Sin dejar rastro Meredith
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Meredith

hace once años

Mayo

La niña de los Tebow llega cubierta de marcas de fórceps y hematomas.

A los pocos minutos de nacer se le hincha la cabecita.

A las pocas horas tiene convulsiones. Se le hace una ecografía craneal, en la que los médicos descubren una hemorragia intracraneal, también conocida como hemorragia cerebral.

La causa: excesiva fuerza mecánica en la cabeza por uso indebido de fórceps.

Para cuando la autorizan a ir a casa ha mejorado mucho. Pero incluso entonces hay incertidumbre sobre su futuro.

Pasan los días y las semanas. Los Tebow hablan con un abogado. Deciden demandar al Dr. Feingold por negligencia. Shelby me llama y me pregunta si me parece buena idea.

— Jason dice que lo demandaremos, me guste a mí o no. Está enfadado. El Dr. Feingold la ha cagado.

No soy yo quien debe decidirlo.

—Debes hacer lo que sea mejor para tu familia —le digo.

Tiene razón. Yo estaba allí. Lo vi con mis propios ojos. Vi cómo le hizo cosas al cuerpo de Shelby sin su consentimiento, cosas que conllevan un gran riesgo.

Una demanda por negligencia no podrá cambiar lo sucedido. Es muy probable que la niña tenga necesidades especiales. Un acuerdo podría ayudar a pagar el cuidado de la niña.

—Si puedo ayudar en lo que sea, contad conmigo. Lo que sea que necesitéis Jason y tú.

El abogado estudia el historial médico de Shelby y del bebé. Habla con expertos médicos. Decide que los Tebow tienen posibilidades.

Una semana después, el Dr. Feingold recibe la demanda por negligencia médica. Lo primero que hace es llamarme.

—Esos no distinguirían el culo del codo. Nunca sabrían si he hecho algo mal. Usted les metió esa idea en la cabeza.

—No debería hablar con usted —le digo.

—Como sea cosa suya, como la idea sea cosa suya, la arruinaré. ¿Me oye? La arruinaré.

Dice las palabras una a una. La. Arruinaré.

Cuelgo el móvil. Mucho después de colgar me sigue temblando todo el cuerpo. Me quedo más de una hora sentada ante la mesa de la cocina, incapaz de moverme. Mis pensamientos se centran en una sola cosa: ¿cómo piensa arruinarme? ¿Me arruinará la carrera? ¿O me arruinará físicamente?

Josh vuelve a casa con los niños. Están animados, ruidosos. Delilah está muy emocionada. Van a tener gusanos de seda en clase. Cuando se conviertan en mariposas, las soltarán fuera.

Me abraza. Está creciendo. Cuando me abraza, ya lo hace por la cintura.

—¿Cuándo quedaré para jugar con Piper y la estúpida de Lily Morris ?

— Delilah —le digo—, no llames estúpida a nadie.

—Es que lo es —dice con un puchero.

— Delilah —le aviso, con voz severa.

—Vale. Pero ¿cuándo quedaremos para jugar? ¿Y tiene que venir Lily Morris ? —suplica.

Apoya las manos en las caderas, sacando una de ellas. Solo tiene seis años y ya sabe ponerse trágica. Le sonrío, deseando que todo en la vida fuera así de complejo. Lo siento por ella. Sé lo que duele que te dejen al margen.

—Sí. Lily Morris tiene que venir. Porque no queremos que nadie se quede al margen. No sienta bien, ¿verdad?

Una vez se han ido los niños, me dirijo a Josh .

—Estaba a punto de ponerme a hacer la cena.

La televisión se enciende en la habitación de al lado. Ni siquiera me he parado a pensar en la cena.

—¿Qué tal si pedimos algo? —sugiere él.

Me gusta la idea. No me apetece cocinar. Tengo un nudo en el estómago. Ni siquiera sé si podré comer.

Josh me mira. Es increíblemente guapo. Josh siempre ha sido increíblemente guapo.

Y elegante. Lleva un traje azul marino entallado.

Tiene muchos trajes. Otros hombres coleccionan puros o matrículas; Josh colecciona trajes.

Algunos a medida y otros de confección. Siempre intenta impresionar.

Tiene una personalidad agradable, un campo gravitatorio propio.

La gente se siente atraída por él. Es extrovertido y su sonrisa ilumina cualquier habitación. Cae bien a todo el mundo.

Debería confiar en él lo suficiente como para contarle lo de los Tebow , lo que pasa con el Dr. Feingold y lo de los mensajes amenazadores.

Pero se sentiría decepcionado al enterarse.

Y se preocuparía. De entrada, querría saber cómo y por qué me metí en esta situación.

Y luego querría cambiar por completo mi manera de trabajar por otra con la que pensara que tendría menos riesgos personales y profesionales.

Pero me encanta lo que hago. Me encanta cómo lo hago.

Dejo a un lado a los Tebow y al Dr. Feingold . Pronto todo eso será cosa del pasado.