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Quedaba confirmado que no había sido un suicidio, sino más bien, un asesinato, muy bien ejecutado. El informe de la autopsia era muy claro. “Las lesiones insinúan un acto violento y posiblemente premeditado”, “Trauma abdominal y asfixia”.
—Hubiera sido un buen juego erótico, pero no había restos seminales en la habitación ni en el cuerpo. —Dijo Val, —Por lo que me uno a la teoría de Hugo. —Roberto también asintió en el fondo de la sala.
—Y yo. Es la que más preguntas responde. —Dan solo hacía que tomar notas.
—¿Qué opinas Dan? —Preguntó la doctora.
—Veréis, según mis apuntes, tras ver las fotografías y videos diría que, la meticulosidad y la ausencia de signos de lucha en el escenario, sugieren un asesino altamente organizado y calculador.
La falta de desorden podría indicar un control total de la situación y una habilidad para pasar desapercibido.
La disposición cuidadosa del cuerpo en la habitación, apunta a un sentido estético o simbólico, posiblemente con un mensaje específico ¿la belleza de la muerte?
¿el arte de quitar la vida? La elección de una presentadora de noticias podría indicar un motivo relacionado con su exposición mediática o su trabajo, o únicamente que era su fetiche sexual.
Sería crucial investigar posibles conexiones personales, o profesionales, pero…
esta última, a mi ju icio, es poco probable.
—Dan dio un leve suspiro tras su exposición.
—Muy bien… —
—No. Espera. Ese hubiera sido mi análisis, que ha quedado reducido a un montón de garabatos, tachones y correcciones en cuanto he leído el informe forense y he escuchado la teoría del jefe. —Dan prosiguió.
—Joder, que no me llaméis jefe. —Susurré por lo bajo.
—La primera parte sigue igual, el autor es muy meticuloso, altamente organizado, calculador y con una habilidad para pasar desapercibido innata, a lo que tengo que añadir, que no es el primer ni el segundo escenario que prepara.
Nada en este crimen ha sido improvisado y mucho menos la forma en la que le ha quitado la vida a nuestra víctima.
Veréis… este sicario es, perfeccionista, exhibe una maestría exquisita en la planificación y ejecución de sus crímenes.
Tiene una personalidad metódica y controladora en su vida personal y profesional.
Está entrenado en tácticas de sigilo y evasión y, destaca por su habilidad para adaptarse al entorno.
Se ha colado en un edificio, blindado por la policía, no solo española, sino holandesa.
Ha conseguido su objetivo y salido de allí sin que nadie lo detecte.
Su selección cuidadosa de métodos tan letales, sugiere conocimientos especializados.
Posiblemente es un ex miembro de Fuerzas militares especiales.
—Joder, Dan era bueno. Todavía no les había contado lo ocurrido en el edificio donde encontré el móvil de Diana y ha clavado la descripción del tipo que me atacó.
Cada vez estoy más convencido de que se me había escapado, el asesino de Diana, de entre las manos.
—Exige la perfección estética. Esto lo podemos dirimir de la escenografía y puesta en escena de nuestro cuerpo.
Su motivación… eso lo que debéis averiguar, ya que, yo solo puedo descartar la casuística sexual, pero me aventuraría, a que ha podido tener algo que ver con sus trabajos de periodismo. —
—¿Algún reportaje que se le fue de las manos? —
—Podría ser, pero… puede que algún contrincante laboral tenga algo que decir.
Sinceramente, dudo mucho que el asesino tuviera alguna relación, ni de corta ni de larga duración con Diana.
Reduciría mi informe a dos tipos de posibles perfiles.
El primero… un sicario con un encargo muy específico, muy concreto.
La muerte de Diana. El segundo… un hombre con una patología psiquiátrica, que quiere recrear momentos de su vida, escenas muy concretas, y busca mujeres para hacerlo y que, cuando se niegan, lo más probable es que suceda algo parecido a nuestro escenario.
Su objetivo lo consigue por las buenas o por las malas. —Dan finalizó su disertación.
—Perfecto, pero a tu segunda valoración le encuentro un fallo. —Dijo Valeria.
—¿Cuál? —
—Estoy con Val. No creo que un zumbado se atreviera a hacer realidad una fantasía así en un lugar atestado de policías y personal de seguridad. —Dijo Roberto. —Por lo que cada minuto cobra más sentido la idea de que ha sido un asesinato por parte de un profesional por encargo. —
—Exmilitar… eso me cuadra, por el estilo de lucha que tenía ese hijo de p…
—Estaba tan centrado en mis pensamientos que, nuevamente susurré sin darme cuenta.
Miré a Elena que estaba observando el golpe de mi cara.
Realmente, todos estaban observándome. Val no tardó en preguntar por lo ocurrido en el edificio.
Estaban esperando que les contara el por qué tenía la cara ligeramente hinchada.
Les narré lo que pasó, sin adornarlo. No hizo falta.
—A ver, cuando llegué al piso superior del edificio, frente al hotel, un tío, grande, estaba intentando subir al tejado.
Llevaba un mono de trabajo, así que pensé que era de mantenimiento.
Cuando me escuchó llegar, y antes de que pudiera decirle nada…
—Les describí la refriega en la que nos metimos y todo lo que había ocurrido después, incluido el cómo desapareció ante la vista de todos.
Parecía que lo de acceder al tejado había quedado en un segundo plano.
—No pude ver más. —Vieron la indignación y la rabia que recorrió brevemente mi rostro y entonces comenzaron a preguntar, más específicamente, por el tío que me golpeó.
Puede que fuera una impresión mía, pero noté una preocupación real en el resto de los allí presentes.
Tras unos minutos de preguntas, estas cesaron.
—Bueno, tu estas bien. Pudo ser mucho peor. —Dijo Elena.
—Ahora estás más… interesante. —Dijo Dan para distender el ambiente, pues como buen perfilador, no quería que ese incidente se tornara en un trauma, ni para mí, ni para la unidad.
Sin embargo, en mi mente, y cogiendo algo de perspectiva gracias a revivir lo ocurrido, destelló un flashback, una imagen a la que no di importancia, pero que ahora se abría paso entre los doscientos cuarenta frames por segundo que reproducían esos pocos instantes que duró el encuentro.
Su puño, o más bien, la parte interior de su muñeca.
La de la mano izquierda, con la que recibí el primer golpe.
Tenía un tatuaje, una imagen de líneas muy marcadas.
Era una especie de letra C gigante con lo que parecía una I atravesándola.
Podían ser letras… no lo sabía, la imagen no era nada clara.
—Creo que tenía algo tatuado en la muñeca izquierda.
O eso me pareció ver mientras me comía la primera hostia.
Una especie de C y una especie de I atravesándola…
o algo así. —Dan tomó nota de ese detalle.
Ya todos tenían la información. Martina se acercó y, agarrándome por el codo a modo de toque de atención, me dio en la mano un USB metálico con la copia de los archivos del teléfono de Diana.
Iba a dar paso para que expusiera su informe en relación al hallazgo del móvil, cuando se abrió la puerta de la sala.
—Alabad al puto amo. He encontrado el teléfono móvil de la víctima.
—No era posible. La expresión de sorpresa que apareció en nuestro rostro no se pudo ocultar.
—Joder jefe ¿se ha puesto bótox en lo que no he estado aquí?
Le noto la cara un poco más… rejuvenecida.
—Lucas entraba en la sala con una ac titud altiva y triunfal, desvergonzada más si cabía al verme el ojo levemente hinchado.
Miré estupefacto a Lucas y acto seguido volví a mirar a Martina.
Coloqué despacio mi dedo en la boca, dándose cuenta de lo que quería decir.
“Silencio. No digas nada. A ver por donde se desborda el río.” —En vista de que pensáis que únicamente sirvo para decir piropos a las mujeres bonitas, y haceros sombra a los demás machitos alfa que rondan por aquí, decidí volver a la puerta del hotel, a ver si me daba un poco el aire…
—Después del toque de atención que recibió en el hotel, más que aire, necesitaba una bombona de oxígeno.
Pero la decisión de irse del cuartel la tomó después de hablar con el coronel Pastor, no al llegar a Hostes.
—…al lado de un coche, justo debajo de la ventana del hotel.
Está un poco jodido, pero seguro que Martina puede mover esos preciosos deditos y hacer magia.
—Su cara mostraba una expresión en la que claramente exhibía el pensamiento de que Martina le hiciera otros tipos de trucos de magia.
—¿Está encendido? —Jugaba con ventaja, pues sabía de sobra que ese no era el móvil de Diana. Martina le miraba con una mezcla de asco y estupor por lo que acababa de decir, por como la miraba, por ver como terminaría eso.
—Evidentemente no… jefe. —
—Pues si no está encendido ¿Como es posible que estés tan seguro de que ese, y no otro, es el teléfono móvil de la víctima? —
Su expresión y su actitud, nuevamente desafiante, no tenía respuesta. Otro órdago que le había ganado. Su cerebro estaría funcionando a mil por hora para buscar una excusa, y la única posible, factible y con algo de recorrido era…
—Estaba encendido, pero se le acabó la batería. —
Ahí estaba. Encendido, pero sin batería.
—Martina, por favor, ¿serías tan amable de llevártelo al laboratorio y tratar de sacar el contenido?
A ver si el hallazgo de nuestro compañero puede arrojar un halo de luz al caso.
—Me acerqué a ella y disimuladamente le susurré. —No digas nada de lo nuestro. —
—Recibido. Cuando tenga algo te llamo. —