Sin cabos sueltos (Hostes 1) 21 #4
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Cuando estábamos llegando al segundo piso, nos cruzamos con dos vigilantes de seguridad, que probablemente, habían visto muchas películas de Bruce Willis.

Nos apuntaron con sus revólveres, pero cuando vieron el armamento que llevábamos nosotros, sin preguntar, levantaron las manos tirando sus armas al suelo.

—¿Que cojones hacéis aquí? —

—Hemos escu…cuchado que había disp…paros en la cafe…tería y… —El vigilante que tartamudeaba, quizás, el más veterano de los dos, no levantaría más de metro y medio del suelo. Con gafas bifocales y cortinilla en el pelo, era una caricatura perfecta de lo que no debía ser el personal de seguridad.

—Quitaros del medio, somos policías. Necesitamos que bloqueéis el acceso a las dos últimas plantas.

Hay una chica fallecida en el rellano de la escalera que da acceso a la cafetería, y tres atacantes abatidos en las escaleras.

Acordonad hasta que volvamos. Que nadie toque nada.

—Sin darles tiempo a replica. Continuamos por las escaleras hacia el sótano.

— Están arrancando el coche, van a salir del parking. —

—Alfa-0. Bloquéalos como puedas, estamos llegando a la salida.

Necesitamos veinte segundos. —A la carrera, entramos en el parking de la planta baja.

Lugar donde se encontraba la puerta de salida del garaje del edificio.

Justo en esa salida, había un coche que trataba de salir, pero la barrera no funcionaba.

Martina había hackeado la barrera. Por si sola, una barrera de aluminio no iba a detener un vehículo a la fuga, pero si a esa barrera le añadías una monovolumen a la que no se le autorizaba a salir y bloqueaba el acceso, la frágil barrera se convertía en una barrera de dos mil kilos.

El sub del General llegaba desde el sótano dos por la rampa de acceso, apareciendo en línea de la única salida posible.

—¡Policía! Señora, salga del coche, deprisa, y escóndase.

—La mujer no dudó en obedecer al ver que, tanto la doctora como Valeria tomaban posiciones, una a cada lado del vehículo familiar, apuntando en dirección al Sub.

Yo me coloqué junto a Elena. —Alfa-3, avísales que el parking está cerrado.

—Val, disparó cuatro veces, consiguiendo reventar uno de los neumáticos delanteros del Range Rover Sport de color oscuro que quería envestirnos.

Este no era como los que tenía en la unidad asignados, totalmente blindado, pues esos, todavía tenían las heridas de guerra del viaje a Madrid de hacía unos días, y no se hallaban operativos.

El coche perdió estabilidad y se empotró contra otros vehículos que se encontraban perfectamente estacionados.

— Alfa-1, Indicativos locales de UPR están en el acceso al centro comercial, van a entrar. —

—Negativo. Indícales que hay una misión activa en la zona. Si quieren entrar que se encarguen de la situación de la última planta y que escolten a los sanitarios. —

— Alfa-1, Hostes-0 está informando a las autoridades locales de lo que ocurre. —El Coronel, en vista de que la situación se había ido de las manos, tenía que informar a los Comisarios de Salamanca de lo que estaba ocurriendo. Teníamos que acabar con esa situación a la mayor brevedad.

—Alfas, iniciamos la captura de la bandera.

¡A jugar! —El golpe del coche había sido importante.

Los ocupantes estarían ligeramente aturdidos, por lo que debíamos ser rápidos en la aproximación.

No tardamos en ver como las puertas delanteras se abrían y comenzaban a escupir disparos hacia nuestras posiciones.

Val, certera, acabó con dos de los tres tiradores sin apenas esforzarse.

Elena, sorprendida por su puntería, acabó con el tercero.

Únicamente quedaba el General en el interior del coche.

—¡Cobertura! —Le susurré a Elena mientras me dirigía a la parte posterior del Range Rover. La doctora, tras de mí, se iba repitiendo, en voz baja, los mantras que traté de que interiorizara.

—Brazos relajados. Codos pegados al cuerpo, no abiertos.

Mirada hacia delante. Apuntar donde quiero disparar.

Dedo fuera del gatillo hasta que… —Parecía que se los había aprendido todos.

La miré con cierta dulzura, pues, si bien habíamos pasado todos unos días muy intensos, entendía que, para ella, que nunca había tenido experiencia policial, táctica, ni de combate, había sido todavía más dura.

—General… voy a abrir la puerta. No quiero disparar, pero lo haré, sin dudar. —Abrí la puerta trasera y allí estaba. Sentado y con una Glock 19 en la mano. El mismo gesto que Da n antes de tratar de dispararme. Pero su mirada, totalmente perdida, vacía, no presagiaba nada bueno.

—¡No te acerques! —

—General… la ha liado buena hoy. —

—Siento mucho todo esto, Hugo. Yo te quería a mi lado.

No podía abandonar O.N.O., y luego ellos se fijaron en ti, y cruzaron nuestros caminos…

—No me gustaba nada por donde estaban transcurriendo sus diatribas.

—…y en el fondo, esperaba que tu fueses quien me sacara de allí.

Pero todo se precipitó. Todo. —La deriva autodestructiva que estaba tomando aquel monólogo únicamente conllevaba a una mala decisión por parte del General.

—La señorita Navarro hizo lo que cualquiera hubiéramos hecho por una hermana, o una hija.

—Me miró, con el arma todavía apuntándose bajo la nariz.

Muy lentamente, la bajó hasta colocársela bajo la mandíbula.

—General… —Volví a soltar el arma. —…Estoy aquí, General. Yo le ayudaré a salir de esta, se lo prometo, pero baje el arma, señor, por f… —

—Gracias, Hugo. —

Lo siguiente que ocurrió, fue del todo desagradable.

Un sonido hueco dio paso a una cascada de órganos y fluidos por toda la parte trasera del sub.

El General apretó un gatillo que finalmente le liberó de las garras de O.N.O.

Una nueva muerte a mis espaldas. Otra alma a la que no pude salvar.

La rabia y desesperación por haber fallado la misión se apoderó de mí durante unos instantes.

Golpeé repetidas el asiento del coche, y un grito de rabia salió de lo más profundo de mi ser.

Desfogado, más tranquilo, oficialicé la finalización de la misión.

—Alfa-0. Judas se ha neutralizado. Repito, Judas se ha neutralizado. Sospechosos abatidos en plantas quinta, con una baja civil y sótano. La zona está limpia. Clave negro en código cuatro. Nos retiramos. —