Sin cabos sueltos (Hostes 1) 16
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​ Observado desde su despacho por el Coronel, abandoné la planta en dirección al garaje.

De paisano, con un chaleco antibalas interior bajo una camiseta negra, mi arma secundaria, la HK enfundada en la pernera, y un fusil en el asiento del pasajero, salí del cuartel en uno de los Jeeps Grand Cherokee que teníamos a disposición de la unidad.

El mismo en el que atendimos la llamada del asesinato de Diana.

​ — ¿Eres imbécil o que te ocurre? —De fondo se escuchaba a Martina tratando de justificarme, pero al unísono, se percibía a Valeria, soltando improperios dignos de una tasca irlandesa.

Me retiré hacia un lado para no molestar a Marisa, que, si bien continuaba concentrada en su tarea de control de la aproximación a la pista, esbozaba una sonrisa repentina, pues no había podido obviar que escuchó, lo que perfectamente podía ser, la reprimenda de una esposa a su marido por a saber dios qué.

La justificación mía, he de decir, que no fue mejor.

​ —A ver, que no es lo que parece. —Pero en que cojones estaba yo pensando.

La situación debió de ser la mar de cómica, pues incluso la controladora, con sus auriculares puestos, se dio la vuelta para mirarme y ampliar su sonrisa.

—Quiero decir… Verás, te explico lo ocurrido.

—La carcajada de Marisa era ya imparable.

—A ver. ¿Recuerdas la nota con mi número de teléfono escrito en la habitación?

Como te dije, Isabella le dio mi número a su hermana.

Pues bien. Parece ser que Diana no tuvo tiempo de llamarme, pero ahora lo ha hecho su hermana.

Venía a España y he conseguido que desvíe su vuelo aquí.

La recogeré y la llevaré a la unidad. Allí le daré la noticia y veremos que sabe ella de todo lo ocurrido.

—Tenía que darle algo positivo para que no se enojase más.

—He descubierto el misterio del corazón de Diana. Ahora que os lo explique Martina. —

​ — Pero ¿Por qué no nos has llamado antes? Si me lo hubieras dicho, te habría acompañado. —

​ —Lo sé, pero necesitaba que descansarais. Vosotros sois los cerebritos pensantes. Yo no puedo investigar determinadas cosas que vais a tener que hacer en cuanto llegue con Bella. Por cierto, te dejo, que el avión va a tocar tierra. —

​ — En cuanto salgas de la base… —

​ —Quedaros con la Operadora, yo os aviso en cuanto salga. Y relájate un poco, que tú eres la imperturbable del equipo. —

​ — No había tenido tantos dolores de cabeza como desde que te conozco. —Su tono, aunque serio, denotaba aires compasivos y afables.

​ —Te dejo jefa. —Corté la comunicación cuando faltaban apenas un par de minutos para que el avión tomase tierra. Marisa me entregó unos auriculares e inició la comunicación oficial con la aeronave para finalizar la maniobra de aproximación y el aterrizaje.

​ —Vuelo N15686NY, aquí la torre de control del aeropuerto militar Matacán de la provincia de Salamanca, recibido, confirme posición actual y estado de la aeronave. —

​ — Torre de control, aquí vuelo N15686NY, estamos a tres millas náuticas dirección oeste, altitud mil quinientos pies, todo OK, listos para recibir instrucciones. —

​ —Vuelo N15686NY, torre de control, listas de tráfico actualizadas. Puede comenzar aproximación a la pista dos. Reduzca velocidad a 160 nudos y mantenga descenso. —

​ — Torre de control, Vuelo N15686NY, entendido.

Tenemos pista a la vista. —Aquello parecía un videojuego hiper realista.

Ver un aterrizaje desde una torre de control distaba bastante de verlo desde el mismo avión o desde una sala de espera.

Allí se respiraba concentración por todos los rincones.

Y eso que solo estábamos la controladora y yo.

​ —Vuelo N15686NY, torre de control. Autorizado para aterrizar en la pista dos. Viento en calma. Buena suerte.

​ — Torre de control, N15686NY, agradecemos la autorización. Continuamos con el aterrizaje en pista dos. Gracias. —

​ Tras un aterrizaje suave en la pista, la nave continuó su rodadura hacia la terminal bajo la guía de la torre de control y los servicios terrestres.

​ —Vuelo N15686NY. Aterrizaje perfecto, bienvenidos a España. —La controladora, como si fuera una de sus aeronaves particulares, me dio vía libre para bajar a pista a recibir a los pasajeros.

​ La puerta del Global 6500 se abrió y allí estaba ella.

El vivo retrato de su hermana, aunque unos años más joven, deslumbrante, como la estrella pop que era.

Emergió del interior del avión con una mezcla de nerviosismo y ansiedad, palpable en su semblante.

Sus pasos, imagino que normalmente seguros y decididos, ahora mostraban una ligera vacilación mientras bajaba por las escaleras de abordaje de la nave.

El brillo de las luces de la pista reflejada en sus ojos, creaba destellos fugaces que apenas lograban disimular la preocupación que, la consumía por la incertidumbre de no saber nada de su hermana.

Con una mano, apretando fuertemente el pasamanos de la pasarela, Bella descendía lentamente cada escalón.

Al llegar al pie de la escalera, sus ojos escudriñaron la pista hasta que me encontraron. Me reconoció al instante.

​ —Las fotos no te hacen justicia. —

​ —He de decir que a ti tampoco. —Le dije. Puso su mano sobre mi pecho y me dio dos besos de cortesía. Noté su preocupación al palpar mi chaleco. —No te preocupes por nada. Te voy a llevar a mi despacho y allí hablamos tranquilamente. Recoge tus maletas, las meteremos en mi coche. —

​ —¿Crees que puedes encontrar a mi hermana? —Preguntó. —Te noto demasiado serio. Todo lo contrario a cómo te describía Vicky. —Ella intuía algo. Yo no pude reunir allí mismo las fuerzas para decirle la verdad.

​ —Digamos que… llevo un par de días para olvidar. —

​ Subimos al coche y abandonamos la base.

Me sorprendió la rapidez con la que recorrí la distancia que separaba la base aérea del cuartel.

No hubo ningún incidente, extremo que me extrañó bastante, ya que esperaba que el coronel Pastor se hubiera tomado alguna molestia para interceptarme.

Una vez en el garaje del cuartel, Elena y Val estaban esperándome en la puerta del ascensor.

Bella se comenzó a preocupar cuando, tras preguntarme hasta en cuatro ocasiones del por qué la llevaba hasta el cuartel y por qué estaba tan serio.

Nada más salir del coche, me miró fijamente, con sus ojos almendrados que, en ese momento, desprendían angustia.

​ —Sabes algo de mi hermana Diana. ¿Me equivoco? —

​ —Vamos arriba, que estaremos más tranquilos.

—En ese momento, su semblante, que hasta el momento había sido el de una persona que irradiaba serenidad, se tornó al más absoluto desconsuelo, desolación y pesar que podía imaginar.

Había dolor en sus ojos. Su piel, hasta entonces suave, perfecta e inmaculada, se erizó al máximo.

​ —Está muerta ¿verdad?, no, no, ¡POR DIOS!

—Un desgarrado lamento ahogó el garaje, emitió un grito de angustia y desesperación que nos heló la sangre.

Traté de sujetarla mientras sus piernas flojearon debido al shock.

—DIANA, NOOOOO, POR FAVOR, NO… DIANA… —Valeria y Elena, acudieron raudas a sostenerla y tratar de calmarla, pero fue imposible.

El lamento por una hermana perdida no es fácil de acallar.

Trataba de respirar, pues sus inspiraciones eran incompletas y aceleradas.

—…la han matado… —Finalmente, se desmayó.

Pero ¿Cómo sabían que la habían matado? Todavía no le había dicho nada.

¿Era posible que supiera quién la había matado? Y ¿Por qué?

​ La subimos en brazos, pues apenas se sostenía en pie, hasta el sofá del despacho de Elena.

Allí, todavía en estado de semi ansiedad, pudimos entender como decía, en un profundo susurro y entre las respiraciones entrecortadas…

—Han sido ellos… —Nos miramos los tres. Definitivamente, sabía quién había sido.

​ Martina irrumpió en la sala. No podía dejar de mirar a tan vulnerable y bella mujer.

​ —Hugo, quizás no sea buen momento, pero creo que deberíais saber que he accedido nuevamente a la sala de chat de la Deep Web.

​ —¿Qué ocurre ahora? —

​ —Hay mucha gente que ha abandonado la sala desde hace dos días, y parece ser que por miedo. Hay personas asiduas al canal que hace una semana que no han escrito y se han disparado las teorías conspiratorias. —

​ Estarán de vacaciones, pensé. —Y eso es importante ¿por qué…? —

​ —Porque eran moderadores diarios y parece ser que han cesado toda su actividad. Y cuando digo toda, es toda. De sus IP’s no ha salido ni entrado ni un bit de información. —

​ —Pues estarán de vacaciones, habrán tenido un apagón, o mejor, han decidido ponerse a trabajar en un trabajo de verdad. —Elena y Valeria estaban prestando atención a lo que decía Martina.

​ —¿Conoces a Celeste Mendes? —

​ —No ¿debería? —

​ —Mujer, cincuenta y siete años, soltera, con seis gatos, dos perros y un hurón.

Vivía en Suiza. A pesar de que pudiera parecer una loca de los gatos, tenía una casa con un jardín de cuatrocientos metros cuadrados, la mitad que su casa.

Mayordomo, jardinero y dos amas de llaves.

Decían que era la mujer más maravillosa, simpática, dicharachera, inteligente, generosa y altruista que jamás conocieron.

—Bella comenzaba a despertar, pero no sin esfuerzo.

—Regaló un coche al hijo de una de las amas de llaves, simplemente, porque este no tenía combinaciones de autobús ni tren para ir desde su casa a la universidad. —

​ —Sigo sin conocerla, aunque parece una buena persona. —

​ —Parecía. Celeste Mendes, más conocida entre los internautas más conspiranoicos como @Rosacruces13. ¿Te suena ahora? —enarqué las cejas como mueca de sorpresa. —Ha aparecido muerta en su habitación, sentada en su sillón, mientras veía la televisión. —

​ —Pobrecilla. ¿Un infarto? —