Kate #3
Retomo lo del posible parto. Si Meredith tuviera una paciente de parto, ¿se llevaría a Delilah de no quedarle más remedio?
Un parto puede ser algo muy rápido y repentino, aunque yo no lo sepa por experiencia propia.
Pero las noches en que Josh , Meredith, Bea y yo nos tomamos una copa en el porche tras acostar a los niños, Meredith nos deleita con historias demenciales sobre los partos que ha atendido: mujeres que se niegan a empujar, padres con ataques de rabia cuando el hijo esperado resulta ser una hija.
Sobre las veces en que Meredith no consigue llegar a tiempo, o casi, porque la mujer de parto había pasado de dilatar dos centímetros a diez en un abrir y cerrar de ojos.
Quizá esta fuera una de esas veces. A Meredith no le daría tiempo a llamar a Josh o a dejar a Delilah con Bea , porque tendría que irse ya.
—En ese caso, si el parto fue así de rápido, ¿no habría vuelto ya a casa?
Bea mira a Leo, iluminado por la luz del porche. Parece tan pequeño. Se estremece cada vez que cae un rayo o retumba un trueno, y se aferra más fuerte a la pierna de Josh . Pero este está tan preocupado por Meredith y por Delilah que no se da cuenta.
—Oye, amigo —le dice Bea —. He hecho galletas. ¿Te gustan las de chocolate? —Él asiente dubitativo con la cabeza—. Están en la cocina, en la encimera. Sírvete tú mismo, ¿vale? Ya sabes dónde están.
Leo busca la aprobación de Josh . Josh fuerza una sonrisa.
—Ve, anda —le dice—. Pero quítate los zapatos.
Leo entra tímidamente en nuestra casa, y hace lo que le dicen antes de correr con los calcetines mojados a por una galleta, arrastrando la manta azul.
—¿Has llamado a la policía? —le pregunta Bea a Josh , una vez se ha alejado Leo.
Josh niega con la cabeza. Hay algo frenético en su gesto. Tiene la mirada enloquecida.
— Josh —pregunta Bea —, ¿tenía Meredith algún motivo para irse? —No se anda con rodeos. No es su estilo. Va directa al grano—. ¿Os habéis peleado?
—No nos hemos peleado —responde rotundo—. No como podríais pensar. Pero últimamente Meredith no era la misma. Estaba todo el tiempo estresada. Y muy callada. Yo quería saber por qué. Pero ella no me lo contaba. Me decía que no era nada, que estaba bien.
—¿Cuánto tiempo llevaba así? —le pregunto.
—No lo sé —responde—. Puede que dos semanas.
Hace como dos semanas de la última vez que vi a Meredith . Recuerdo aquella noche, la del trigésimo cumpleaños de Bea . No recuerdo que Meredith estuviera especialmente callada o estresada. Dicho esto, todos sabemos poner buena cara cuando hace falta.
—No es propio de Meredith tener secretos —digo.
Josh y Meredith tienen un matrimonio que sería la envidia de cualquiera.
Siempre procuran ser sinceros el uno con el otro.
Antes de casarse, se prometieron no acostarse nunca enfadados.
El tipo de promesa que suele hacer la mayoría de las parejas para luego acabar rompiéndola. Pero no Josh y Meredith .
Aun así, alguna vez les he oído hacer algún comentario sarcástico. A veces, en verano, al tener las ventanas abiertas, nos llegaba de su casa el sonido de voces enfadadas discutiendo. Pero el matrimonio es así. No se es feliz todo el tiempo. Bea y yo también discutimos.
— Meredith proviene de una familia rota, ¿sabéis? —dice Josh —. Igual que yo. Queríamos que la nuestra fuera diferente. Pero últimamente notaba que le pasaba algo.
—¿Como qué? —pregunto.
—No lo sé —responde—. Pensé que podía estar viéndose con alguien. Que podía estar desenamorándose de mí.
Sus ojos se mueven de Bea a mí y viceversa.
Quiere que alguna corrobore o refute su teoría.
Yo no puedo hacer ninguna de las dos cosas porque no lo sé.
Tampoco Bea . Conocemos bastante a Josh y Meredith , pero no tanto como para saber si ella podía serle infiel.
No somos ese tipo de amigos, y somos tan cercanas a Josh como a Meredith .
No somos más leales a uno que a otro. Si Meredith estuviera engañándole, no nos lo contaría.
—Es poco probable —digo. Lo hago para tranquilizarlo, pero la verdad es que nunca he tenido motivos para pensar que Meredith no estuviera locamente enamorada de Josh .
—Incluso si fuera así y, en el peor de los casos, Meredith fuera a dejarte, ¿por qué iba a llevarse a Delilah y a dejar a Leo? —pregunta Bea —. Nunca haría eso, Josh . Adora a sus hijos. A los dos. Y lo sabes.
Josh niega con la cabeza. Está perdido.
—¿Creéis que debo llamar a la policía o aún es demasiado pronto? Quizá deba esperar a que pase la noche, por si vuelve a casa. No quisiera estar exagerando.
—Si tanto te preocupa, Josh —dice Bea —, no creo que haga daño llamar a la policía.
Estoy de acuerdo con Bea . Entre la fiebre, el tiempo y que Meredith no contesta al móvil, hay motivos de sobra para preocuparse. También me preocupa la repentina oleada de mujeres desaparecidas. No consigo quitarme a Shelby de la cabeza.
Convencemos a Josh para que entre. Lo hace de mala gana, tras echar un último vistazo a su casa. Se sienta en nuestro sofá y llama a la policía para denunciar la desaparición de su mujer y su hija, mientras Bea desaparece en la cocina para hacer compañía a Leo.