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Quiero que nos cuentes, ¿qué es lo que ha pasado? —
Era totalmente comprensible, y, por otra parte, necesario, que el equipo supiera lo que había ocurrido.
Les pedí a Dan y a Martina que analizaran el tatuaje del copiloto y la grabación que pude reproducir de sus últimas palabras.
Era una grabación con una entonación totalmente españolizada, así que, les pedí que hicieran lo posible.
No obstante, en vez de ir a sus puestos de trabajo, se quedaron sentados en la sala de reuniones esperando, como el resto, que les relatase lo ocurrido.
En el centro de las miradas, me sentía totalmente arropado por el equipo, a excepción, evidentemente, de la mirada de desinterés y animadversión que presentaba uno de ellos.
—Bueno, ha sido todo… —Lindsey Stirling comenzó a sonar en mi teléfono.
—Es el General. —La resignación rebosaba por cada poro de sus pieles.
Querían saber lo ocurrido desde el principio, y tendrían que esperar.
—Id adelantando trabajo, a ver qué podéis sacar del tatuaje y la grabación.
Ahora vuelvo y os cuento… Por cierto… el té está delicioso.
—Martina agradeció con un gesto de cabeza y, levantando la taza del suyo, asintió quedamente.
Tras una llamada de teléfono con el general Castaño que pareció interminable, determinamos que el asunto era más serio de lo que él esperaba, y que me iba a poner en “cuarentena táctica”, aparcándome en el despacho hasta que el caso fuera tomando forma.
Quince minutos de conversación después, pude convencerle, no sin esfuerzo, de que mi utilidad estaba en ese tipo de situaciones más que en un simple despacho, por lo que, finalmente, accedió a permitirme continuar con el servicio, no sin antes, informarme que mi mujer e hija tendrían que irse de vacaciones forzosas una temporada, hasta que identificásemos la amenaza.
De vuelta a la sala de reuniones, el equipo al completo, excepto Lucas, que salía del despacho del Coronel para unirse nuevamente al grupo, continuaban en sus sillas.
Nadie se había movido de allí. Tras contarles lo ocurrido, obviando por supuesto, todo lo relacionado con Artemisa, me sentí bastante más aliviado, pero con la sensación de que, todavía tenía una espinita clavada en forma de secreto.
El grupo se estaba cohesionando muy bien, y Valeria continuaba demostrando su potencial.
Esperó a que finalizase mi relato para hablar.
—¡Es neerlandés! —Su rostro mostraba que acababa de recibir una iluminación divina, como si acabase de recordar algo que llevase años olvidado.
—¿Qué? —dijo Martina que, si bien había estado escuchando, no había dejado de martillear, con sus minúsculos dedos, su inseparable tablet.
—El acento me confundió, pero he estado dándole vueltas a lo que grabaste y…
me sonaba de algo, pero no estaba segura.
—Me señalaba con el dedo. Mientras, cada segundo que pasaba se podía notar que la seguridad en sus palabras crecía.
Martina colocó la tablet en la mesa, y con las dos manos, su velocidad de escritura aumentó.
—En cierta ocasión, tuve que escuchar durante varios meses, conversaciones en determinados dialectos septentrionales, germánicas orientales y occidentales, con el único objetivo de tratar de localizar un puerto alemán donde se iba a producir el desembarco de un…
—Se dio cuenta de que estaba dando más información de la necesaria.
—Buen o… por si aparecía un nombre, así que se me hizo mucho el oído a esos acentos.
No entendía nada, pero claro, esa mezcla de sonidos no contemplaba el acento castellano de Hugo, así que, de primeras, no lo entendí.
Hasta que, imitando tu acento con aquellas conversaciones…
“Eindjes achter”… Creo que puede significar… —
—Cabos sueltos. Val tiene razón. Neerlandés. A ver si puedo conseguir algo que se parezca a lo que tú has dicho. —Martina estaba demostrando nuevamente su valía y esta vez, fue ella la que se adelantó a Valeria.
—Val… Esas conversaciones que estuviste escuchando en… —Iba a realizar una pregunta a la que sabía, no obtendría respuesta.
—Ni confirmo, ni desmiento. Ya lo sabes. —
—Si, si, cierto. —
—Val, por favor, lee. —Martina hizo un gesto con su mano derecha, deslizando algo desde su pequeña pantalla portátil a la pantalla central. Con un acento neerlandés perfecto, Val leyó la pantalla
—¡Ze laten geen losse eindjes achter! —Me estremecí, ya que eran exactamente las mismas palabras y la misma entonación que la que me dijo aquel tipo, salvo por el timbre, bastante más dulce, de la voz de Valeria. —
—¡Exacto! sí, eso es lo que dijo. —
Martina hizo nuevamente el gesto desde su tablet a la pantalla. En ella apareció la traducción literal del texto.
“Ellos no dejan cabos sueltos.”
Aparecieron tonos pálidos y gestos desencajados en las caras de casi todo el grupo. Nos quedamos un minuto en silencio, hasta que Elena tomó nuevamente el mando.
—De acuerdo, parece que tú eres un cabo suelto.
Ahora hay que averiguar el motivo. Lucas, averigua las identidades de los dos cadáveres y de dónde sacaron el coche.
En marcha. —Lucas encontró la excusa perfecta para abandonar la sala.
Todos nos extrañamos que Elena enviase a Lucas, dado su comportamiento y su falta de compañerismo, con esa personalidad tóxica que emanaba cada centímetro de él, a averiguar datos tan trascendentales para la investigación.
Una vez que Lucas abandonó el corrillo, Elena continuó asignando tareas.
—Martina, hoy te vas a ganar el pan. Averigua todo lo que puedas de Diana.
Todo lo que se nos haya podido escapar. Si es cierto lo que ha contado Hugo, todo esto está ocurriendo por ella. —
—No te quedes en noticias superficiales, busca en la red oscura.
A ver si localizas, no sé, últimos vuelos, personas que se hospedaron con ella en hoteles, que compartieron el mismo wifi, discusiones con compañeros o cualquiera que haya tenido relación con ella en los últimos meses.
—Todas esas cosas que pedían en las películas y que yo siempre decía que eran fantasmadas.
—Si, perfecto. —Añadió Elena. —Dan, por favor, redes sociales de su familia.
Instagram, X, Tik tok, Facebook, WeChat, lo que tu consideres.
Necesitamos trazar sus últimos movimientos y posibles líneas en común con amigos, compañeros de trabajo o personas que hubieran coincidido con ella, de una manera, no tan esporádica como pudiera parecer.
Necesitamos algo que pudiera existir en el vínculo entre hermanas, a ver si por ahí sacamos algo.
Alguna foto, video en el que aparezca alguien parecido a nuestros huéspedes del laboratorio anatómico. —
—¡Voy! —Dan estaba deseando ponerse a trabajar e hizo el amago de seguir los pasos de Lucas al abandonar la sala, pero Elena le detuvo.
—Pero no te vayas todavía. Roberto, quiero que investigues también a los dos que hay en la morgue cuando te dé el informe. Vas a llevar la investigación paralela a la de Lucas. No quiero que le digas nada. Quiero… —
—Ya me extrañaba que le dieses a ese saco de mierda una parte de la investigación tan importante.
¿Por qué lo has hecho? —Sabía lo que estaba haciendo Elena, y mientras Roberto estaba hablando, me dirigí a la puerta por la que había salido Lucas y desde la que se veía perfectamente el despacho del Coronel.
No había moros en la costa. Elena entendió mi gesto perfectamente.
—Mirad. No me voy a andar por las ramas. Os podría decir que quiero comparar las dos versiones de lo que encontréis, pero… —
—Con el debido respeto, doctora, pero esto me toca decirlo a mí.
—La atención del equipo se focalizó, más si cabe, en nosotros dos.
—Ante todo, debéis de saber que no voy a justificar mi actuación ni mis decisiones.
—No podía utilizar un tono autoritario con ellos.
Ni su confianza en mí se lo merecía, ni mis fuerzas me lo permitían.
Todavía me estaba recuperando de la actuación en la carretera.
—Mirad, siento no poder daros toda la información, conocéis de la personalidad de Lucas y, además, habéis visto la actitud de Lucas últimamente y…
alguna que otra actuación… dudosamente ética. Creo… —
—Creemos. —Convino Elena.
La doctora no confiaba en Lucas, y esta no era ajena a mis desavenencias con él.
Mi instinto me decía que Elena podría ser un buen activo en cualquier investigación, y dado que la empresa del General debía continuar siendo un secreto, acordé en contarle que no me gustaban sus métodos de trabajo.
Es decir, lo estrictamente necesario para poner el foco de investigación en los quehaceres de Lucas con la justificación de poder echarle del equipo en caso de que fuera necesario.
Mi tapadera continuaba intacta, y tenía colaboración para investigar, a quien parecía, la mano derecha del Coronel.
—Perdón. Creemos… que Lucas no está centrado en la unidad.
Ya le he descubierto en una cagada bastante importante con una prueba del caso, y hasta que descubra si es, porque quiere acrecentar su ego personal para con el grupo, ganar puntos con el Coronel u otra cosa peor, necesitamos mantenerle al margen de lo realmente importante para la investigación. —
—Si lo que descubras tú, Rob, difiere en demasía de lo que descubra Lucas, estaremos un poco más cerca de poder valorar sus verdaderas intenciones. Espero que no te sientas utilizado. —Elena era una líder excepcional, y cada día que pasaba, se le notaba un poco más.
Tras varios segundos de silencio, Roberto sentenció.
—¿Utilizado? Mirad, por mi experiencia personal, y después de lo que ha ocurrido hoy, no quisiera tener a ninguno de vosotros en el equipo contrario.
Lucas nunca me ha gustado. Me parece un chota [40] , un payaso y no me fio de él.
Ese compadreo con el Coronel… no me gusta.
No necesito saber, de momento, nada más.
En cuanto me des el informe de la autopsia, me pongo con ello. —
—Ya me extrañaba a mí que asignarais esa tarea a Lucas. Por cierto, ¿Hay algo más que debamos saber? ¿Nos estáis investigando a alguno más? —Una afirmación y unas preguntas propias de Valeria.
—Si dudase de alguno de vosotros, creedme que no estaríais aquí escuchando esto, aunque…
por otra parte… tampoco os lo podría decir.
Espero que entendáis que os estemos manteniendo al margen.
—Fin del cuestionario. —Elena, por favor ¿te puedes poner con las autopsias?
Necesitaría cuanto antes las fotos de sus tatuajes. Tengo… una corazonada.
—Por supuesto. —Elena cogió la bata inmaculada que portaba su identificación y que colgaba del perchero metálico de la sala.
—Val, tú y yo nos vamos a la galería de tiro hasta que haya novedades.
Me gustaría practicar una táctica… que utilizaba con mi antigua unidad.
—En vista de que era la alumna aventajada en técnicas de cuerpo a cuerpo, debido a sus años en operaciones encubiertas, y a la vista de que era, por méritos propios, la tiradora designada [41] del grupo, necesitaba exprimirla un poco más hasta ver si llegaba a su límite, en enfrentamientos directos, con material táctico.
Roberto, Valeria y Martina, que sería nuestra base, conocían “Troya”, pero necesitaba que Val conociese “300”, solo…
por si acaso. No pretendía convertir a Valeria en la nueva Vicky, ni buscar un sustituto a Adán, mis dos puntos.
Pero veía algo en ella que me recordaba mucho a ellos dos.
Ciertamente, el grupo, a excepción de Lucas, evidentemente, se estaba compactando y trabajaba bastante bien.
No mentí en ningún momento a la unidad en relación a ese tema, y ocultar parte de la verdad, aunque algunos puedan interpretarlo como mentir, técnicamente es omitir información, algo muy diferente a tergiversar la verdad, por lo que, poco a poco, iba liberándome de esa presión a la que me sometió el General, pero sin exponer la situación ni poner en riesgo mi misión principal.
Era una terapia de liberación parcial o, como hubiera dicho Charo, mi terapeuta favorita, con una de sus maravillosas metáforas de la vida, “ Imaginemos que estamos construyendo un puente. Si vertemos todo el hormigón de golpe, el peso puede ser demasiado para la estructura pudiendo colapsar. Debemos verter la mezcla poco a poco, capa por capa, permitiendo que cada parte se asiente, fortaleciéndose antes de verter la siguiente. De esta manera, aseguramos que el puente, o la misión, se complete con éxito y sin contratiempos” .
Era una crack… pero no me dio el formulario de valoración del servicio prestado.
Por otra parte, creo que ya tenía localizada a la oveja negra.