Sin efecto retroactivo No recordaba cuánto lo echaba de menos #2
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No recordaba cuánto lo echaba de menos #2

—Por favor, ¡me encanta! Es que hacéis una pareja tan bonita, chiqui.

Siempre supe que terminaríais juntos. Y no por lo de la amistad, eso es una tontería; tú y yo somos amigas y, no sé tú, pero yo nunca me planteé dar un paso más —bromea.

Yo tuerzo la nariz como si no estuviera del todo conforme antes de negar con la cabeza—. Pero sí que os veía algo… algo .

Y con eso lo define todo. Lo sentencia con un simple algo que, pese a no significar nada de buenas a primeras, lo dice todo.

—¿Y tú qué? —pregunto, porque necesito desviar el tema de mí y de mi incipiente no relación con mi mejor amigo.

Noa chasquea la lengua y se aparta de la puerta un par de pasos. Camina hacia el interior del salón y, cuando desvía la mirada hacia fuera, algo le nubla la mirada. Se queda tiesa. Parpadea, confusa, y vuelve la mirada sobre mí.

—¿Qué ocurre, nena?

No responde. Vuelve a mirar hacia fuera.

—Mira, aquí están mis amigas normales —escucho la voz de Beka. Noa cambia el semblante por uno todavía más tenso, más pálido, más enfermo—. Noa, ¿te acuerdas de Elena?

Me levanto y me acerco a la puerta. Me sitúo justo al lado de Noa.

Frente a nosotras, se encuentra ella. La reconocería al instante, aún sin saber su nombre.

Simply Elena, influencer de estilo de vida —bastante más saludable que Beka, por lo poco que sé— y moda, y nueva amiga de mi compañera de piso.

Es mucho más guapa de lo que recordaba, tiene el pelo de un rubio tan claro que se acerca al blanco, y tan liso como una tabla de planchar. Verás la humedad aquí, amiga mía.

—Yo soy Andy —le recuerdo. Bajo del bungalow y le doy dos besos, que ella me corresponde al instante.

—Espero no interrumpir nada…

—¡No digas tonterías! —exclama Beka, contenta—. Si total es una salida entre amigos y nos sobra un hueco en el bungalow , ¿verdad?

—No. —Es lo primero que dice Noa, quien, al parecer, se había dignado a salir y ahora está detrás de mí. Todas las miradas se posan sobre ella—. Quiero decir que estamos a tope. Igual habría que buscar otro para ella, para que se sintiera más cómoda.

—En mi cama hay un espacio maravilloso para ti, muñeca —responde Íñigo. Ruedo los ojos y me cruzo de brazos.

Camina hacia ella, seductor. Ella se muerde el labio inferior antes de negar con la cabeza.

—Te lo voy a ahorrar, machote: no me van los hombres.

El silencio se ve cortado por el sonido que provoca una risa contenida. Y es posible que sea la mía, no me escondo.

—No le hagas caso a ninguno de estos dos —dice Beka. Mira hacia los dos cortarrollos de la tarde con dardos envenenados—. Te puedes quedar en el sofá cama del nuestro. Noa, ¿te parece bien así?

Está tensa. Muy tensa para ser Noa, que es la risueña del grupo. Fuerza la sonrisa.

—Si a ella no le importa dormir en un sofá…

Miente, y no sé por qué, pero lo hace.

—¡Claro que no me importa! —exclama Elena, feliz—. Gracias, chicas, os prometo que ni os enteraréis que estoy aquí.

—Lo dudo —murmura Noa por lo bajo.

Yo la escucho, y sé que Javi también, porque se gira al momento y la analiza. Valen se ofrece a decirle cuál es su cama —sofá cama, más bien— y desaparecen dentro del bungalow , entre cuchicheos.

—Pero ¿qué os pasa? Tíos, es mi amiga, ¿podéis ser un poco más simpáticos?

—Yo no puedo serlo más, Bekita… si lo soy, me bajo los pantalones aquí.

—Puaj. —Pongo los ojos en blanco e Íñigo me sonríe, burlesco.

—Yo es que no sé qué hace aquí, eso es todo —aporta Noa—. Me pilló por sorpresa. Pensé que seríamos solo nosotros.

—Pero ¿no os lo conté? —Noa la mira, con los ojos muy abiertos, antes de negar.

El resto no le damos importancia porque, en realidad, me da la sensación de que nos da un poco igual—.

Estaba segura de que sí. Había quedado con Elena hace unos días para hacer una colaboración juntas, pero al venirnos a pasar aquí el finde… se me desbarataron los planes.

Se ríe, pero su gesto cambia cuando ve el rostro gélido de Noa. Después me mira a mí y se encoge un poco sobre sí misma.

—Habría sido todo un detalle que lo comentaras…

No dice nada más y comienza a caminar hacia la salida del camping . Un paso tras otro, sin mirar atrás. Nos miramos entre todos hasta que Javi hace un movimiento de cabeza y sale tras ella.

—¿A los demás os molesta? —Yo me encojo de hombros—. ¿Son celos? ¿Cree… cree que Elena es más importante para mí que vosotras?

No creo que lo piense, más que nada porque eso no tendría sentido, pero es verdad que, al recapitular, me doy cuenta de que Noa no se comportó en ningún momento de forma racional frente a la influencer.

—Igual le cae mal… —tanteo—. Ya sabes, de las redes y eso.

—Elena es muy guay en redes —aporta Oliver—. Aparte de estar muy buena. Igual la envidia. Creo que Noa es la que está más buena de las tres… sin ofender y eso.

—Tranquilo, chato —le quita importancia Beka—. Has dicho «sin ofender» y ya sabes que es la fórmula mágica para que tus palabras no ofendan.

—Pero la próxima vez dilas antes, para que nos podamos poner la vaselina —bromeo.

—Así que mi teoría es que igual ahora se siente intimidada. Le va a robar el protagonismo.

—Pero a Elena no le van los tíos —aporta Íñigo a la conversación—. Eso le resta encanto.

—Y a Noa no le va nadie —se burla Oliver—. Dudo que le importe.

—¿Y si, en lugar de hacer pesquisas de idiotas, hablamos con Noa y se lo preguntamos?

Me giro para mirar a Cris, la voz de la conciencia de todos.  Resoplo, porque tiene razón.

Este finde tocará tener una conversación seria con mi segunda más mejor amiga.