Kate
hace once años
Mayo
En el pueblo hay un río. Está bordeado por senderos ajardinados que serpentean a lo largo de la orilla del agua en una zona conocida como Riverwalk , el paseo del río.
Riverwalk es la joya de la corona del pueblo.
Cientos de personas acuden en masa a visitarlo todos los fines de semana.
Pasean por los senderos de losas, tiran monedas a la fuente y se hacen fotos en cualquiera de los puentes cubiertos que atraviesan el río.
En el centro del pueblo, esos senderos están cuidados y bien iluminados, con abundantes flores y una jardinería impecable.
No se ve ni una sola mala hierba. Las calles cercanas son todo tiendas de lujo.
El número de bares y restaurantes que hay en el centro se aproxima a los cincuenta.
Los fines de semana, es desesperante encontrar sitio donde aparcar.
Pero cuanto más te alejas del centro, más boscosas se vuelven las orillas del río.
Los paseos anchos y cuidados pasan a ser senderos formados por años de erosión causada por las personas que pasan por ese lugar, con las pisadas desgastando la tierra.
Luego el sendero se estrecha, pasa a ser una franja de terreno que serpentea entre árboles atravesando hierba y maleza.
Toda esa zona se ve infestada de mosquitos en esta época del año por las lluvias excesivas y las inundaciones.
Los mosquitos se reproducen en ambientes húmedos.
Ponen huevos en aguas estancadas, como los charcos.
Al estar protegidos por la densa copa de los árboles, los charcos nunca se secan del todo, así que el terreno es fangoso, lleno de musgo y cubierto de los restos mohosos de árboles.
Aquí es donde han encontrado el cuerpo.
Nuestro grupo se reúne ante la casa de Josh y de Meredith . Todos hablamos deprisa, compartiendo lo que sabemos. Es un tanto frenético. El aire vibra con el sonido de las voces, en un zumbido constante.
Miro a mi alrededor. Josh no está. Pero hay agentes de policía. Tienen los coches patrulla aparcados fuera y un agente hace guardia ante la puerta. Dentro de la casa hay más agentes que registran las cosas de Josh y de Meredith .
—¿Alguien ha visto a Josh ? —pregunto.
—Ha ido al río a ver el cuerpo —dice alguien.
Todos nos callamos un momento al oír esa palabra: «cuerpo». Se me encoge el corazón, esperando y rezando para que el cuerpo encontrado no sea el de Meredith o el de Delilah .
Hemos formado un círculo en el césped. Todo el grupo tiene los nervios de punta; estamos angustiados y derrotados. La lluvia ha amainado hasta ser una llovizna constante. Algunos nos protegemos de ella con paraguas. Los demás se mojan.
—¿Cómo sabemos que hay un cuerpo? —pregunta Bea .
—Mi mujer y yo nos enteramos de eso —dice un hombre, dando un paso al frente.
—¿Cómo? —pregunta ella.
—Estábamos en el paseo del río, enseñando la foto de Meredith y Delilah y preguntando si alguien las había visto.
Pasaron dos corredores. Les enseñamos la foto.
«No», dijeron. No las habían visto. Pero la policía estaba un par de kilómetros río abajo, intentando identificar un cuerpo que habían encontrado.
«Esperamos que no sea quien buscan», dijeron.
—Intentamos conseguir más detalles —dice la esposa—. Preguntamos por la zona por si alguien sabía algo.
Lo que averiguaron, nos dice, conteniendo las lágrimas, fue que un hombre que paseaba a su perro había descubierto el cuerpo esta misma mañana.
Estaba medio enterrado en la tierra. La cabeza y el torso medio tapados, con el resto sobresaliendo de forma poco clara.
Alguien dijo que debían haberlo enterrado mejor, pero que la lluvia de la noche anterior se habría llevado el barro y las hojas.
El primero que encontró el cuerpo fue el perro, atraído por su desagradable olor.
El río está crecido, a punto de desbordarse; un día o dos más tarde y se lo habría llevado la corriente.
—¿Tenía señales de violencia? —pregunta una mujer.
El marido y la mujer intercambian una mirada. Nos dicen que les dijeron que el cuerpo estaba desnudo y todos nos sobresaltamos. Todos pensamos lo mismo.
—Dios mío —dice Bea , a mi lado, cogiéndome la mano y apretándola con fuerza.
Nuestras miradas se cruzan, pensamos en lo que pudo pasarle a nuestra amiga antes de que abandonasen su cuerpo solitario, y también pensamos en Delilah .
Rezamos para que el cuerpo desnudo no sea el de ella, aunque si fuera el de Meredith , ¿dónde está Delilah ?
La muerte podría ser algo preferible a ser secuestrada por algún desconocido.
Como vivimos cerca de la casa de Josh , Bea y yo vamos a la nuestra a por aperitivos para el grupo de búsqueda, que ya tiene casi treinta integrantes.
Al entrar, vemos que los obreros siguen allí.
Tienen la música muy alta, algo de tecno en tonos graves que hace temblar toda la casa.
Están trabajando duro, pero se detienen cuando entramos. Se detienen y nos miran.
—Disculpen —digo, pidiendo perdón por entrar en mi propia casa.
Noto la mirada de un hombre clavada en mí mientras saco fresas del frigorífico, las lavo y las corto en el fregadero. Me parece incómodo. Bea coge dos bolsas de patatas fritas y todas las botellas de agua que puede cargar. Volvemos con el grupo, dando gracias por salir de allí.
Todos rechazan educadamente nuestra oferta de comida.
Nadie quiere comer. Todos notan la misma náusea en el estómago, la misma tristeza e inquietud por no saber qué estará pasando junto al río.
Es lo único en lo que podemos pensar todos.
Intento imaginarme la escena: la policía y los técnicos forenses, los periodistas, la cinta amarilla cercando el lugar.
Un cuerpo desenterrado entre las zarzas.
Al cabo de un rato, veo a Bea llevarse aparte a la comadrona. Las veo hablando en el porche delantero de Josh , a salvo de la lluvia.
Yo hablo con la mujer que fue la primera en saber lo del cadáver.
Me cuenta que su marido y ella intentaron ver el cuerpo para confirmar si era Meredith o Delilah .
Pero no fueron muy lejos, ya que la policía local les cortó el paso para que ni ellos ni ningún otro se acercara demasiado.
Son muchos los que habían tenido la misma idea, movidos sobre todo por la curiosidad morbosa de ver un cadáver.
Me disculpo con ellos y me acerco a Bea . Le tiendo la mano a la comadrona y le digo que me llamo Kate . La comadrona tendrá unos cincuenta y cinco años, con ojos amables y una sonrisa cálida. Tiene el pelo largo y canoso recogido en una única trenza que le cae por la espalda.
— Kate es mi pareja —dice Bea .
—Ah, claro —replica la comadrona—. Meredith hablaba mucho de ti. Solo cosas buenas. Soy Jeanette —dice, estrechándome la mano—. Meredith y yo a veces trabajábamos juntas.
Como doula, Meredith trabajaba en varios lugares. Asistía a partos en casas, a menudo con la ayuda de una comadrona. O en hospitales. Iba adonde sus clientas, dieran a luz en una bañera o en una cama de hospital.
Bea le está contando a Jeanette lo que supimos por Jason Tebow .
—Dijo que Meredith era su doula. En el parto debió salir algo mal, pero no quiso decirnos el qué. Insinuó cierta hostilidad por parte del obstetra.
—El Dr. Feingold —dice Jeanette , asintiendo pensativa—. No le cae bien a nadie.
—¿Por qué? —pregunto.
—No tiene mucho tacto con los pacientes.
Puede llegar a ser muy intransigente. No debió gustarle que Meredith estuviera allí, cuestionándolo y socavando sus decisiones.
Para Meredith , sus clientas son lo primero.
No le importa a quién pudiera cabrear en el proceso.
—Nos explica el papel de una doula: estar presente para brindar apoyo emocional y físico, empoderar a la madre y asegurarse de que el parto y el alumbramiento sean la mejor experiencia posible—.
Meredith es una doula maravillosa. No hay nada que no hiciera por sus clientas.
Hablábamos mucho de nuestras clientas, incluso de las que no teníamos en común.
El parto y el alumbramiento pueden llegar a ser agotadores.
Las largas horas imprevistas, el cansancio físico y emocional.
A veces puede ser algo emocionante y estimulante, pero también puede acabar contigo.
Nos apoyábamos mutuamente. Meredith es una buena amiga.
—Lo es —digo, pensando en todas las veces que Meredith se puso a mi disposición. Se me ocurre algo—. ¿Por qué recurrió Shelby a un obstetra como él si es tan intratable?
— Shelby estaba en una fase muy avanzada del embarazo cuando empezó a verlo —responde Jeanette —.
Hay muy pocos obstetras que acepten pacientes en una fase tan avanzada, ya que no disponen de todo el historial de la paciente.
Pero el Dr. Feingold la aceptó. También era de los pocos que no tenían la agenda ocupada, lo cual debería haber sido una señal de alarma.
—¿Sabes algo sobre ese parto en concreto? —pregunta Bea .
—Sí —responde Jeanette . Respira hondo y contiene el aliento. Al principio se muestra reacia a contárnoslo. Pero luego lo hace. Exhala lentamente el aire antes de decir—: La niña nació mal.
Bea y yo intercambiamos una mirada. Hemos visto a la niña. No nos pareció que tuviera problemas.
—¿Cómo es eso? —pregunta Bea .
—Sufrió daños cerebrales irreparables durante el parto.
Los Tebow han demandado al Dr. Feingold por negligencia.
El doctor debió haber hecho una cesárea, como le sugirió Meredith .
La madre estaba agotada. Pero él no quiso escucharla; nadie le dice lo que debe hacer.
En vez de eso, le hizo una episiotomía y utilizó los fórceps, aplicando demasiada presión al cráneo frágil del bebé.
—¿Pero se pondrá bien? —pregunto, preocupada por la pequeña Grace .