Sin cabos sueltos (Hostes 1) 19
87%

19

​ El barullo hueco de fondo daba a entender que se encontraba en un amplio salón sin demasiados muebles que ahogaran el eco de las conversaciones.

—Bien, Hugo, bien. Acabo de salir de la reunión. Felipe me ha preguntado que cuando va a poder estrecharte la mano. —Una risa sorda se intuyó al otro lado del teléfono.

—¿Está en Zarzuela ahora mismo con Su Majestad? —

—Si, he estado dando novedades de la unidad. Ya sabes, estos burócratas… quieren controlarlo todo. Son como buitres. Al más mínimo error, te clavan sus garras y te quitan el pan de la boca para comérselo ellos. —Confirmado.

—Si… Por eso no me gustan los mandos. No tienen respeto por nada que esté por debajo de su rango, ni lealtad real por nadie. Siempre se lo he dicho. —

—Te noto más incisivo que otras veces… ¿Tienes a alguien cerca? —

—No, no, solamente… no he dormido muy bien esta noche. Ya sabe, estoy preocupado por mi familia. —

—Estarán bien. Seguro. Por eso les enviamos fuera. —

—Bueno, solo quería informarle que tengo novedades sobre el caso, pero… ya le comentaré cuando vuelva. No quería molestarle. —

—No molestas Hugo. Entonces ¿Quieres que le diga algo a Felipe? —

—Sí, dígale que ya tengo el traje. Que solo tiene que decirme cuando quiere verme. —

—Pues prepárate, porque mañana va a Salamanca a clausurar el congreso de altos mandatarios que se está celebrando, y creo que de esta ya no te escapas. —

—Lo tendré en cuenta, señor. —

—¿Hugo, de verdad estás bien? —¿Habría notado el tono de desconfianza que me imbuía en estos momentos?

—No señor. Para nada. Simplemente, como le he dicho, llevo cuarenta y ocho horas sin dormir, y creo que ya me están pasando factura. —

—Pues descansa. Mañana te quiero espabilado y al frente de la unidad junto con la Doctora Cruz. —

—Recibido. —

Un silencio denso y expectante, generalizado, inundaba el despacho. Los rostros perplejos, desconcertados, atónitos, asombrados y estupefactos de todos los allí presentes, incluida Bella, no me quitaban el ojo de encima. Elena, la más caracterizada de todos, fue la primera en preguntar.

—¿Qué… no ¿Cómo… no, no… ¿Desde… cuándo lo sabías? —

—No lo sabía, pero… lo he deducido.

—¿Cómo? —

—Tras la conversación con Pastor, en su despacho.

Ha insinuado… bastantes cosas… perdón, necesito beber agua.

—Tenía la boca seca. No tenía palabras. Judas era el General.

El general Castaño había hablado con la víctima durante treinta y cinco segundos, en los que, ahora sí, estaba seguro que había intentado convencer a Diana para que no revelase nada de su dosier o, para que le entregase a él el informe al completo.

El General, que me reclutó con una supuesta misión secreta en la unidad, resulta que estaba jugando a un doble juego.

Si no desc ubría nada, seguiría siendo su niño mimado.

Si descubría algo, encauzaría mi investigación para usarlo en su beneficio.

Si descubría todo, me eliminaría de la ecuación y meterían a otro.

Así hasta que funcionara su plan y consiguiera ganar puntos para O.N.O.

consiguiendo el control total de la unidad.

—Antes de explicaros esto… necesito que accedas…

—Me dirigí personalmente a mi operadora.

—…al registro del satélite de la otra noche.

Busca a qué hora salió la unidad militar que estaba acompañando a la Guardia Civil en la línea de peaje de la A-6 cuando volvíamos de Madrid.

Por favor. —Mi mirada seguía clavada en el suelo.

No era vergüenza, era desazón, depresión, rabia por haber sido utilizado y no haberme dado cuenta.

Martina obedeció, sin preguntar ni hacer ningún chascarrillo de los que solía hacer.

—A las… tres menos veinte salieron de un acuartelamiento cercano a Cuatro Vientos.

Cuatro minutos después de la llamada efectuada por Caín.

—Joder. Todo coincidía. No podía pasar por alto todos los indicios, todas las pruebas.

Todo apuntaba, ahora ya sí, a que el Damián, el presunto coronel corrupto, había dicho la verdad.

Les repetí, punto por punto, todo lo que se habló en el despacho de Pastor y sus caras no cambiaron ni un ápice la expresión de shock.

Continuaban noqueados por las noticias, y por el giro de ciento ochenta grados que acababa de dar la investigación.

Les traté de imbuir el gen de la duda, para que ellos mismos hicieran lo propio conmigo, indicando que, podía haber una posibilidad de que las fotografías que me enseñó el Coronel pudieran estar manipuladas, pero…

tras la información aportada por Martina y la posterior conversación con Castaño, quedaba confirmado que las instantáneas eran buenas.

Elena, todavía en catatonia, por lo que todo aquello afectaba a la unidad, interrogó.

—Y ahora ¿Qué hacemos? No podemos decirle al General todo lo que sabemos.

Y no podemos mantener más tiempo a Dan y a Lucas alejados de la investigación.

Se van a dar cuenta. Necesitamos ayuda, y me refiero a un auxilio judicial, o a algo parecido.

Alguien con más poder que nosotros para conseguir que esta gente pague por lo que está haciendo. —El tono de preocupación era evidente.

—Lo vamos a hacer nosotros, y lo vamos a hacer mañana. En cuanto el General entre por la puerta. —

—¿Qué tienes pensado? —Dijo Val. Tras el rostro de atonicidad y estupor, comenzaba a aparecer el de la verdadera Valeria. Determinación y valentía, arrojo y fuerza, seguridad.

—Está muy verde, y todavía me faltan detalles. Pero vamos a limpiar Hostes, y vamos a terminar lo que Diana comenzó. —Bella nos miró uno a uno, con los ojos vidriosos, asintiendo con la cabeza, dando un triste y emotivo beneplácito. —Val ¿Qué tan bueno era tu amigo de la inteligencia holandesa? —

Apenas habían pasado cuatro días desde que comenzara todo aquello con la muerte de una periodista como Diana Martínez Nuñez.

Cuatro días desde el comienzo del Foro Internacional del Turismo que estaba reportando fama mundial a Salamanca.

Y cuatro días, en los que mi vida se había vuelto del revés.

Le pedí a Val que hiciera todas las gestiones posibles para ponernos en contacto con el Embajador de Países Bajos y la delegación que se encontraba en el Foro en Salamanca.

Aquellos a los que, intuyo, que trataría de abordar Diana, para entregarles el informe O.N.O.

al completo. Tras comprobar que ninguno de ellos aparecía en las fotografías del expediente, eran las personas que, entendíamos, eran las que más interesadas estarían en liquidar a la organización.

Tras treinta minutos de conversaciones telefónicas, con el contacto de Valeria, en la inteligencia de Ámsterdam, logró concertar una reunión por videollamada a la una del mediodía.

Viva la globalización. Hemos tenido que localizar a una persona a mil seiscientos kilómetros de distancia, para que esa persona hablase con otra, y esta con otra, y esa última retornase otra llamada hasta nuestros interesados, las personas con las que queríamos reunirnos, y los cuales estaban a escasos cinco kilómetros de nosotros.

Por algo nunca me ha gustado la burocracia.

En fin, eso me daba un margen de hora y media para cerrar otro par de reuniones.

Elena hizo lo propio con sus contactos en el SCO italiano, consiguiendo que el jefe de los Carabinieri en Roma y la delegación de Italia que se alojaban en la ciudad, aceptaran también la invitación.

Roberto gestionó una reunión con el responsable de la sección de crimen internacional del FBI y un mando de fronteras, muy interesado en obtener una respuesta a la pregunta ¿cómo fue posible que dos asesinos hubieran accedido al país más vigilado del mundo, vía aérea, y su posterior fuga sin que nadie se diera cuenta?

Parecía que, realmente, en las altas esferas se tenía conocimiento de la creación de Hostes, y estas, no dudaron en atender la llamada de petición de colaboración que se les realizó.

Estaban todos convocados a las trece horas.

Solo faltaban las autoridades españolas, y para eso, me tocaba volver a hablar con Pastor.

Permanecía en el mismo lugar en donde le dejé tras salir de su despacho, sentado en su escritorio mirando en contra de la puerta, con el vaso ligeramente más lleno que cuando me fui.

Me dio la sensación de que no lo había rellenado una sola vez.

Al abrir la puerta, apenas se inmutó. Sabía que era yo.

—¿Ya has tomado una decisión? —

—¿Hasta qué punto quiere que esto funcione, Coronel? —Se dio la vuelta en su sillón colocándose frente a mí.

—Este proyecto es mi vida. Llevaba haciendo estudios de viabilidad de una unidad así desde que presenté mi tesis de ascenso a teniente.

Cuando vi la oportunidad, presenté el proyecto.

Tu magnánimo general me lo arrebató de las manos vilmente, y ahora estoy tratando de que esta organización no se pudra más de lo que ya está.

Ahora dime. ¿Crees que quiero que esto funcione?

—Quedaba claro que el par o tres de whiskys que se había tomado, unido a la conversación que tuvimos antes, había sacado su versión más mordiente, sarcástica y sincera .

—Tengo una reunión en una hora y media con personal diplomático de varios países.

Necesito que esté presentable para darme la introducción y necesito un representante de este país con autoridad para dar luz verde a una operación a gran escala.

—Parecía que, al ver mi determinación, tomaba conciencia de la situación. Puso su vaso, casi vacío, en la mesa.

—¿Cómo de grande? —

—Digamos que… voy a terminar lo que Diana empezó, voy a acabar con la puta organización O.N.O. y voy a librar a la unidad de la podredumbre moral que nos está consumiendo. —Esa última frase hizo que el alcohol que pudiera correr por sus venas, desapareciese de golpe.

—Haré un par de llamadas. —