Leo
presente
La verdad es que nunca creí que fuesen a encontrarte.
Hace mucho que renuncié a eso. Siendo sinceros, casi desearía que no te hubieran encontrado, porque ahora papá y yo nos las arreglamos bastante bien sin ti.
Le costó mucho superarlo. Y ahora vuelves y reabres la herida, haciendo que vuelva a llorar por mamá, como si acabase de morir.
La verdad es que no fue un buen padre hasta que superó tu ausencia. Pero has vuelto y ahora eres lo único que le importa.
Eso no significa que yo no pensase en ti. Pensé mucho en ti después de que desaparecieras, aunque lo único que había conocido era tu ausencia. Sabía que se suponía que tenía una hermana mayor, pero no la tenía. Sabía que, puestos a compararme contigo, yo iría en segundo lugar.
En nuestra casa hay una habitación que es tuya. No recuerdo que nadie la haya usado nunca. Es rosa, eso es todo lo que sé, porque se supone que no puedo entrar en ella y desordenarla. Está prohibida. Papá la trata como si fuera algo sagrado, pero solo es una habitación vieja llena de polvo.
Por tu culpa, en el colegio me tratan como a un niño con necesidades especiales. Se supone que todos deben ser buenos conmigo por ser el niño cuya madre murió y cuya hermana desapareció. La verdad es que nadie es bueno conmigo. De hecho, me tratan como a un bicho raro.
No recuerdo haber tenido una hermana. No puedo ponerme triste por eso.
Cuando desapareciste, intentaba recordarte.
Quería recordarte. Pero resulta que los recuerdos de los niños son raros.
Seguramente he dedicado demasiado tiempo a aprender qué son los recuerdos implícitos y los recuerdos explícitos, a saber por qué no puedo recordar que jugábamos juntos de pequeños, o que mamá me cantaba para dormirme, pero siempre noto el olor a beicon como un puñetazo en el estómago, y no sé por qué.
Papá dice que solías empujarme en el columpio del patio trasero.
Todavía tenemos ese columpio. No es un columpio de verdad, sino un tronco con dos cuerdas gordas que cuelgan de un árbol.
Seguro que no te acuerdas, pero cuando yo tenía tres años, y tú cinco, me empujaste tan fuerte que me caí del columpio de cara.
Yo tampoco me acuerdo. Pero papá me lo ha contado tantas veces que es como si lo recordara.
Es como si pudiera convencerme de que recuerdo lo que sentí al soltar las cuerdas, caer hacia delante y golpearme la cara contra el suelo.
Me dejó una cicatriz en un ojo. Todavía tengo la cicatriz, pero el recuerdo se me ha borrado.
No es un recuerdo falso porque realmente sucedió.
Solo es falso para mí. Hay una diferencia.
No sé por qué te cuento esto. Probablemente a ti no te importe.
Cuando desapareciste y yo quería sentirte cerca, buscaba tu nombre en Google.
Estás por todo internet, ¿sabes? Sobre todo, resúmenes de los días anteriores a tu desaparición.
Detalles sobre tu búsqueda y sobre lo que le pasó a mamá, la de veces que dijeron verte pero que nunca sirvieron para encontrarte, como lo de esa señora que te vio en un restaurante IHOP de Jacksonville , justo frente al concesionario de coches usados donde trabajaba.
Papá sacó un billete de avión esa misma noche, dejándome aquí, para irse a Florida y buscarte durante días.
Nunca apareciste. Tampoco al año siguiente, cuando un hombre aseguró haberte visto en un supermercado Safeway de Redwood City , California.
Ni la vez en que un camionero juró haberte visto en el World’s Largest Truck Stop .
Papá también fue a esos sitios, pero siempre volvía más triste y con las manos vacías.
Hay una recompensa por encontrarte, ¿sabes? No hay nada que la gente no haga por dinero, incluso mentir.
En internet también hay muchas teorías conspiranoicas.
Mi favorita es la del artículo de prensa sobre el desfile de Acción de Gracias de Macy’s , donde sale una chica al fondo de una foto en blanco y negro, que la gente asegura que eres tú.
La foto está por todo internet. Esa chica, sea quien sea, se ha hecho famosa para bien o para mal o para lo que sea.
La policía nunca consiguió identificarla, pero hay páginas web dedicadas a esa foto, como la de «Encontremos a Delilah », que creó un mindundi obsesionado contigo para encontrarte y conseguir el dinero.
La recompensa asciende ya a diez mil dólares. A la mujer que te encontró le ha tocado el gordo.
Pero, aunque la gente crea que internet lo sabe todo, hay algo que no dice y es que la chica que ha reaparecido no es la misma que desapareció.