Sin cabos sueltos (Hostes 1) 20 #2
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​ —No contestes. —Tenía claro que la emboscada que quería planear, para que el General Castaño confesara todo, sería sobre las cinco de la tarde.

Ya estaría aquí y con un poco de suerte, solo, antes de la recepción.

En ese momento, comenzó a sonar el teléfono de Daniel.

Era Castaño. Estaría nervioso porque ninguno le había contestado a los mensajes.

—Cógelo tu Val. Y no digas nada. —Valeria tomó el teléfono que le di y contestó la llamada.

Desde el otro lado del comunicador, una voz claramente enfadada, gritaba.

​ — ¿QUE COJONES HACEIS QUE NO ME CONTESTAIS A LOS MENSAJES?

—La respuesta fue el silencio de Val. — ¿ME ESTAIS ESCUCHANDO?

VOY DE CAMINO ¿QUE NOVEDADES TENÉIS? —Más silencio.

De repente, el tono cambió. Ya no gritaba, continuaba enfadado, pero no gritaba.

Estaba… expectante. — …¿Quién eres? —No había un plan definido, pero la llamada de Castaño debió de ejercer, inconscientemente, el impulso que necesitaba.

El plan iba tomando forma en mi cabeza, y al escuchar su voz enfurecida, se formalizó de golpe.

Los fragmentos estaban organizados en mi cabeza como una línea de piezas de dominó.

Ahora tocaba tirar la primera de las piezas, y ver si el efecto dominó lograba llegar hasta el final.

En eso preciso momento, cogí mi teléfono y llamé yo al General.

La llamada que había cogido Val se cortó, e inmediatamente, la mía fue respondida, pero esta vez, la voz era totalmente diferente, un antagonismo de tono y timbre contestó al otro lado de la línea. — ¿Hugo? ¿Ocurre algo? —

​ —GENERAL… ¿QUE PASA?… HAN TRATADO DE DETENERNOS A LUCAS, A DANIEL Y A MI… —Simulé ruido de estática y corte de comunicación. —NO SE QUE …TA …ANDO. HAN DICHO ALGO DE QUE ESTA… INVOLUCRADOS EN …ERTE DE …ANA. —

​ —Hugo, tranquilízate. No te entiendo nada. —La voz, firme pero amistosa del General, denotaba ahora cierto nerviosismo. Elena, Val y Martina no me quitaban los ojos de encima. — ¿Que está pasando? — Con tono azorado, como el que presentaba Martina dos minutos atrás, respondí.

​ —Lucas sacó el arma. Yo… traté de rebajar la tensión, pero Valeria encañonó a Lucas.

Han abie… …ego, Martina ha muerto, no tenía ningún arma.

Daniel la ha matado… Estaba diciendo algo de que tenía pruebas…

que Lucas y Dan… corruptos y que había pruebas contra mí.

Que mi número de teléfono apareció en el móvil de Diana.

También dijo que tenía pruebas de… otra filtración en el …

quipo, pero cuando fue a desvelar su identidad, Daniel le voló la cabeza.

Sin más. Ha sido una puta carnicería. Valeria ha caído.

Lucas está Muerto y Daniel desaparecido. —

​ — Joder. ¿Tu dónde estás? —La tensión, ahora sí, era evidente.

​ —He salido… —Dos golpes en la mesa del despacho hicieron que Martina, que parecía muy metida en la historia, diera un respingo. —AAHHH. Joder.

—¿Qué ocurre? ¿Qué son esos golpes? —

—Me están disparando. Elena y Roberto van detrás de mí.

No tengo equipo. Me quedan cinco disparos.

—Dos nuevos golpes en la mesa simularon dos disparos míos.

—…NO QUIERO MATAROS. SOLO QUIERO SABER QUE COJONES HA OCURRIDO…

—Elena se alejó lo suficiente como para que pareciera que estaba parapetada tras de mí, y gritando, se unió a la representación.

​ —HABEIS MATADO A MARTINA Y A VALERIA. ERAN TUS AMIGAS. SOLO QUERÍAMOS HABLAR CON VOSOTROS. —

​ —YO NO HE MATADO A NADIE. —Martina dio dos golpes sordos en la pared. Otros dos disparos. —ROBERTO, ME CONOCES. DEJAD DE DISPARAR. —

​ El General gritó por teléfono. — HUGO, SAL DE AHÍ. TE LO EXPLICARÉ TODO. —

​ —GENERAL… —Tres golpes más. —AAAAA. JODER. —Otro golpe en la mesa. —

— SAL DE AHÍ, JODER. Tú, acelera, tenemos que llegar cuanto antes. —Estaba hablando con su conductor. —¿ESTÁS AHÍ HUGO? —

—… —

—¿Hugo? —

—… —

—¡HUGO! —Una leve sonrisa en mi cara delató que el efecto dominó proseguía su curso.

—Aquí sigo, pero no sé si aguantaré mucho más. —

—¿Dónde puede conseguir un punto ciego? —Ahí está. Me estaba preguntando, donde podríamos quedar sin peligro para ninguno. Los puntos ciegos los utilizábamos en las misiones, pues supuestamente, era el mejor lugar para reunirse y armarse, sin levantar sospechas, justo antes de una intervención.

­—¿Recuerda donde me reclutó para este trabajo de mierda? —

​ — Si. —

​ —En dos horas. Si no estoy allí, es que he caído. Traiga una buena explicación, General. Se lo pido por fav… —Un golpe más en la mesa y corté la llamada. Los aplausos de Martina resonaron en la sala como si continuase el intercambio de disparos.

​ —Tiene un don para la interpretación, jefe. —

​ —No lo sabes bien. —Susurró Valeria con un toque de mordacidad. Todavía no había perdonado los últimos días de mentiras e información sesgada de los que les hice partícipe.

La trampa estaba preparada. Un lugar público como era la cafetería del centro comercial, no intentaría nada y nosotros tendríamos la zona controlada.

Un plan perfecto. Pero como la experiencia me había demostrado de una forma dolorosa, los planes perfectos tienen variables inesperadas.

El General siempre fue muy inaccesible y sus movimientos muy herméticos.

Si era cierto lo que insinuó Daniel, y lo que había demostrado hasta ahora Castaño, tenía cierta debilidad por mí.

Desconozco el motivo, pero, iba a utilizar esa vulnerabilidad para que confesara.

O por lo menos, intentarlo. Tácticamente, iba a ser complicado organizar algo en un lugar con tanto civil entrando y saliendo, y mi equipo solo disponía de tres activos, un operador y dos horas.