Sin dejar rastro Kate #2
38%

Kate #2

Me preocupa que Shelby lo haya demandado por negligencia.

Se demanda a muchos médicos. Siendo yo médico, ese es uno de mis principales temores.

Muchas de las demandas por negligencia se resuelven o desestiman antes de llegar a los tribunales.

Pero, aun así, siguen teniendo efectos duraderos en las finanzas y la reputación de un médico.

Si el Dr. Feingold es la clase de persona que describe Jeanette , me pregunto cómo reaccionaría si lo demandasen.

Jeanette se encoge de hombros.

—Puede que no lo sepamos hasta dentro de un tiempo.

Algunos de esos niños acaban con un diagnóstico de parálisis cerebral.

Otros con trastornos convulsivos. O con retrasos en su desarrollo.

Meredith pensaba testificar contra el Dr. Feingold .

Esta semana prestaba declaración —dice, y por un segundo me quedo sin aliento.

Creo que ese médico hizo algo para callar a Meredith y que no declarase contra él. Es todo muy oportuno. Primero desaparece Shelby y luego Meredith , dos mujeres testigos de su negligencia.

Nos quedamos calladas, cada una perdida en sus propios pensamientos. Al final, Jeanette se aleja y se detiene bajo un árbol apartado, mientras mira a las nubes de lo alto. La observo durante unos instantes.

—Tengo un mal presentimiento —dice Bea , desviando mi atención de Jeanette .

La lluvia aprieta y luego amaina. Hace que el atardecer llegue antes de lo habitual. Al final de la tarde ya está oscuro y las nubes son densas y grises. Esta noche habrá tormenta, y violenta, según predicen los meteorólogos.

Más tarde, a primera hora de la noche, vemos que el coche de Josh baja por la calle. Aparca delante de la casa. Se queda allí parado, sin salir, mientras los demás miramos, expectantes. Contenemos la respiración, preguntándonos qué sabrá Josh que no sepamos ya. ¿Habrá muerto Meredith ?

Lo veo por el parabrisas. Sigue un rato allí sentado, inclinado sobre el volante.

¿Estará llorando? ¿O solo recuperando el aliento?

Pienso en acercarme, en ir al coche, en tocar la ventanilla y llamar su atención.

Pero Josh se merece estos instantes de paz.

Lleva horas fuera. Son casi las cinco. Llevamos mucho tiempo reunidos en su césped, manteniendo una vigilia casi silenciosa.

Todos se han quedado. Ninguno se ha ido, pese al mal tiempo que hace.

Y nadie se irá sin saber qué ha pasado en el río.

Josh no tiene fuerzas cuando sale del coche.

Tropieza con el bordillo, tambaleándose como si hubiera estado bebiendo.

Pero no está bebido. Tiene los hombros encorvados hacia delante, la cabeza tan gacha que la barbilla casi toca el pecho.

Ha estado llorando. Lo lleva escrito en el rostro, aunque se le hayan secado las lágrimas, en los ojos enrojecidos e hinchados.

Parece diez años mayor que esta mañana y está completamente agotado.

Tiene sucias las manos y la rodilla de los pantalones.

Se dirige hacia nosotras. Pero se detiene a medio camino.

Se apoya pesadamente contra un árbol, enterrando el rostro entre las manos como si no pudiera continuar.

Allí solloza, el cuerpo preso de convulsiones, apenas a seis metros de distancia de nosotras.

Bea me rodea con los brazos, sujetándome para que yo tampoco me derrumbe.

Ha sucedido lo peor. Meredith ha muerto.

Nadie se acerca a él. Nos quedamos paradas y lo dejamos llorar.

Muchos rompemos a llorar. Yo me llevo la mano a la boca, esperando que la emoción que llevo acumulada en mi interior salga a borbotones.

Pero no lo hace. La contengo, mientras me concentro en lo que debe hacerse.

Encontrar a Delilah . Ampliar la búsqueda.

No podemos cruzarnos de brazos llorando la pérdida de Meredith cuando debemos encontrar a Delilah .

Bea llora en silencio detrás de mí. Hemos intercambiado los papeles. Normalmente la emocional soy yo, y Bea la lógica, la que organiza los planes. Pero Bea y Meredith se querían mucho. Bea y Delilah también.

Habrá un funeral. Habrá que hacer preparativos. Bea y yo ayudaremos a Josh con ellos. No debe hacerlo solo. Ahora que sabemos que Meredith ha muerto, estará completamente desquiciado.

Esas palabras se quedan atrapadas en mi cabeza. Me resultan incomprensibles. Meredith ha muerto. No pueden ir juntas.

Pero es Josh quien las niega cuando consigue reponerse.

—No era ella —dice con voz estrangulada.

—¿Cómo que no era ella? —pregunta alguien.

—El cuerpo —dice—. No es el de Meredith . Es el de esa mujer, la tal Tebow —grita, y, que Dios me perdone, pero siento el mayor de los alivios. Se me doblan las rodillas y solo entonces brotan las lágrimas. Lágrimas de alivio porque sea Shelby y no Meredith .

Nos cuenta que el Sr. Tebow fue a comisaría a identificar el cuerpo.

—¿Qué le ha pasado? —pregunta alguien—. ¿Cómo murió?

Es la pregunta que nos hacemos todos. Pero solo uno de nosotros tiene el valor de preguntar.

—No se sabrá hasta después de la autopsia —dice Josh .

Pero nos cuenta que investigan la muerte de Shelby como si fuera un homicidio. Que era evidente que había sido un crimen. Todos ahogan un grito y se quedan callados.

En ese momento, una agente de paisano sale de la casa de Josh y de Meredith .

Es una mujer morena de rasgos marcados: mandíbula angulosa, nariz recta, pómulos sobresalientes.

Labios finos, ojos rasgados y mejillas tersas.

Podría ser guapa si sonriera. Viste un traje pantalón y lleva una pistolera con el arma debajo de la chaqueta.

El viento sopla, separándole las solapas de la chaqueta y le veo la pistola.

Cruza el césped hasta Josh , seguida por un detective de menor rango.

Creo, como una idiota, que va a consolar a Josh , a recitarle alguna estadística, a decirle algo tranquilizador sobre ese tipo de casos.

Pero cuando habla lo hace con voz monótona y nada consoladora.

—Sr. Dickey . Detective Rowlings . —Le enseña la placa—. ¿Le importaría entrar un momento con nosotros? —dice, haciendo un gesto hacia la casa de Josh , que ahora tiene detrás.

Yo la miro. Es una casa preciosa, azul, de estilo Reina Ana, con más de un siglo de antigüedad. Es grande y adornada, con torres redondas y tejados cónicos que la hacen parecer un pequeño castillo. Josh y Meredith viven en ella desde que nos vinimos aquí.

Josh se endereza. Se seca los ojos y enjuga las lágrimas que le quedan. Todos los demás prestan atención y se inclinan para escuchar.

Josh mira a su alrededor. Ve a la multitud de personas que esperan alguna noticia. Todos los hombres, mujeres y niños aquí presentes, que han dejado a un lado su vida por Meredith y por Delilah .

—Si tienen algo que decir acerca de mi esposa —dice Josh , luchando por mantener la compostura—, pueden decirlo ya. Toda esta gente está aquí por la misma razón: encontrar a mi familia.

—No tenemos noticias, señor —dice la detective Rowlings con severidad, negando con la cabeza—. Queríamos hacerle unas preguntas.

—¿Qué clase de preguntas? —pregunta Josh .

—Si no le importa —dice ella—, preferiríamos hablarlo dentro.

En la calle aparece una furgoneta. Se detiene justo detrás del coche de Josh . De ella salen un hombre y una mujer con monos de protección Tyvek y se dirigen a la casa. Trago saliva pese al nudo en la garganta. Han encontrado algo.

—Tengo que ir a recoger a mi hijo —dice Josh . Mira su reloj—. Tengo que recogerlo de la casa de la canguro. Le dije que estaría allí a las cinco. Ya llego tarde. ¿No podemos aplazar esto?

—¿No podría arreglar lo de su hijo de otro modo? —pregunta la detective Rowlings , prometiendo que no tardarán mucho. No se muestra comprensiva. Dudo que tenga hijos.

Bea da un paso adelante.

—Nosotras iremos a por él —le dice a Josh , tocándole el brazo—. Kate y yo iremos a por él y lo cuidaremos hasta que acabes.

—Sería de gran ayuda —dice Josh por encima del hombro—. Gracias, Bea .

Josh , con la cabeza gacha, sigue a la detective hasta la casa y cierra la puerta ante la mirada de docenas de personas.