CAPÍTULO 4 #2
—No he venido a pedir un consejo —añadió Evan—. He venido porque hay cosas que no encajan ahí fuera… y porque si alguien puede entender por qué, esa es la persona que diseñó el sistema que otros intentan copiar sin comprender.
Lena sostuvo su mirada sin parpadear, sintiendo una mezcla de orgullo herido y curiosidad científica.
—¿Y qué es exactamente lo que esperas de mí?
Evan la observó un segundo más, calibrando el impacto de lo que iba a decir, intuyendo que probablemente iba a pedir algo imposible.
—Que lo veas conmigo. No desde aquí, sino sobre el terreno.
A Lena se le tensaron los hombros antes incluso de que pudiera procesarlo del todo. El mundo pareció encogerse.
No había salido nunca de Valere y hasta ese momento nunca había sentido que esa ausencia de experiencia fuera una carencia. El resto de Orialis era un concepto técnico, un conjunto de variables que conocía por informes, por relatos de terceros y por rumores que cambiaban según quién los contara.
Ella no era un Enlace. No sabía moverse entre comunidades ajenas ni leer los códigos de otros lugares.
Durante un instante breve, la idea le provocó vértigo.
Fuera no había reguladores de ciclo, ni sensores de humedad, ni protocolos de emergencia que ella hubiera diseñado.
El mundo exterior era una variable incontrolable.
—Eso… —empezó Lena, y tuvo que detenerse un segundo para tragar saliva—. Eso no es algo que pueda decidir así, como quien cambia un regulador.
Alzó la vista de nuevo, buscando recuperar su autoridad.
—No soy un Enlace. No sé moverme ahí fuera. Para mí salir no es una opción razonable, es una temeridad.
Se detuvo un instante, intentando ordenar lo que acababa de decir antes de seguir.
—Y no depende solo de mí —añadió—. Tengo responsabilidades aquí. Sistemas que no funcionan solos. Gente que no puede permitirse que yo desaparezca porque sí.
No estaba justificándose ante él, se estaba aferrando a Valere de manera desesperada. Evan no apartó la mirada, pero su expresión se suavizó ligeramente.
—Lo sé —dijo él—. Por eso no te estoy pidiendo una respuesta ahora mismo.
Hizo una pausa breve antes de continuar.
—Y si decides hacerlo —añadió—, moverte con un Enlace sigue siendo una de las pocas cosas que todavía reduce riesgos, aunque no los elimine.
Aquello no convertía la idea en sensata, pero dejaba de ser absurda.
—Tengo que pensarlo —dijo ella, cerrando la conversación.
Evan inclinó apenas la cabeza.
—Eso es todo lo que necesito. Me quedaré por aquí. Ya me dirás.
Se dio la vuelta y se marchó con paso tranquilo a la zona destinada a los enlaces, dejándole claro que la decisión no era urgente, pero tampoco iba a desaparecer sola.
Cuando se quedaron a solas, Victor se apoyó en la mesa y dejó pasar unos segundos, los justos para asegurarse de que ya no había nadie escuchando desde el pasillo.
—Al final, sí que ha venido a pedir algo. Eso es lo que no me gusta.
Lena siguió mirando hacia el punto por el que Evan había desaparecido.
—No lo ha pedido como otros. No ha puesto plazos ni condiciones.
—Ya… No ha pedido un favor ni un acuerdo. Ha planteado una necesidad y ha dejado flotando en el aire para que te asfixies con ella.
Lena apretó los dedos contra la superficie de la mesa.
—Y me ha pedido a mí.
Victor la miró con atención.
—Eso es lo verdaderamente raro. Los Enlaces suelen pedir acceso, recursos, protección o silencio. Este ha pedido compañía. Y no para venir aquí, sino para salir.
Lena respiró hondo, tratando de calmar el pulso.
—No debería saber quién soy.
—No —concedió Victor—. Pero lo sabe. Y no por casualidad. Ese hombre ha hecho sus deberes antes de cruzar la puerta.
Victor apoyó el peso en el otro pie y continuó.
—No trae un problema, porque los problemas se quedan dentro de una comunidad. Y no trae una solución, porque eso implicaría que alguien ya ha decidido qué hacer.
Lena giró por fin la cabeza hacia él.
—No. Trae una excepción.
Victor esbozó una sonrisa breve, casi imperceptible, cargada de una ironía triste.
—Exacto. Y las excepciones no encajan en los sistemas, Lena. Puedes hacerle sitio o fingir que no existe. Pero en mi experiencia, fingir suele salir mucho más caro a largo plazo.
Lena bajó la mirada un instante a sus manos, aún manchadas por el trabajo en el módulo regulador.
—No sé si estamos preparados para esto.
—Nunca lo estamos —respondió Victor con suavidad—. Solo podemos saber si queremos saber más o si decidimos seguir igual de ignorantes.
Lena volvió a pensar en el huerto. En el suelo agotado que se le deshacía en la manos. En los ajustes cada vez más finos para arañar semanas a una tierra que se moría. En cómo, dentro de Valere, todo se estaba sosteniendo a base de una precisión que empezaba a rozar el milagro.
Si lo que Evan decía resultaba ser cierto y existían tierras respondiendo fuera de los límites de Valere desde hacía tiempo, la raíz del problema cambiaba por completo.
Significaba que la tierra siempre había estado ahí, recuperándose en silencio a pesar de lo que les habían contado, y que el verdadero fallo de todos ellos había sido buscar señales de vida en los lugares equivocados.