Kate #4
—¿Eran amigas?
—Más bien, no. A Shelby le caía bien, claro. Pero era una relación comercial. A Shelby le preocupaba el parto. Era su primer hijo y no tenía un umbral de dolor muy elevado.
—¿Así que contrataron a una doula? —pregunto, y él asiente—. ¿Por qué a Meredith ?
Se encoge de hombros. No sabe cómo Shelby conoció a Meredith .
—¿Cuánto tiempo tiene el bebé? —pregunto.
—Seis semanas. Se llama Grace , era el segundo nombre de Shelby . Shelby Grace —dice. No se me escapa que habla de su esposa en pasado—. Esta es Grace Eloise .
—Qué bonito —digo.
Bea pregunta si Shelby y Meredith siguieron en contacto tras nacer Grace .
—Un poco —dice Jason , encogiéndose de hombros.
Que nosotras sepamos, Meredith seguía en contacto con muchas de sus clientas incluso después de que estas dieran a luz.
La llamaban con preguntas sobre dar el pecho, irritación por los pañales.
Meredith las atendía porque era muy generosa, aunque contractualmente no estuviera obligada a hacerlo una vez nacido el bebé.
—¿Estuvo presente en el parto? —pregunta Bea .
—Sí —responde Jason —. Fue una puta pesadilla.
—¿Cómo que una pesadilla? —pregunto.
—Porque lo fue —dice, volviéndose reticente—. No puedo hablar de ello.
Baja la mirada hacia la niña que lleva en brazos y solo entonces ve la leche derramada y se da cuenta de la agitación del bebé. Devuelve la tetina a la boca y la niña se calma. Ya no agita brazos y piernas; se quedan quietos. Cuando Jason vuelve a mirarnos, tiene los ojos húmedos.
Nos pregunta por Meredith y por Delilah .
—¿Cuánto hace que desaparecieron?
—Su marido las vio ayer por la mañana. Fue la última vez —dice Bea .
—Una pena —dice Jason .
Por su tono, no sabría decir si es sincero. Me sorprendo mirándolo. Me pregunto si será de esa clase de hombre capaz de hacer daño a su mujer. Y, de serlo, ¿también se lo haría a Meredith y a Delilah ? Pero ¿por qué iba a hacerlo?
¿Qué clase de persona le hace daño a una niña?
Su versión de la noche en que Shelby desapareció tiene lagunas.
Amigos y vecinos aseguran que Jason y Shelby se peleaban a menudo, que solían ver a Shelby con moratones en brazos y piernas.
Jason argumentó que Shelby tomaba una medicación que le provocaba cardenales con facilidad.
Parecía tener una excusa para todo. ¿Por qué salió esa noche a correr tan tarde?
Acababan de darle permiso para hacer ejercicio y quería deshacerse de los kilos ganados en el embarazo.
Según Jason , Shelby se veía gorda, y el único momento en que podía correr era tras dormir a la niña.
La forma en que lo dijo sonó misógina. «Le dije que no fuera», dijo entonces.
«¿Qué culpa tengo yo de que desapareciera?
». Es decir, que había sido culpa de Shelby .
Intentó retractarse luego, cuando le preguntaron en una rueda de prensa.
No había querido decir eso, no quería echarle la culpa de su propia desaparición a su esposa.
Pero para entonces, la prensa ya lo había publicado.
No había marcha atrás. El público ya se había formado una opinión sobre él.
—¿Alguna pista sobre Shelby ? —pregunta Bea .
—La policía utilizó perros para seguir su rastro por un par de manzanas. Pero después desapareció. Creen que fue allí donde la raptaron. Utilizaron luminol y encontraron sangre en la calle. Alguien había intentado limpiarla. O puede que se la llevara la lluvia.
—¿Se sabe quién fue? —pregunta ella.
—Todavía no, pero tengo mis sospechas.
—¿En serio? —digo sorprendida.
— Shelby no tenía muchos enemigos, pero tenía uno.
—¿Quién? —pregunto, nerviosa. No conocía a Shelby . No sé qué clase de persona es o era, ni si era de las que tienen enemigos.
Él reflexiona un momento. No se apresura a responder. Mira a su alrededor, como si nos estuvieran observando.
—El Dr. Feingold —dice finalmente, con tono grave.
—¿Quién es ese? —pregunto.
Titubea un momento. Ha dicho más de lo que quería decir. Pero entonces suelta:
—Su obstetra.
—¿Por qué eran enemigos? —pregunto.
—No puedo hablar de eso —dice, y la conversación se interrumpe bruscamente.
Jason decide llevar dentro a la niña, a salvo de la lluvia, que justo empieza a caer.
Al principio es una llovizna, pero no tarda en volverse un aguacero.
Bea y yo miramos mientras Jason Tebow da media vuelta llevando torpemente al bebé en brazos y atraviesa la puerta a empujones.
Deja que se cierre con un portazo que nos sobresalta a la niña y a nosotras.
Al otro lado de la puerta, la niña empieza a gritar.
Damos media vuelta y volvemos por el camino.
—¿Qué crees que ha querido decir con eso? —susurro una vez en la acera.
Bea niega con la cabeza. No está segura.
Seguimos adelante. Visitamos más casas, llamamos a más puertas. Nadie ha visto a Meredith ni a Delilah . La ausencia de información, de respuestas, es agotadora. No estamos llegando a ninguna parte.
Pero entonces, casi a mediodía, el chat del grupo recibe un mensaje.
Han encontrado un cadáver.