Hoy nada es más importante que yo
Maldigo al sentir una fuerte luz, proveniente de mi teléfono móvil.
Estiro el brazo y compruebo que se trata de una llamada. Gruño al apreciar quién es el remitente y cuelgo, más que nada porque ahora mismo no puedo hablar con nadie. Tal vez balbucear un poco y gracias.
También tengo millones de notificaciones. Entro en las de Instagram, casi todas son reacciones a las únicas dos fotos que compartí ayer: la de los helados en el Planelles Donat y una mía en la Sagrada Familia. Al parecer, también subí una story en el bar, al final de la noche. Esa no la recordaba.
Releo por encima los mensajes, pero solo los tres últimos captan toda mi atención: uno de Beka, donde me repite que me odia, pero que no me odia.
Me río al instante. El segundo es de Natalia, una de mis compañeras de universidad, que me pide que le explique por qué no le dije que estoy en Barcelona; y el último, de Joaquín. Decido no leerlo todavía.
Abro el WhatsApp y lo primero que hago es buscar a Natalia.
Yo:
Tía, no sabía que vivías aquí!
Yo vine a pasar el finde con un amigo
Si hubiera sabido, ayer mismo le habría avisado para que nos echara una mano con nuestro paseo. Un guía nunca viene mal. Y reencontrarse con una vieja amiga siempre es maravilla pura.
Nati Uni:
Desde hace seis meses
Me dice que tiene planes, pero que se deshace de ellos con la rapidez de un chasquido de dedos, que necesita verme sí o sí. Así que quedamos para la tarde.
Al salir de su conversación, sin querer, entro en la de Joaquín. Maldigo internamente, lo último que quería era que le saliera el maldito doble check azul.
Son cuatro los mensajes que tenía sin leer. El primero es la respuesta a mi mensaje de embarazo imposible por llegada de menstruación, un simple «ok»; y, a partir de ahí, tenía dos más. Un «¿Cómo estás?» y un «Necesitamos hablar».
Pero, en el que me fijo, es en el último.
Joaquín My Love:
¿Qué haces en Barcelona?
Hago un par de respiraciones profundas, porque esto solo me demuestra que tendría que haber dejado la relación antes. Ya no estamos juntos, ¿entonces…? ¿Le debo alguna explicación? Yo ni sé qué hace con su vida porque no he entrado a comprobarlo.
Vale, puede que yo sea una exnovia extraña, pero no me parece lógico que le recrimines algo a alguien con quien ya no tienes nada, ¿verdad?
Yo:
Estoy bien
Estoy de viaje
Y no, no necesitamos hablar de nada
Te dije que esto era definitivo
Pero espero que tú estés bien
Respondo al fin, sin emojis que puedan suavizar mi mensaje, sin dar pie a una respuesta. Porque quiero lo mejor para él, pero también quiero que entienda que es definitivo. Y no hay nada que hablar.
Salgo de mi habitación, arrastro los pies y llamo un par de veces a la de Cristian. No responde.
Espero el tiempo prudencial, que son unos dos microsegundos, y abro la puerta. Me llama la atención la cantidad de luz que entra por la ventana y su cama, que está perfectamente hecha. No durmió aquí.
Desbloqueo el móvil para enviarle un mensaje, pero, al entrar en su contacto, veo que ya tengo uno. De hace unas cuatro horas.
Partner in crime [Cris]:
Buenos diassss!
Salgo para la conferencia. Te dejo algo para desayunar en la mesa del salón
El café te lo puedes hacer o lo puedes pedir, como prefieras
♥ ♥ ♥
En ese momento caigo en que estamos en Barcelona gracias a que, una de las personas más importantes de mi vida, y con la que crecí, tiene un congreso de abogados.
¿Cuándo nos hemos hecho tan mayores y por qué yo no hago estas cosas y él sí?
¿Qué estoy haciendo mal?
Le respondo, pero me sale un solo check .
Bloqueo el móvil y arrastro los pies hasta el salón, donde me espera un cruasán enorme —el más grande que he visto en mi vida— y una palmera de chocolate.
Busco la cafetera con la mirada y la encuentro en una mesita.
Es una de esas cafeteras de cápsulas. Añado una de no sé bien qué, me da lo mismo, y espero con poca paciencia a que el café caiga, gota a gota.
Mientras se hace, desbloqueo de nuevo el móvil y navego por los menús. Tengo varios comentarios en la foto de Instagram sin responder, y así se van a quedar durante un largo rato. Pero, finalmente, llamo a la persona a la que le había colgado la llamada.
Espero un tono, dos, tres… Mientras, le doy pequeños pellizcos al cruasán y me lo llevo a la boca. Está buenísimo.
—Hermanita, dichosos los ojos. O los oídos, más bien —me saluda Paula al otro lado de la línea—. ¿Qué tal todo por Barcelona?
—¿Tengo que pedir permiso para viajar o algo? —pregunto divertida.
Ella se ríe. Escucho movimiento, como si la hubiera pillado con las manos en la masa, o fregando, qué sé yo. Tarda un momento en responder.
—Jamás, solo quería saber cómo llevas la situación con Joaquín.
Parpadeo. No le había dicho nada. Lo había decidido así. Creo que se da cuenta de mi silencio, porque prosigue.
—Estás en Barcelona con Cris, cariño —aporta—. Joaquín tiene que estar que se sube por las paredes ahora mismo.
Aprieto los dientes, tanto que los hago rechinar. Joder, todo el mundo lo veía. Todo el mundo menos yo. Porque, si no llega a ser por un retraso de nueve días, yo seguiría con él.
Y, en el fondo, sigo sin ver que fuera una persona tan posesiva.
—Ya, no… no lo sé, supongo. Lo hemos dejado.
Lo suelto sin más. Mi hermana guarda silencio.
—¡Joder! —exclama—. Sé que lo que voy a decir ahora no lo debería manifestar en voz alta, pero… ¡joder, sí! Me alegro. Y es posible que mañana vuelvas con él y me arrepienta de esto, pero ese tío te tenía atadísima.
—No creo que fuera así, Paula…
—¿Y cómo estás?
—La verdad… bien. Se me hace todo un poco raro, pero bien. En plan soltera. ¿Sabías que ayer ligué con un tío? En un bar. Muy loco todo. No sé ligar, soy malísima, y, aún así…
—Pues me alegro —dice sin más—. En fin, te tengo que dejar que… bueno, que te tengo que dejar, peque. Hablamos estos días. Te quiero.
Y cuelga, sin más. Últimamente, mi hermana está rarísima, pero no puedo decir nada cuando yo fui la que no quise compartir ciertas partes de mi vida con ella.
El móvil vibra. Es un mensaje de Joaquín. Repite la vibración. Estoy a punto de responderle, por simple cansancio ya, cuando veo que es otro remitente. Uno que ni recordaba tener en el móvil.
Me río por el juego de palabras tan poco original del nombre en la agenda.
Manel Bar(celona):
Hola guapa. ;)
Gracias por la noche de ayer. Fue divertido.
Espero estar hablando con Mireia.
Si este es el número de la tintorería de la calle treinta y cuatro, esta tarde voy a por los pantalones.
Gracias por vuestra atención.
Me río al leer su nuevo mensaje.
Yo:
Calle treinta y cuatro?
No suelo dar números falsos, aunque puede que nombres sí…
Soy Andrea. Y, a pesar del estúpido intento por invitarme a una cerveza…
me gustó bailar contigo ayer.
Dejo el móvil sobre la cama y me pongo el bikini que compré ayer y el albornoz por encima. Justo cuando estoy dispuesta a salir de la habitación, el móvil emite una luz azul. Otro mensaje.
Manel Bar(celona):
Hola, Andrea. Encantado!
Yo no te mentí, me llamo Manel
Estoy tan desentrenado en esto de las citas, que no pensé que tuviera que dar un nombre falso JAJAJ
Quieres que te (no) invite a una cerveza esta noche?
Me río de nuevo al leer su respuesta.
Yo:
No puedo aceptar la (no) invitación ahora mismo
Pero, si no te importa, te confirmo más tarde
Dejo el móvil encima de la mesita y salgo de la habitación en dirección al spa .
El sitio es maravilloso. Está compuesto por una piscina amplia, de agua caliente, y una zona de masajes que pienso aprovechar más tarde. Me meto en la piscina y dejo que el agua me relaje por completo. Lo necesitaba. Apoyo la cabeza hacia atrás y pierdo la noción del tiempo.
—Hola, preciosa.
Esa voz, seductora y… femenina. No la conozco, tiene un deje extranjero que me provoca curiosidad.
Abro los ojos y los fijo en ella. Me sonríe y me observa de una forma que puedo interpretar con facilidad. Es una mujer de unos treinta y tantos, rubia y muy guapa. A simple vista, diría que rusa… o polaca. Tiene unas facciones muy limpias, muy de ninfa de los bosques o de princesa Disney.
Me da la risa tonta y, tan pronto veo que la cosa va en serio, niego. Meneo la cabeza de un lado a otro, sin poder evitar que la risa surja de mis cuerdas vocales.
Parece que entiende mi gesto, porque se separa. Menos mal, no me apetecía tener que lidiar con algo así. Aunque, ahora que lo pienso, con lo mal que me va con los tíos, tal vez no sería mala idea probar cosas nuevas. Río ante mi ocurrencia.
No tengo ni idea de la hora que es, pero sí sé que llevo aquí dentro bastante más tiempo del que esperaba en un principio. Me permito disfrutar de esto un rato más antes de subir a la habitación con una única certeza: hoy nada es más importante que yo. Y así debería ser siempre.