Sin cabos sueltos (Hostes 1) 6 #2
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​ —Estoy seguro de ello. —Dijo por lo bajo Lucas, consiguiendo nuevamente que se me acelerara el pulso.

En ese momento, el Coronel entró en la sala e, intuía, que para ver en qué había derivado el hallazgo fortuito, por parte de su protegido, de un elemento que podía ser clave para la investigación.

​ —¿Alguna novedad en el caso? —

​ —Le enviaré un informe con lo que tenemos en unos minutos Coronel. De momento solo sabemos que no fue un suicidio. Pero tenemos que seguir investigando. —Dijo Elena.

​ —He podido escuchar que Lucas ha encontrado el móvil de la víctima. Buen trabajo. Reitero la orden, en el momento que tengan información, háganmelo saber, para… trasladársela personalmente al General. —

​ —Así lo haremos, Coronel. —Elena notaba algo raro en la insistencia y en la premura a la hora de pedir la información.

​ —¡Perfecto! Lucas, tengo entendido que ha faltado al respeto a varios de sus compañeros.

En especial, a alguna compañera. A mi despacho.

—Salieron de la sala, pero con una sensación de que no quería que Lucas fuera a su despacho para abroncarle, sino, para preguntarle por el tema del teléfono.

De facto, y tras unos minutos, se oyó una sorda carcajada en el interior de ese despacho hasta que el invitado al mismo abandonó la sala.

Mientras Dan hacía bocetos a lápiz del posible tatuaje de…

llamémosle… “el de mantenimiento”, el resto ponía puntos en común y teorizaban en relación al posible contenido del teléfono.

Yo intentaba meter con calzador, y como si fueran meras hipótesis, algún mensaje de los que había en el teléfono autentico, lo que nos llevó a debatir durante una media hora más o menos.

Momento en el que mi teléfono emitió una alerta, acompañada de un mensaje escueto. Una sola palabra. — Laboratorio—.

​ Cuando bajé al laboratorio, observé a Martina con una leve palidez en el rostro, esperándome en la puerta.

​ —No entiendo como es esto posible, jef… Hugo. —

​ —¿Qué ocurre? —

​ —Si no fuera descabellado, diría que es un clon del teléfono de Diana. Pero con varias diferencias. —

​ —¿Como? explícate. —Hostias, si era una clonación del teléfono, quizás este también tenía fotos o información en la que yo podía aparecer.

​ —Verás. —Y me dirigió hacia la mesa en la cual se encontraba el teléfono, conectado al monitor, donde anteriormente estuvo acoplado el verdadero móvil de Diana.

—Tiene fotos suyas, tiene sus contactos, sus apps, incluso sus juegos.

Es una copia casi exacta de su teléfono móvil, pero con una salvedad.

Las fotografías que tiene, únicamente son las de las carpetas del directorio raíz.

No las que se encuentran vinculadas con la app de mensajería.

​ —Bien, con un poco de suerte, mi fotografía no está. En el móvil original, esa foto fue enviada por WhatsApp a Diana. —Esta vez, solo lo pensé, y no lo susurré.

​ —Y los mensajes… bueno, compruébalo tu mismo.

—Agarré el teléfono y abrí la aplicación de mensajería WhatsApp.

Los mensajes estaban ahí, pero solo había unos cinco grupos y un par de chats, en total unos doscientos mensajes aproximadamente cuando en el original había bastantes más.

Lo más curioso era que, en el apartado de contactos y junto a la foto de Bell, la hermana de Diana, aparecía la palabra “ Hermana ”, no Bell, Bella ni nada parecido.

Y no había mensajes desde hacía varios días.

—Desde mi ignorancia… si se ha duplicado el dispositivo… este clon se creó hace varios días. —

​ Martina me leyó el pensamiento. —Estaba planeado. —

Esto daba alas a la teoría de que alguien iba tras ella. No sabíamos por qué, pero este trabajo no había sido improvisado. Llevaban días o semanas tras ella. —Pero eso lo sabemos nosotros, porque tenemos el otro teléfono. —

​ —¿Y qué hacemos ahora? —Dudó Martina.

​ —No lo sé. Lo único cierto es que Lucas ha traído un móvil fake, un puto clon del móvil de Diana, y…

tengo la impresión de que el coronel Pastor…

No quiero involucrar al resto del equipo hasta que no sea necesario.

—Esto podía servir como prueba y, quizás, el General no vaya tan desencaminado con sus sospechas.

Tuve un minuto en el que mi cerebro estaba sobre revolucionado pensando en lo ocurrido, en Lucas, en Pastor.

Creo que esto es a lo que se refería el General cuando me reclutó.

Había una oveja negra, pero no me iba a conformar con localizarla.

Quería saber si estaba sola o si había un rebaño de ovejas negras, quienes eran y por qué estaban aquí.

—No digas nada. Si preguntan por el teléfono, di que estaba muy dañado, que estás trabajando en él, y que en cuanto tengas algo presentarás el informe. —

​ —¿Y tú que vas a hacer? Si se puede saber. —

​ —Necesito averiguar un par de cosas antes de continuar con la investigación. —Mi cara, de decisión, en ese momento debía ser muy expresiva pues Martina no dejaba de mirarme, pero estaba focalizado en lo que tenía que hacer, en mi misión.

​ —No creo que al equipo le haga gracia que les dejes de lado. —

​ —No les voy a dejar de lado. Pero tengo un par de cosas que hacer antes de compartir toda esta información. —

​ Subí a la sala donde todos estaban reunidos para despedirme. Había finalizado por hoy.

​ —Me voy al gimnasio, necesito pensar. Lo que queda no es competencia de mi especialidad, así que, si no os importa, voy a despejarme un poco. Si hay alguna novedad… ya sabéis. Valeria, me gustaría que mañana bajásemos a la galería antes de la reunión a primera hora. ¿Te parece bien? —

​ —Allí estaré, jefe. —

​ —¡Joder! Que no me llaméis jefe. —Y tanto Val como Elena esbozaron una sonrisa.

​ —No te canses mucho, mañana te queremos al cien por cien. —Rob, creyendo que todavía estaba frustrado por el hecho de que se escapara aquel tío, utilizó la psicología que daba la experiencia para tratar de animarme. Les hice un gesto con la mano, pulgar arriba.

—Hasta mañana. —A mí todavía me quedaba una noche movida. Tenía que lidiar con Artemisa y necesitaba aclararme las ideas. Pensar en conspiraciones no era mi fuerte. Lo mío era la acción. Y ahora me sentía ligeramente fuera de lugar. Como un tiburón en la orilla en vez de en mar adentro.

Antes de abandonar el edificio, quise comentarle al General todo lo ocurrido en el día. Un informe en primera persona y no uno sesgado, relatado por el Coronel.

​ —Buenos tardes General. ¿Da su permiso? —

​ —¿Viene solo? —Se levantó de su sillón y se dirigió al perchero que tenía en su despacho. Estaba vestido de calle, por lo que entendía que se iba.

​ —Afirmativo. —

​ Su semblante se relajó. —Pasa. Estaba a punto de irme a Madrid a una reunión. Cuéntame. —

​ —Seré rápido General, no le robaré mucho tiempo.

—Venga, ahí va la bomba. —No me gusta Lucas ni el Coronel.

Y en estos momentos, no sé en quien puedo confiar.

—El general Castaño me miró seriamente, volvió a dejar en el perchero el abrigo, y me indicó que me sentara en uno de los dos sofás de color negro que tenía en su despacho.

En el medio de los dos sofás, una mesita color oscuro que aportaba más seriedad y señorío al despacho.

​ —Comienza. Desde el principio. —

Le conté lo ocurrido en la escena del crimen de Diana. Le conté las salidas de tono de Lucas. Le conté el enfrentamiento inesperado con el tipo aquél. Le conté también el feeling que noté entre Lucas y el Coronel tras la reunión. La duda me surgió cuando llegué al punto delicado del teléfono móvil.

​ —Cuando te recluté, te informé muy claramente que, esta era una de las misiones que tendrías en la unidad.

No sé hasta qué punto está corrompida, o quieren corromper, o quieran controlar y vigilar los movimientos de HOSTES, al ser una unidad de élite de nueva creación.

Lo que te voy a contar es información de alto nivel, un nivel muy superior al tuyo y, que evidentemente, negaré haberte dado.

La recomendación del coronel Pastor viene avalada por personal ajeno al gobierno de España. —

​ —Pero ¿Como es posible que se acepten recomendaciones, para dirigir a una unidad española de este calibre, desde otros lugares que no sean España? Eso puede ir en contra de nuestros propios intereses. —