21
Seis mesas dobles dispuestas a lo largo de doce metros de ventanal, eran la última línea de servicios que se encontraban en la cafetería.
Evidentemente, no podríamos meter a ningún miembro del equipo más en ella puesto que el General también iba a hacer sus deberes.
Sabía que su tapadera podía estar comprometida, así que lo primero que haría sería buscar personal de Hostes en la zona.
Lo segundo, buscar una zona segura y una zona de escape desde la mesa donde nos encontrásemos.
Y tercero, tratar de escanear cualquier posible micrófono o señal de radio frecuencia, por si aquello, realmente, era una emboscada.
En eso me iba a ayudar la cantidad de personas a las que, en España, les gustaba disfrutar de un café con churros a las seis de la tarde.
Sus teléfonos móviles y las llamadas, que por estadística, se iban a realizar, anularían esos escaneos.
Cabía, eso sí, la posibilidad que, de manera sutil, me escanease a únicamente a mí.
Eso revelaría que el General tenía algo que ocultar.
No le di tiempo suficiente como para conseguir un inhibidor de frecuencias, por lo que, las típicas cámaras, wifi, de seguridad, que utilizan en los centros comerciales, iban a funcionar a la perfección.
Mi operadora me tendría monitorizado en todo momento.
El hecho de introducir operativos sin que la seguridad del centro se diese cuenta… era otra historia.
—¿Cómo te encuentras? —Tal y como solía presentarse. Por sorpresa, el General me cogió la espalda. Sabía que había llegado al centro, pues Martina tenía monitorizadas las entradas. Determiné silencio de radio hasta que se lo indicase.
—Jodido, muy jodido, General. ¿Qué cojones está pasando? —
—Hugo. Antes que nada, no pierdas la calma. Focalízate. Respira. —Sacó su móvil y lo dejó sobre la mesa. Nunca hacía eso. En ese momento comenzaba la búsqueda de micros.
—¿Que me focalice? ¿Qué respire? Mis propios compañeros me han disparado.
Han… —Bajé la voz. —…tratado de matarme.
De hecho, lo han conseguido con Lucas y Daniel.
Joder… Dan… —Tenía que tratar de mostrar dolor por su muerte, y no sobreactuar con la de Lucas, pues, Castaño sabía que le tenía entre ceja y ceja.
—¿Que cojones ha pasado? —De vez en cuando, miraba a la puerta, como esperando que alguien entrara pegando tiros.
El General permaneció callado hasta que su móvil se activó y en la pantalla apareció el siguiente mensaje.
**GSM(3G, 4G, 5G): 362 POWER: +90%-1u; 89%-50%-19u; 49%-25%-256u; 24%-0%-86u / WIFI2.4GHz Y 5GHz: 16.1 100% bajo 50% nulo**
Ahí estaba el resultado de la búsqueda. Solo un dispositivo, funcionando en ese preciso momento, estaba tan cercano a nosotros que arrojaba un noventa por ciento de potencia de proximidad.
—¿Tienes tu teléfono? —Me preguntó.
—Claro que sí. Le llamé desde él. ¿Recuerda? —
—Dámelo. —
—¿Por qué? Y ¿Por qué me ha escaneado? No soy ningún ingeniero, pero sé perfectamente lo que significa ese mensaje. —
—Dame tu teléfono, no te lo volveré a repetir.
—Esta vez, el tono amenazante se introdujo en la recomendación obligatoria.
Sin preguntar más, extendí el brazo e hice entrega de mi dispositivo.
—Gracias. —Con un leve golpe de codo tiró el servilletero al suelo, al tiempo que partía mi dispositivo contra el alfeizar del ventanal que llegaba hasta las rodillas.
—Pero ¿Que cojones…? —
—Cállate. —Nuevamente, el tono autoritario hacía entender que ahí, quien llevaba la voz cantante, era él. Volvió a activar su teléfono y tras otro minuto de espera, apareció otro mensaje en su pantalla.
**GSM(3G, 4G, 5G): 355 POWER: +90%-0u; 89%-50%-15u; 49%-25%-260u; 24%-0%-80u / WIFI2.4GHz Y 5GHz: 16.1 100% bajo 50% nulo**
Cero unidades con potencia mayor del noventa por ciento. Con rostro más relajado, se guardó su teléfono en el bolsillo, y me devolvió el mío, totalmente partido en dos.
—Ahora ya podemos hablar. —
Tomé el vaso con mi descafeinado de sobre y bebí un sorbo. Esa era la señal para que Martina activase e iniciase la grabación desde el móvil que se encontraba, en modo avión, guardado en el bolsillo derecho de mi pantalón.
—Pues explíqueme, por qué cojones, Lucas ha comenzado a disparar cuando la doctora Cruz ha dicho que quería interrogarle en relación a una pista nueva que habían conseguido, ella y Roberto, de la organización que investigaba Diana… o no sé qué hostias. —
—¿Dijeron algo más? —
—A mí, no llegaron a darme más información. Me dijeron que también querían hablar conmigo, pero, más tarde. Luego… ese hijo de puta de Lucas… —
—¿Estás seguro? —
—Yo era operador táctico, decía Elena. La investigación la llevaban ellos. No creí que me hubieran mantenido tanto al margen de las pesquisas que habían realizado. —
—Eso que me cuentas es muy difícil de creer. —
—Pues créalo. La manera en la que Valeria y Roberto tenían a Lucas y a Daniel, al margen de todo… pero a mí… también me tenían a oscuras General. Yo creía que… podría formar parte de un equipo… otra vez, y a la primera de cambio, estos hijos de… —
—Escúchame. Lo que te voy a decir, no debe salir de aquí.
—Mi cara mostraba un interés para nada fingido, esperando la confesión que me iba a revelar.
—Hace unos años, altos mandos europeos, quisieron formar un grupo de élite para luchar contra las grandes mafias europeas.
Lucas y Daniel habían trabajado conmigo hacía algún tiempo, por eso los recluté para Hostes.
Cuando me insinuaste que Lucas podía ser el topo, no te dije nada, pues tampoco quería quemar su tapadera.
Verás… Llevo tiempo sospechando de Damián.
Me ha querido hacer la cama varias veces y ha intentado quedarse con la dirección de Hostes. —
—¿Y eso es tan grave como para asesinar a dos miembros de la unidad?
—El General estaba dando más explicaciones de las que le había pedido, y por experiencia sabía, que, quien da explicaciones de más y no se le ha preguntado nada todavía…
tiene todas las papeletas para ser culpable de lo que está intentado justificar.
Tomé otro sorbo del café. —General ¿Esto no tendrá que ver con la muerte de Diana Martínez y lo que estaba investigando? —
—O.N.O. no es una sociedad secreta, Hugo.
—Ahí estaba. Nadie había hablado de O.N.O.
todavía con el General. ¿Cómo tenía conocimiento de ella?
—Es una asociación de personas con, digamos, cierta responsabilidad política y social.
Ayudan con grandes donaciones en la lucha contra el hambre en el mundo, el cáncer y muchísimas empresas más para hacer de este mundo un lugar mejor.
¿Qué hay gente que se pueda lucrar en ella?
Pues lo desconozco, pero sería un buena área de investigación para una unidad como esta.
Nosotros… —Comenzaba a contarme una película que no me aportaba nada.
—Yo no le he dicho nada de que la organización fuese O.N.O. —El General Castaño había metido la pata, un error involuntario, pero hasta él mismo se dio cuenta.
—Mira Hugo. Te lo iba a decir esta misma tarde.
El informe que poseía Diana es totalmente difamatorio y una farsa que puede hacer daño a mucha gente.
Puede que su muerte fuera un trágico accidente que se podía haber evitado, pero…
—Accidente. Si Bella estuviera aquí le habría roto la cara de un bofetón.
Incluso yo estoy tentado de partírsela ahora mismo.
—…hay cientos de personas que saldrían muy perjudicadas si esa falacia de informe saliera a la luz.
—Mi cara de póker daba a entender que las explicaciones que ofrecía, y cada segundo que pasaba, dejaban la verdad un poco más al descubierto.
—Eres un activo de primera y se rumorea que hay un sitio para ti en los altos estamentos.
Tus valores, por los que fuiste reclutado para Hostes, son los que la humanidad necesita recordar.
Mira, sin paños calientes. En O.N.O. velan por la paz mundial, y porque cualquier falta social desaparezca.
En las zonas en las que tiene más presencia, su tasa de criminalidad ha descendido un cien por cien.
Colaboran con grandes organizaciones, que trabajan por el bien de la ciudadanía, y… —
—Deje de venderme la moto, General. Usted es miembro de O.N.O.
Usted quería hacerse con el informe que Diana tenía en su poder.
Usted, ordenó acabar con Diana tras llamarla, esa misma noche, para tratar de convencerla de que le entregase el dosier.
Trató de matarme a mí y todavía no sé por qué, intentó matar a mi familia, aunque tampoco entiendo por qué trató de ayudarme a evacuarla. ¿A qué cojones juega General? —
—Un respeto, Hugo. —
—El respeto se gana o se pierde con según qué acciones, y de momento, usted lo ha perdido de una manera increíblemente rápida con cada palabra que salía de su boca desde que se ha sentado en esa silla.
—El cuerpo del General se estaba tensando de una manera bastante peligrosa.
Su gesto, antes serio, ahora rezumaba una ira abrumadora.
Sus dos manos, sobre la mesa, desaparecieron, sacando una de ellas un billete de diez euros colocándolos sobre la mesa.
La otra mano, permanecía bajo ella, sosteniendo una pistola, la cual acababa de amartillar.
El clic del martillo percutor fue sutil, pero perfectamente audible a la distancia a la que nos encontrábamos el uno del otro.
Quizás, esa premisa de, que al ser un espacio público sería una garantía de que no cometería ninguna locura, no había sido un pensamiento acertado.
Una sonrisa descabellada asomó en su rostro.