18 #3
—Al abrir una de las carpetas, había varias fotografías, similares a esta y un archivo de texto.
—Elena abrió el archivo . txt [67] . No estaba encriptado.
El texto decía: “ Ahí te envío las fotografías que te he podido hacer. Espero que sepas lo que haces y que las uses bien, como seguro, como prueba o como mejor te convenga, pero ten mucho cuidado. No sé en qué estás metida, pero te conozco e intuyo que tiene que ver con lo que le ocurrió a tu hermana. Por favor, hazla caso y llama a ese contacto suyo que me comentaste. Necesitas ayuda, y más si hay militares de por medio” .
—No hay nada identificativo de quién pudo hacer las fotos, pero imagino que sería algún fotógrafo que hubiera trabajado con ella.
—La instantánea estaba realizada hacía apenas cinco días.
Se trataba de una fotografía en la que se apreciaba perfectamente a Diana, sentada en la mesa de una cafetería del centro de Salamanca.
Estaba tomando un café. Mostraba rostro serio, como si departiera sobre un asunto de suma importancia, pero no aparentaba miedo o recelo alguno.
Todo lo contrario. Se la veía entregando un dosier a un hombre.
Ese dosier… yo había visto esa portada. La otra persona, la que recepcionaba el dosier, se trataba de un hombre, mayor, canoso, rostro regio y serio.
Vestía con un jersey de punto, cuello alto y de color negro.
Sin uniforme cambiaba bastante, pero se le reconocía perfectamente.
El dosier lo estaba recogiendo el coronel Damián Pastor.
—Esto… ¿En qué posición nos deja? —Dijo Roberto. —Todas nuestras teorías, nuestras hipótesis… Toda la base de nuestra investigación se puede ir al traste. —
—¿Qué es lo que Diana le dijo al Coronel? ¿Le dio un ultimátum? ¿Si no aseguraba la protección de su hermana y la de ella, tiraría de la manta? —Dijo Val.
—Es una amenaza plausible. El Coronel se vio entre la espada y la pared, un alto cargo, militar, español, no iba a dejar en evidencia y al descubierto a su organización… y acabó con ella. —Teorizó Roberto, tratando de encauzar, nuevamente, la investigación. La puerta se abrió en ese momento.
—Dos reuniones sin mí ¿Me estáis dejando de lado?
— Daniel acababa de asomarse a la puerta del despacho, deslizando una sonrisa irónica y juvenil al descubrir la reunión.
Disimulando su sorpresa y con un aire de confianza, se unió al resto dentro del despacho.
Elena cerró los archivos que tenía abiertos y abrió uno lleno de estadísticas y gráficos.
Le dio la vuelta al monitor para mostrárselo a Dan.
—Daniel, tus estadísticas en tiro son penosas. Estábamos comparándolas… —Dijo la doctora.
—Esta mañana tienes programadas dos prácticas de tiro a corta distancia. —Seguí la representación de Elena.
—Yo, por mi parte, me puedo ir de compras. Tengo una puntuación perfecta. —Dijo Val.
—Tú te tienes que espabilar en el laboratorio. Así que vas a acompañar toda la mañana a Martina, que te dé un par de clases de descifrado de dispositivos. —Terció Elena nuevamente.
—Dan, espera un momento. —Le dije, mientras me dirigía a la puerta. Miré hacia fuera y me quedé en medio, bloqueándola. Como si quisiera encerrar un secreto y que no se escapase de allí. —¿Recibiste el informe que te envió Martina ayer? —
—Si. —
—Perfecto. ¿Qué conclusión has sacado? —
—Pues, para empezar, está incompleto. Falta la parte más importante en la que habla de los miembros destacados de la organización.
Tampoco describe muy bien sus contactos con los carteles de la droga…
lo deja todo… muy en el aire. No se… O no era tan profesional como quería aparentar o…
¿Puede que haya otro informe más completo por ahí?
Quizás lo tenga su hermana, o sepa algo…
Si queréis, puedo entrevistarme con ella, a ver si recuerda algo.
—Ahí quería yo llegar. Sabíamos que él tenía más información de la que nos quería dar, y, como buen topo, quería saber todo lo que sabíamos nosotros, pues él, no nos iba a decir nada.
Volví a mirar por la puerta, verificando que no hubiera nadie detrás, sobre todo, que no estuviera Lucas o el Coronel.
—Si, puede ser. No te preocupes por Isabella. La doctora se encargará de eso. Hay otro tema del que me interesaría conocer tu experta opinión. —
—Dispara. —
Si pudiera… —¿Qué opinas del coronel Pastor? Me refiero, profesionalmente. ¿Crees que es una persona de fiar? —Necesitaba conocer su postura, su opinión, pues, si hacía bien su trabajo, seguramente me diría todo lo contrario de lo que realmente pensaba. Es decir… mentiría.
—No lo sé. No me lo he planteado… —
—Vamos Dan. Todos tenemos un parecer respecto del resto del equipo.
Por ejemplo. A mí, el coronel Damián no me gusta.
Me parece que podría estar ocultando algo, pero…
no sabría decir el qué. Por eso necesito vuestra opinión y vuestro punto de vista.
La de todo el equipo. —Elena, desconcertada, no sabía a donde quería ir a parar, al hacerle esas preguntas.
Incluso, por su rostro, creía que desvelaría su hallazgo.
Val y Rob, sin embargo, me cazaron el envite a la primera.
—A mi me parece un hijo de puta y un mentiroso. Estoy con el jefe. —Rob me respaldó, consiguiendo el efecto deseado.
—Veréis… para mí… —Pude ver cómo, de reojo, miraba hacia fuera del despacho, buscando lo mismo que buscaba yo.
—Y sin que él lo sepa… no me engaña con esa mirada aguda y sus aires de superioridad.
Parece sacado de una película de espías.
Es como si siempre estuviera jugando al ajedrez, pero con las vidas de otras personas.
Detrás de esa risita, arrogante y que utiliza diariamente…
realmente… creo que es solo una máscara, que utiliza para ocultar algo.
Creo que nos está manipulando en este caso.
Como si fuéramos marionetas. Mirad… —En ese momento, se dirigió a todos.
Ahí estaba. Dan cumpliendo una de las funciones para las que alguien le había reclutado.
—El Coronel es el tipo de persona que haría cualquier cosa para salirse con la suya, sin importar quien salga herido en el proceso.
Es un narcisista de manual, y creo, desde mi humilde doctorado, que deberían de diagnosticarle un TNP [68] .
Eso es un problema muy serio para comandar un equipo. —
—Recibido. Daniel, de esto nada a nadie. —El coronel Pastor apareció en el fondo del pasillo, dirigiéndose con paso marcial hacia su despacho.
—Oído jefe. —
—Ahora, vete a releer el informe y ver si consigues ver algo que se te haya podido escapar. —Me acerqué a su oído y le susurré. —Yo voy a poner a estos al hilo, que se me están descontrolando. —Esbocé una falsa sonrisa y le sujeté la puerta para que saliera del despacho.
—No entiendo porque ha dado ese diagnóstico tan, tan, tan preciso. Sabemos que el Coronel puede llegar a ser un cretino total, pero… —Elena estaba desconcertada.
—Entonces… ¿Pascual es de los buenos… o de los malos? —Val estaba confusa, al igual que el resto.
—Solo hay una manera de saberlo. Por favor, tratad de que nuestra visitante pase desapercibida todo lo que pueda. Ahora vuelvo. —
—¿Dónde vas? —Puse el móvil a grabar y me dirigí directo al despacho de Pastor.
—¡Qué demonios es esto! ¿No le han enseñado a llamar a la puerta antes de entrar en el despacho de un superior? —Ahí estaba. El coronel Damián Pastor acababa de llegar a la unidad. Que mejor momento para pillarle con la guardia baja. Cerré la puerta tras de mí.
—¡Déjese de hostias! ¿Qué cojones sabe de organización O.N.O.
? y ¿Por qué no nos ha contado nada que pueda ayudarnos en la investigación de la muerte de Diana Martínez?
—El tono era amenazante, enfadado, quizás extralimitado, pero necesario, pues había que poner al Coronel en tensión, llevarlo hacia un límite inesperado y que mostrase sus cartas. Para bien, o para mal.
—A MI NO ME HABLE CON ESE DESDÉN. —Me dirigí a la parte del despacho donde, la noche anterior, encontré el informe de O.N.O.
—Pero… ¿QUÉ ESTÁ HACIENDO? Le voy a sacar de esta unidad tan rápido que…
—Saqué el dosier oculto bajo otros documentos y lo tiré sobre la mesa, y sin dejar de mirarle fijamente a los ojos, tercié.
—NO ME TOQUE LOS HUEVOS, CORONEL. ¿Qué cojones es esto? y ¿qué hostias hacía usted, reunido con mi muerta, la semana pasada? —Esa pregunta le dejó totalmente descolocado y mudo.
—Yo… —
—Se, por mis contactos, que usted se reunió con ella.
Que Diana le entregó un dosier en el que se hablaba de una organización, O.N.O.
¿Sabe de lo que estoy hablando? Este dosier.
—Le dije señalando firmemente los documentos que acababa de arrojarle en la mesa.
—Un dosier donde hay fotografías que comprometen a militares.
Un dosier donde se habla de la organización “Nuevo Orden Mundial”.
—Pero que no me había dado tiempo a leer, solo que eso…
lo dejaba en el aire. Si él creía que había memorizado lo que ponía…
quedaba a su criterio. El Coronel, furioso, se dirigió a la puerta del despacho asegurándose de que estaba cerrada, bajando los estores interiores para que nadie viese lo que iba a ocurrir ahí dentro.
Se dirigió hacia mí, atravesándome con la mirada.
—Así que ¿Fue usted, quién esta noche, ha accedido a mí despacho? —
Como sabía que… Claro, no cerré la puerta con llave. —Sí. —
—¿Sabe que podría denunciarle por robo con fuerza, allanamiento y revelación de secretos públicos? —