Sin dejar rastro Kate
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Kate

hace once años

Mayo

Al día siguiente, Bea me sorprende cuando estoy hablando por teléfono en el dormitorio. La creía fuera, trabajando en su estudio, así que no me he molestado en bajar la voz. No tenía ninguna intención de contarle lo que había planeado; sabía que intentaría disuadirme.

—¿Lo he entendido bien? —pregunta detrás de mí.

Me vuelvo para mirarla. No la había oído entrar. Parece decepcionada conmigo. Se queda allí parada, recién duchada y vestida, mientras yo me seco el pelo, todavía mojado por la ducha. Voy envuelta en una toalla, mientras me visto a toda prisa para que no lleguen los albañiles y me pillen así.

—¿Tienes una cita con el Dr. Feingold ? —pregunta Bea incrédula.

Me acerco al vestidor. Busco algo que ponerme, enfadándola. No sé qué decirle, pero tampoco merece la pena mentirle. Bea y yo no somos de las que se mienten. Pero, encima, ha oído lo que ha oído. Sabe lo que he hecho.

Me pongo unas bragas y unos vaqueros.

—¿No lo sabías? —pregunto, hablando con tono ligero—. ¡Sorpresa! Estoy embarazada.

— Kate —dice, negando preocupada con la cabeza. Sabe tan bien como yo que no estoy embarazada—. ¿Y qué piensas decirle cuando te haga la prueba en su consulta y salga negativa?

Mi respuesta es inmediata porque lo tengo pensado.

—Un falso positivo. Las pruebas de embarazo caseras son buenas, pero no infalibles. Cosas que pasan.

Anoche no podía dormir. ¿Cómo iba a dormirme con todo lo que estaba pasando?

No paraba de elucubrar sobre Meredith y Delilah , preguntándome dónde estarían.

Acostada en mi cama, solo podía pensar en dónde estarían durmiendo ellas, si es que dormían.

En Shelby durmiendo ya para siempre. Imaginando lo que pudo pasarle en los momentos previos a su muerte.

Preguntándome qué le habrían hecho exactamente para quitarle la vida.

¿La apuñalarían? ¿Le dispararían? ¿La estrangularían?

Nadie lo ha especificado. Entonces mi mente pensó en la sangre que la policía había encontrado en el garaje de Josh y Meredith .

¿Sería de Meredith ? ¿De Delilah ? ¿Cómo llegó allí?

Entonces mis pensamientos saltaron al Dr. Feingold , a la denuncia por negligencia, a las dos figuras que se escondían en la oscuridad de la casa de los Dickey aquella noche de semanas atrás, cuando Cassandra miraba.

¿Sería el Dr. Feingold una de ellas? ¿Les habría hecho algo a Meredith y a Delilah ?

En algún momento, en medio de la noche, supe que tenía que ver a ese hombre. Ver por mí misma si era capaz de matar.

—Entonces te acompaño —decide Bea .

—No puedes —le digo.

—¿Por qué demonios no? —pregunta ella. Está enfadada porque se preocupa por mí.

—Porque una pareja de mujeres no puede concebir por sí sola —respondo—. Levantaría sospechas. El Dr. Feingold querrá saber por qué no hemos ido a ver a nuestro especialista en fertilidad si estamos embarazadas.

—No tenemos por qué decirle que somos lesbianas.

Le diremos que soy tu amiga. Este bebé es consecuencia de una aventura de una sola noche con un hombre.

No dejaré que hagas esto sola. Podría ser peligroso, Kate .

No sabemos si lo es. O te acompaño —dice, dándome un ultimátum, porque con frecuencia es lo que hace Bea dentro de nuestra relación, tomar las decisiones—, o no vas.

Bea no se deja convencer. Está decidida, así que acepto.

Termino de arreglarme y la sigo hasta abajo, donde me siento en la encimera de la cocina y busco en el portátil los síntomas del embarazo temprano.

No tendré que fingir las náuseas porque, con Meredith y Delilah todavía desaparecidas, tengo el estómago revuelto. Apenas puedo retener nada.