Le tengo cero respeto a la vida, cariño #2
La zona está tan llena que no tengo espacio ni para moverme dos pasos y girar, así que lo hago sin más, con la distancia que tenemos, y, cuando lo hago, me doy cuenta de que fue un grandísimo error.
Está muy pegado a mí. Sus labios están a la altura de mi nariz.
Solo tendría que estirarme un poco, nada. Un movimiento minúsculo.
—Uf, cómo está esto…
Noa, te quiero. Sonrío y me tiro sobre ella al grito de «cumpleañera feliz». Cuando me aparto, Cris se acerca y le da un abrazo gordo, de esos que te dejan sin respiración.
Beka se escabulle y consigue sentarse en un banco. Yo apuro el paso y me siento a su lado, porque con estos tacones no aguantaré mucho más. Le doy un trago a mi bebida, luego otro. No sé si es matamoscas, pero no me bajo del hecho de que contiene algún tipo de veneno.
Cuando termino la copa, Nico nos sirve otra a las tres, a pesar de que a Noa todavía le queda la mitad. Se ríe ante el detalle y tira el contenido de la primera en el suelo. Como si el sabor pudiera mejorar, amiga.
Oliver se apoya en el banco y saca el móvil del bolsillo, trastea en él.
—Eres consciente de que esto está lleno de tías, ¿no? —le pregunta Beka. Él se encoge de hombros, como si le diera lo mismo.
Es un ligón de app . Punto y se acabó. Lo peor es que encontrará a alguien en la otra punta de la Alameda a través del teléfono y terminarán follando como conejos. En fin.
—¡Tía! —Pego un bote al escuchar una voz muy cerca de mí, pero ese «tía» no es por mí, es por Beka. Mi amiga se levanta de un salto y abraza al grupito que se acerca—. Acabo de ver la foto en la que decías que venías de camino. ¿No la acabas de subir?
Y se refiere a sus redes, claro. Beka suelta una risita antes de asentir. Puedo estar poco a favor de que Beka comparta su vida en redes, pero lo cierto es que tiene mucho cuidado con no decir con exactitud dónde está.
—Tías, ella es Elena, de Simply Elena —nos la presenta. La reconozco en el momento y abro mucho los ojos antes de reír. Se ve que entre ellas tienen su propio club montado.
Simply Elena es una influencer muy reconocida en el mundo de las redes. Rubia, pelo liso, impoluto, perfecto… con el punto de maquillaje para destacar sin llamar la atención. Especializada en moda y en productos de belleza, claro.
—¿Y a nosotros no nos la presentas? —Íñigo, cómo no. Beka rueda los ojos.
—¡Claro! Esos de ahí son mis amigos, Nico y Cris. —Los señala y ambos saludan de forma comedida—. A los demás no necesitas conocerlos.
Elena aprieta los labios y asiente, porque, en realidad, la situación le resulta de lo más divertida. Con ella vienen dos chicas más —que recuerdo también haber visto por redes— pero se mantienen en un segundo plano, con sus vasos de alcohol y su móvil bien pegado a su mano.
—Yo soy Andy —me presento y me incorporo para darle un beso. Ella me corresponde en el acto, con rapidez. Tan pronto me siento, me doy cuenta de que Noa no se mueve, está como petrificada en su lugar, con la mirada clavada en el infinito y más allá.
La miro y, cuando se da cuenta, sonríe despacio. Es un gesto sutil y solo para relajarme, única y exclusivamente.
—¿Y tú eres…?
Elena se acerca a ella y Noa la mira. Tiene la mirada perdida, confusa.
—Es Noa —dice Beka por ella. Mi amiga aprieta los labios y asiente, antes de levantarse para darle dos besos a Elena, que se queda con nosotras dos canciones más y se toma un par de fotos con Beka.
Cuando se acercan las doce, y ya llevamos, al menos, unas tres copas entre pecho y espalda, nos vamos hasta el mirador de la Alameda para poder ver los fuegos del Apóstol. Nosotros y el ochenta por ciento de los que están aquí.
Sin pensarlo dos veces, porque, de haberlo hecho, es más que posible que me hubiera quedado a medio camino, estiro los brazos hacia Cris para invitarlo a acercarse.
Me sonríe con esa ternura innata que le brota cuando estamos juntos y me abraza.
El aroma de su colonia, mezclado con el de la copa que tiene en las manos, me hace cosquillas en la nariz.
Beka también se acerca y me abraza por el otro lado, lo que rompe un poco la esfera de complicidad… y se agradece, en verdad.
Tan pronto termina el espectáculo, todo se diversifica un poco y nos quedamos mucho más tranquilos en la zona.
—Tío, ¿por qué no nos pones una bachatita ahí? —le pide Íñigo a un chico que tiene un altavoz cerca de nosotros. Es parte de un grupito que parece haberse asentado ahí, con sus litronas de veinte céntimos de marca blanca.
Ellos le hacen un gesto afirmativo antes de poner una conocida de Chayanne.
Íñigo se lo agradece y comienza a mover las caderas.
Pone la vista en Noa, que lo ignora, después pasa por Beka para terminar en mí.
Todavía siento el brazo de Cris alrededor de la cintura, que me libera cuando Íñigo se acerca y me hace sentir rara, desprotegida, tal vez.
Me hace un gesto con la mano para que baile con él. Ruedo los ojos, pero acepto. Porque me apetece. Porque estoy borracha. Porque hoy todo me da igual.
Bailamos a trompicones, sin ningún sentido. Me río y él se pega mucho. En otro momento sentiría que invade mi espacio personal, pero hoy no me importa.
—¿Te mueves igual de bien en todos los ámbitos? —me pregunta, seductor.
Suelto una fuerte carcajada. Estoy borracha. No demasiado, pero sí lo suficiente para que el alcohol me nuble los actos, y no me gusta sentirme así.
Tomo nota de no beber más por hoy.
Se acerca a mí. No es nada extraño, a Íñigo le encanta bailar así, lo hace con todas. No me siento especial. Es lo habitual, y este tipo de música lo pide.
Noa y Oliver bailan a nuestro lado, aunque con más guasa que erotismo, la verdad. Íñigo es distinto. Parpadeo y lo enfoco.
Siento un par de miradas sobre nosotros, pero intento no fijarme en eso.
—Estás preciosa.
—Anda, gracias —respondo resolutiva. Me echo el pelo hacia atrás, divertida. Él sonríe, pero es una sonrisa lobuna. Se acerca un poco más a mí y me canta una frase concreta de la canción. Una que me hace parpadear un par de veces.
—Solo quiero tu sabor —murmura después, ya sin una pizca de ritmo.
Desvía la mirada a mis labios. Con el poco espacio que hay entre nosotros, sumado a que me cuesta reaccionar, se aproxima tanto que nuestras bocas se fusionan. Las piernas no me reaccionan. La mente tampoco. Así que me besa con la voz de Chayanne de fondo.