Sin efecto retroactivo ¿Por qué diablos quieres matarme? #2
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¿Por qué diablos quieres matarme? #2

La canción termina y comienza una de Melendi que provoca que Beka salte a la pista con un grito. Es una canción mítica del cantante asturiano de su época rumbera. Beka es fan de póster, así que no tenía ninguna duda de que aparecería alguna de sus canciones en medio del repertorio.

Noa e Íñigo se unen a su baile, desorganizados, pero, aún así, están para un vídeo de TikTok. Beka, cantando a todo pulmón; Noa, con un movimientos de caderas sutil; e Íñigo dando pequeños saltos alrededor de ambas. Por separado no tiene sentido, pero juntos son todo un espectáculo.

Y son mi espectáculo. Me encanta.

Cuando la canción cambia a Aitana, Cris se une a ellos. Veo a Paula al fondo y le hago un gesto de cejas. Dejo abandonado a Javi y corro hacia ella. La agarro de la mano y tiro hacia la pista. No necesito invitar a Javi, porque, tan pronto llego al centro, ya está con nosotros.

No sé si lo que hacemos es bailar, o el maldito ridículo, pero me da igual. Me encanta. Lo necesitaba. Salto, canto, bailo. Desfogo. Grito. Oliver y Nico se unen en algún momento, Nico rodea a Noa con los brazos y bailan de un modo más coordinado. No romántico, ni sexual, solo… muy ellos.

Siempre pensé que Nico y Noa terminarían sus días juntos porque son tal para cual… con ciertas diferencias, como que a él hay que sacarlo de casa con sacacorchos o que ella es una princesa de azúcar. Pero, en esencia, tienen una energía muy parecida.

Paula baila con Beka. Me encanta ver a mi hermana con mis amigos. Se me hace extraño, porque, para mí, suelen estar en universos distintos. Y verlos en el mismo espacio, me ilusiona como nadie se puede imaginar. Y yo bailo entre Oliver y Javi. No sé si con ambos o con ninguno de los dos.

Cuando termina la canción, busco a mi hermana y la abrazo. Los demás se dispersan a su manera, algunos se quedan en el centro de la pista, y otros se recolocan alrededor del salón.

—No tengo ni idea de qué celebramos —me dice—, pero me da igual. Me alegra verte feliz.

Sonrío y asiento. Estoy feliz. No sé muy bien por qué, en qué me baso para tomar esta decisión, si es una locura o no… pero siento que estoy en un buen momento.

Pese a que todo está jodido. Qué curioso, ¿no?

—¿Te acuerdas que me comentaste que Beth tiene un contacto en el IGEMA?

Ella me mira confusa, como si necesitara comprender mis palabras. Supongo que no duda quién es Beth, ya que lleva año y medio felizmente —según creo— casada con ella. Así que supongo que está perdida con la última parte.

—Me refiero a…

—Sé a qué te refieres, Andy, pero pensé que no querías que nadie te ayudara a encontrar trabajo.

Aprieto los labios en una fina línea. Lo dije, lo grité, lo imploré. Quería que me contrataran por lo que soy, no por mis contactos, pero…

—Solo quiero enviar un currículum —digo para reducir el nivel de bajada de pantalones—. Pero si ella me recomienda…

Paula sonríe y me aprieta contra su pecho.

—Claro que sí, peque. —Me da un beso en la cabeza—. ¿Qué tal la vida sin Joaquín?

Me encojo de hombros, aunque el gesto es complicado, ya que ella me mantiene bien apretada en un abrazo.

Paula y yo somos muy parecidas: pelo castaño, ojos verdes, de una estatura similar; pero ella es mi segunda madre, ya que me lleva casi diez años.

—No sé cómo decírselo a mamá, creo que le caía bien.

—A mí me parecía un soso —reconoce—. A ver, quiero decir, si a ti te hacía feliz, pues genial, pero lo veía y pensaba: este en la cama tiene que ser un puto muermo. Y sí, lo siento, no puedo juzgar el sexo con un hombre porque en ese aspecto soy virgen, pero…

Me río y niego. Luego asiento. Me suelto de su abrazo y la miro.

—No, a ver, estaba bien. —No sé ni por qué respondo a eso, Paula se ríe porque no me cree.

—¿Y puedo preguntar por qué rompisteis?

El corazón se me para por un momento. Cojo aire y lo suelto. Hay miles de motivos por los que podría haber roto con Joaquín, le podría decir a mi hermana que porque no respetaba mis tiempos, o mi espacio, o incluso a mis amigos, pero la realidad es que el motivo fue contundente, claro.

—No te lo quiero decir —digo sin más.

Nunca le dije a mi hermana que no quiero tener hijos. Es algo que tengo claro desde que era una niña. Ella siempre me cuidó como si fuera mi propia madre y sé que desea serlo con todas sus fuerzas. No lo va a entender.

Se cruza de brazos y puedo ver cómo se le endurece el rostro ante mis palabras. Resoplo y me doy por vencida.

—Joaquín quiere ser padre.

Suaviza el gesto y asiente como si esa fuera la respuesta a todas sus dudas. Aprieta los labios y, solo con eso, me confirma que lo sabe. Ella sabe que yo no quiero tener hijos. Y me quiere igual a pesar de ello, no cree que soy una desnaturalizada ni una psicópata.

—Eres muy joven, pero me alegra que ya dejes las cosas claras.

Sus palabras me reconfortan como no se puede ni imaginar. Suelto el aire que no me había dado cuenta que llevaba un rato conteniendo. Ella me mira y sonríe.

—De pequeña, decías que tú querías ser la madre de una camada enorme de gatos —dice divertida—, que los niños te daban alergia. Siempre lo tuviste claro.

—Y tú también.

Ella siempre quiso. Qué paradójico todo. Se muerde la sonrisa, la veo enorme en el brillo de sus ojos. ¿Pero…?

—¡No me jodas! —exclamo por encima de la música. Tan alto que me gano la atención de casi todos—. ¿Estás…?

Asiente. Pego un grito impronunciable y me tiro sobre ella. Al momento, me separo como si temiera hacerle daño. Todos nos miran, normal, piensan que estoy mal de la cabeza. Voy a ser tía, pero bien de la cabeza tampoco estoy. Una cosa no quita la otra.

—¿Puedo? —pregunto, señalando hacia mis amigos. Paula asiente y yo me giro, orgullosa, y chillo a todo pulmón que voy a ser tía.

Mucha gente piensa que, como no quiero ser madre, odio a los niños. Nada más lejos de la realidad.

Y estoy feliz por ella. Y por Beth. Se lo merecen todo.

Todos se acercan a felicitarla. Cris, cuando se gira, camina hacia mí y me ofrece un botellín de cerveza. Le hago ojitos y casi empiezo a salivar.

—Te quiero —vocalizo sin sonido. Él sonríe y asiente.

—Lo sé, peque.

Me pasa un brazo por los hombros. Yo me llevo la cerveza a los labios y le doy un sorbo rápido. Sencillo. Permito que su sabor active mis papilas gustativas y se meta en lo más profundo de mi ser.

Puede parecer que exagero, pero, en realidad, es una sensación irrepetible.

—Javi lo dejó con Luis —me dice Cris sin más. Intento girarme para mirarlo, pero él me aprisiona más contra su cuerpo para que no pueda hacerlo—. Jode pensar que esto solo es posible si estamos solteros, ¿no?

—Y tanto… —murmuro—. Tal vez no encontramos a las personas adecuadas para entender esto.

—¿Esto? —pregunta confuso. Esta vez no impide que me gire, así que lo hago, porque necesito verlo.

—Sí, esto que tenemos. Todos, quiero decir.

—¿Y crees que podría funcionar de algún modo?

Siento como su aliento me eriza todos los vellos.

Aguarda mi respuesta, pero no tengo ni idea de qué responder.

La música ocupa el espacio vacío de mis palabras, mientras sus ojos esperan, con paciencia, a que sea capaz de encontrar la forma adecuada para sincerarme.

Para decirle que sí, que sí que lo creo.

Porque quiero creerlo. Quiero pensar que no es imposible, aunque la realidad nos quiera demostrar lo contrario.

Presiono los labios. Necesito apartarlo, pero sería demasiado obvia, y lo último que quiero es que sienta que me pasa algo.

Carraspeo un par de veces, busco con la mirada la solución a mis problemas, pero, por algún motivo, todos mis amigos parecen muy interesados haciendo sabe Dios qué cosas: Javi y Beka bailan como dos locos poco sincronizados; Nico e Íñigo están inmersos en sus teléfonos móviles; mientras que Noa y Paula charlan con tranquilidad.

Qué bien, justo cuando necesito que alguien me salve de una situación comprometida.

—Todos te echaban de menos —murmura. Siento un fuerte torbellino en mi interior, pero intento disimularlo. Trago violentamente, suspiro y asiento.

—¿Y tú? —pregunto, miro hacia el fondo del salón. Clavo la vista en un cuadro feo. La gente tiene un gusto pésimo.

—Yo el que más.

Genial, la respuesta que necesitaba. Me llevo una mano al rostro. Intento buscar una salida rápida. Lo necesito, pero ya… o me volveré loca.