Sin cabos sueltos (Hostes 1) 18 #6
86%

18 #6

​ En mi mundo, donde las cicatrices del pasado aún latían con dolor por la pérdida de mis amigos, creí haber encontrado un resquicio de luz entre las sombras.

Esta nueva etapa que tanto me ilusionaba.

Pero como un espejismo en el desierto, esa esperanza se acababa de desvanecer de repente, dejándome nuevamente sumido en la oscuridad más profunda.

Todo lo que había reconstruido con tanto esfuerzo, se acababa de desmoronar ante mis ojos, como un castillo de naipes azotado por un vendaval inesperado.

¿Sería posible que el mismísimo General, ese que me ayudó en mis peores momentos…

Lo desvelado por el coronel Pastor me asoma nueva e irremediablemente al abismo.

Pero esta vez, no me lanzaré sin cuerda a su oscura garganta.

Esta vez, voy a hacer bien las cosas. Debo hacerlo, por mí, por mi familia, por mi equipo.

​ No podía asumir que el General me hubiera mentido de esa manera tan flagrante durante meses.

Me sentía utilizado. Me sentía un inútil.

¿Me había reclutado porque iba a ser perjudicial para el equipo?

¿El eslabón débil? El general Castaño sabía que iba a llevar a mi familia lejos, y sabía que Artemisa vivía en Estados Unidos, por lo que pudo deducir donde irían.

¿Estarían allí a salvo? Debía de comunicarme con ellos, pero apenas hacía un día y medio que estaban allí.

Y Alicia ¿Cómo estaría? Retornaban los fantasmas del pasado, el miedo, la incertidumbre, la indecisión por las consecuencias de una elección mal tomada.

En mi despacho me estaban esperando los mismos que dejé allí, incluida, Isabella.

Estaba preciosa. Nadie hubiera dicho que la noche anterior había dormido apenas tres horas en un incómodo sofá.

Aún con la perdida sufrida, emanaba calma, transmitía paz, desprendía serenidad.

Quizás, si no estuviera casado, y tuviera unos años menos, la invitaría a tomar un café en algún Starbucks de la ciudad.

A ver cómo le decía que el asesino de su hermana y su hermana descansaban a escasos cincuenta centímetros uno del otro en la planta inferior.

¿Era necesario contárselo? A mi entrada en el despacho, la expectación era máxima, y mi cara de desconcierto no irradiaba tranquilidad al grupo.

¿Les informaba de lo ocurrido? O trataba de pillar al general Castaño en alguna mentira antes de anunciarlo.

Dudas, dudas y más dudas. En una elección siempre se pierde algo, y, por lo que estoy comenzando a procesar, aquí hay mucho que perder.

—¿Qué? —Elena y Valeria preguntaron al unísono. Martina apareció por la puerta.

—Quizás… deberíais ver una cosa. —

—Si es la foto de Diana con el Coronel, llegas tarde. —

—¿Qué? ¿En Serio? No, no, esto es otra co… ¿Cómo? ¿Pero en plan… reunión de trabajo o en plan… ya sabéis… rollete? —Si las miradas matasen, Bella acababa de cometer un atroz asesinato en este momento. —Lo siento, no quería… sin ofender, por supuesto. —

—Reunión, Martina, reunión. —apreció Rob.

—Lo mío no es tan gráfico, pero… creo que es útil para la investigación, veréis, he conseguido discriminar los teléfonos que se encontraban en el mismo radio de acción de la torreta de telecomunicaciones que el del tal Judas en el momento exacto de la llamada.

No lo he hecho hasta ahora porque me parecía un trabajo de chinos, pero, con el software que me dio Alic…

Artemisa, he tardado tan solo unas tres horas.

—Me estaba intuyendo la respuesta final, pero quería clarificarla antes de contarle a todo el equipo la reunión con Pastor.

—Veréis, las torres de comunicación recogen los datos, tanto del terminal, como del número de teléfono y la localización GPS con un margen de metro y medio hasta cinco metros.

Con todo eso, podemos localizar al abonado del número.

La torre receptora fue la LGG2606, justo la que se encuentra en la azotea del Gran Hotel.

Setecientas veintiuna personas se encontraban conectadas a ella y la única señal activa a las 00:23 era la del móvil de tu hermana.

—Dijo, señalando a Bella. —El emisor de esa llamada estaba enganchado en la torre PFG2506, al igual que otras noventa y seis personas, y la única señal activa a esa hora fue la del móvil desechable que todos conocemos. —

—Es decir, que seguimos igual. —Dijo la doctora.

—No. La torre PFG2506 es la torre en la que estamos enganchados nosotros ahora mismo.

Si eliminamos de la ecuación a todos los terminales que se conectaron y se desconectaron de la torre en esos treinta y cinco segundos que duró la conversación, nos quedan siete terminales, incluido el desechable.

Y de esos siete, solo uno siguió la misma ruta que el teléfono que llamó a Diana.

—Los peores presagios iban tomando forma.

Se constataba una realidad que no quería creer, pero que, las pruebas, inevitablemente, daban forma.

—Cojonudo. ¿Y el ganador es? —Rob hizo la pregunta del millón. La respuesta no le dejaría indiferente.

—Pues ahí está el problema. No aparece un número como tal, no tiene ningún abonado asociado y el identificador del terminal es lo único que aparece en la información que facilita la torreta.

Es como si fuera un número fantasma. Sin embargo…

sí que se puede acceder al chip emisor de posicionamiento.

Dadme un segundo… —Martina tecleó a una velocidad vertiginosa sobre la pantalla de su IPad, mientras, yo sacaba mi móvil del bolsillo derecho del pantalón.

—Y el GPS del aparato lo sitúa ahora mismo en… —

—Zarzuela. —La cara de sorpresa de Martina no distó mucho de la del resto de los presentes, a excepción de la de Isabella, que no entendía nada. Marqué un número de teléfono. Ese que tenía guardado en contactos con un número, un solo dígito, un uno.

—¿Pero tú como sabes dónde…? —Interrumpió Elena. En ese momento, dio tono, al tercero contestó.

—General ¿Qué tal por Madrid? —