré a Beka si dice que no. Estoy a punto de hablar, cuando veo que mi compañera de piso está escribiendo.
Beka LaQueen:
Ella sí, tú no
Tu hermana me cae guay
Pero no sé dónde va a dormir
Partner in crime [Cris]:
Seguro que encuentra dónde
Gracias!!
Beka LaQueen:
Nada de gracias, me debes una
Me tiemblan los labios. Tengo unas ganas tan potentes de llorar que, en algún momento, supongo que rompo a hacerlo. Las lágrimas me brotan sin parar.
Un nuevo mensaje, esta vez, en nuestra conversación privada.
Partner in crime [Cris]:
Dime hora y ahí estaré