Sin efecto retroactivo No deja de ser mi mejor amiga
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No deja de ser mi mejor amiga

Me encantaría poder acostumbrarme a esto. A despertarme entre sus brazos, con su pierna sobre la mía y su cabeza en mi pecho.

Me encantaría que esto se convirtiera en mi día a día, pero la luz que se cuela entre las rendijas de la persiana me notifica que se ha acabado el hechizo y que toca volver a ser el adulto responsable de siempre… aunque sea lo último que quiero.

Me desembarazo de sus brazos despacio, porque lo último que deseo es despertarla. Se mueve y se gira hacia el otro lado. Enreda los pies en las sábanas y lanza un suspiro cansado que me hace sonreír.

Porque me encanta ser el motivo de su cansancio. Y me encanta que ella sea el mío, pese a que hoy, justo hoy, no me lo puedo permitir. Me fijo en la hora que me regala el despertador, pasan dos minutos de las siete y media.

Me levanto y, justo cuando me giro hacia Andy, veo que se abraza a las sábanas y deja a la vista parte del tatuaje que ayer tuve el privilegio de besar en varias ocasiones. Aunque me encantaría volver a hacerlo, y, de paso, perderme de nuevo entre sus brazos, sé que necesito darme un baño.

Apuro el paso hacia la ducha para quitarme el rastro de la noche.

Cuando me miro al espejo, me doy cuenta de que me hace falta un afeitado urgente, y que debería pasar por casa con tiempo suficiente para eso.

Más que nada para dar una buena imagen ante el juez.

Me conozco tan bien este mundo que me da miedo.

Sé que su reacción, si llego así, no será la misma que si llego recién afeitado. Pese a que yo sea el mismo.

En el momento justo en que abro la puerta del baño, se abre también la de la calle, como si estuvieran sincronizadas. Beka sonríe y ladea la cabeza.

—Vaya… parece que te has tomado al pie de la letra eso de dejarte llevar una noche.

—Me mira de arriba abajo y en ese momento soy consciente de que solo llevo una toalla alrededor de la cintura—.

Solo para que lo sepas, he cuidado a tu hermana genial.

Y no la he dejado sola. He llamado a Noa para que me sustituya, pero necesitaba venir a casa antes de ir a trabajar, huelo a algodón de azúcar que tira para atrás.

La miro con una mueca divertida en el rostro.

—No me importa que mi hermana se quede sola en casa, tiene catorce años, no cinco, lo que no quería era dejarla sola después de todo lo sucedido —aporto divertido—. Pero gracias.

—¿Así que llamé a Noa para nada? —Asiento—. ¡Mierda! Que encima ahora le debo un favor que se puede cobrar cuando quiera…

—Es Noa, dudo que te pida nada del otro mundo.

Ella chasquea la lengua, poco conforme con mis palabras, pero asiente.

—¿Cómo estás? —Me encojo de hombros.

Todavía no he vuelto a encender el móvil por lo que, por lo que a mí respecta, puede haber ardido el mundo a mis espaldas.

—Eres un buen tío… —murmura—. Te mereces todo lo mejor del mundo.

Beka rara vez me dedica este tipo de palabras tan bonitas y delicadas, así que no puedo evitar emocionarme. Sonrío y niego con una seca cabezada. Necesito poner cierta distancia con la emoción para no romperme.

Camino hacia la habitación de Andy y me sorprende la cantidad de luz que entra por la ventana. Ella ya no está dentro. Me visto con la misma ropa del día anterior y, cuando salgo, las escucho hablar desde la cocina.

—Últimamente vivo con la sensación de llegar tarde a todo —dice Beka. Doy un paso más—. Tierra llamando a Andy…

—Eh, sí, perdona —murmura—. ¿Decías?

—Decía que estás enamorada perdida. —Me freno tan pronto la escucho. El corazón amenaza por dar un triple salto mortal. Andy se ríe, no lo afirma… pero tampoco lo niega, ¿verdad?

—No es eso, solo…

—¿Y qué pasa con Joaquín, tía?

El corazón, que hace escasos segundos, prometía correr su propia maratón, se me ralentiza. Al instante. Respiro hondo. Se hace el silencio. Andy no responde.

Ni lo había pensado, joder.

—No me mires así. Él quiere tener hijos, vale, pero, si no quisiera…

—Pero es que quiere, Beka, vamos a dejarlo estar.

Tiemblo. Los dientes me castañean, producto de los nervios.

—Ahora mismo seguirías con él de no ser por eso.

Lo da por hecho. Yo ni siquiera lo había pensado. Es verdad. Todavía estarían juntos. Juntos. Mierda. Me quedo tan en shock que no soy consciente de que Beka sale por la puerta y me ve ahí plantado como un pasmarote.

Finjo una sonrisa. Muy falsa, porque mi corazón se acaba de abrir por completo. Y la herida duele. Supura.

—¿Qué haces todavía aquí? —pregunta—. Pensé que tenías un compromiso en los juzgados a las nueve. Sabes que necesitas afeitarte antes de ir, ¿no?

Vuelvo a la realidad y asiento. Me hace un gesto con la cabeza para que entre a la vez que ella se escabulle y se mete en el baño.

Andy eleva la mirada y me sonríe. Está sentada a la mesa, con una taza de café entre las manos. Su sonrisa es mucho más real que la mía. Es preciosa. Su sonrisa y ella.

Pero no deja de ser mi mejor amiga.

Y no pienso atarla, jamás, a algo incompleto.

—¿Quieres un café?

Niego con la cabeza, busco el móvil en el bolsillo delantero de mis pantalones y lo enciendo. Me entran más de quince notificaciones. Suspiro.

—Tengo que…

Asiente. Camino hacia ella y le doy un beso en la frente, porque ahora mismo no me siento preparado para mucho más que eso.

Necesito tener puestos todos mis sentidos en lo de hoy. Necesito que Valentina sea todo lo importante ahora mismo.

Mi corazón podrá esperar. Ya está acostumbrado.