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—Un momento… Son mensajes un tanto inquietantes, de preocupación.
“ Por qué no me contestas ”, “¿Has perdido el móvil? ”, “ Llevo dos días sin saber de ti, ¿estás bien? ” y así uno, y otro, y otro.
Hay un audio. —Pulsando el icono de reproducción se escuchó una voz femenina, dulce, pero con un tono de evidente preocupación.
— Diana, necesito saber de ti. Me tienes muy preocupada.
Por favor. Cógeme el teléfono o escríbeme.
No necesito que me digas nada más, solo si estás bien.
… (algo ininteligible) … miedo. Si no sé nada de ti voy a llamar yo al amigo de Victoria y se lo voy a contar todo.
Necesitas prot… (ruido de una sirena policial o algo así) …
Ten mucho cuidado, por favor. Te quiero. — Ahí estaba. Victoria. Mi Vicky.
—¿Quién será esa Victoria? —
—Ni idea, lo que está claro, y es en lo que hay que centrarse, es que tenía cierta información y podía estar en peligro por ella. Es en eso en lo que hay que indagar. ¿Qué hay del resto de chats? —Necesitaba desviar la atención de ese audio y no darle importancia.
—En el resto de chats… casi todo son noticias que le envían desde las redacciones de televisión y radio. —
—¿Desde cuándo aparecen los mensajes sin leer? —
—Pues… desde hace dos días, más o menos. —
—Perfecto. Muy buen trabajo, Martina. Luego lo pongo en común en la reunión. Y te pido, por favor, que tengas en cuenta lo que te dije al principio de todo.
—Sin duda. No te preocupes. —
—Hazme una copia de los archivos del móvil. —
—Por supuesto Hugo, confía en mí. —A mí me costaba mucho confiar en alguien, pero tenía que darle una oportunidad.
El problema era que, en esa oportunidad, no estaba incluido ningún dispositivo más en el que pudiera aparecer yo.
Por lo que tendría que ser un poco más creativo.
Necesitaba reparar la memoria flash que tenía en mi bolsillo.
Necesitaba ayuda externa. Estaba fuera de mi zona de confort con todas estas hipótesis, teorías y tecnología.
Y solo conocía a una persona que me podía ayudar.
Una persona que tenía las capacidades necesarias y suficientes como para, si fuera posible, reparar la memoria, recuperar la información, y mantener el perfil bajo, realizando todo el trabajo en el más estricto secreto.
Era una de las pocas personas en las que todavía confiaba, vigía y vértice de mi anterior familia, y solo esperaba que ella siguiera confiando en mí.
Salí del laboratorio rumbo al el garaje, y una vez allí, junto al Mercedes Benz del General, tras asegurarme de que estaba solo, saqué el teléfono del bolsillo. Accedí a la agenda y pulsé sobre el contacto marcado como “X”. Sin foto, sin detalles, sin más información de contacto.
Tres tonos y una voz familiar, que recordaba perfectamente.
— Dime. —
—Necesito tu ayuda. —
— ¡Que puta cara dura tienes! Ni una llamada, ni un mensaje, ni siquiera sabía si estabas vivo o muerto. —
—Embustera. Sabias perfectamente que estaba casi vivo, o casi muerto, pero que no terminé de cruzar la línea. —Un suspiro se dejó escuchar por el auricular.
—Me preguntaron por ti. Hablé bien. Si fuera hoy, les diría que eres un hijo de la grandísima puta. —
—Y yo te lo agradezco. Y para mí, sigues siendo mi polvo imposible. —
— Cabrón. —
—Ahora en serio. Artemisa, necesito tu ayuda. Es importante. —
— … —Silencio — … —
—… —Por mi parte también —… —
— ¿Cuándo? —
—Veintiuna horas. —
— ¿Dónde? —
—Punto Cero. —
— Recibido… Yo llevo el vino. —Y los tonos que indicaban la finalización de la llamada comenzaron a sonar.
La conversación fue rápida, pero como si no hubiera pasado más que un par de días desde la última vez que hablé con ella.
Artemisa era mi Operadora en las operaciones con mi antigua unidad.
Siempre estaba en el equipo de mando y congeniamos bien desde el primer día.
Me salvó de muchos sustos innecesarios ya que, desde el puesto de mando, o “La Choza”, como la llamábamos nosotros, nos informaba de las variables que no veíamos en el terreno de juego.
“La Choza” era el camión de mando, un vehículo de dos ejes y casi catorce mil kilos, que ejercía de almacén móvil de material y centro de comunicaciones.
Tenía que volver al piso superior tras tomar unos minutos de aire y centrarme. Me encontré con Val en el primer piso.
—Está acabando la autopsia. ¿Quieres entrar?
—Debía pensar en otras cosas y, la verdad era que, me picaba la curiosidad pues nunca había presenciado ninguna.
Había visto unos cuantos fallecidos en mi trayectoria profesional, bastantes más de los que me hubiera gustado, pero nunca había visto más allá de alguna película de serie B, como abrían a nadie.
Entramos en la sala y nos colocamos detrás de una mampara de metacrilato observando a la doctora manipular el cuerpo.
¿Qué pasaría por su cabeza? Me preguntaba, pues no dejaba de estar hurgando en el interior de un ser humano.
Realmente no fue nada agradable. Elena era muy meticulosa, casi a un nivel enfermizo.
Ya me lo advirtió ella cuando hablábamos de su trabajo.
El exceso de celo en las autopsias que realizaba aseguraba un error cero en el informe final .
No habían pasado diez horas desde el fallecimiento, y el cuerpo presentaba el rigor mortis [33] en toda la musculatura.
Las livideces [34] no habían llegado a su punto álgido, si bien se habían concentrado en la zona de las extremidades inferiores, debido a la posición que el cuerpo presentaba en la escena.
La doctora había peinado suavemente el cabello de Diana, realizado un frotis bucal, vaginal y un raspado bajo las uñas para tomar muestras, y lavado con agua tibia su cuerpo tras tomar la temperatura corporal.
El algor mortis [35] indicaba que la hora de fallecimiento había sido aproximada a la realización de la llamada a recepción.
Lo que nos sorprendió fue, la aparición de, lo que parecía ser un golpe bastante importante en la zona abdominal.
La doctora grababa toda la intervención mientras manipulaba el cuerpo.
Cuando nos vio detrás de la mampara, simplemente hizo un leve gesto con la cabeza al tiempo que inquirió.
—¿Tenéis alguna pregunta? —Yo trataba de contener una arcada infinita. Valeria, sin embargo, si interpeló a la doctora.
—¿Relaciones sexuales? —
—No. Ni consentidas ni forzadas, al menos en los últimos días.
—Descartábamos pues el móvil sexual. Permanecimos quince minutos más y abandonamos la sala.
Un cierto hedor a muerte flotaba en la sala, o eso era lo que parecía, pues ya no sabía si era un residual en el ambiente o se me había metido tanto el olor en la nariz que fuera donde fuese, todo me olía raro.
La doctora finalizó la autopsia y realizó el informe que nos envió a todos por email.
Un informe, desde mi ignorancia, completo y meticuloso, pues daba al traste con varias de las posibles teorías, y dejaba claro la causa de la muerte.
La versión reducida del informe, porque el oficial tenía unas doce páginas, decía más o menos lo siguiente.
Nombre de la víctima: Diana MARTÍNEZ NUÑEZ.
Edad: 35 años.
Sexo: Femenino.
Fecha de autopsia: 16 de noviembre de 2023.
Médico forense a cargo: Dra. Elena CRUZ ESPINOZA.
Hallazgos Externos:
La víctima exhibía signos evidentes de traumatismo en el abdomen, junto con contusiones y hematomas en la región abdominal y costal.
Hematoma de presión en el brazo derecho a la altura del bíceps.
Se han detectado marcas de presión en la cara, no visibles a simple vista sino es utilizando material específico, indicando una posible asfixia por sofocación.
Las manos de la víctima presentaban enrojecimiento y erosiones lineales aparecidas post mortem.
No se aprecian laceraciones, erosiones, hematomas o signos de violencia en zonas genitales.
Hallazgos Internos:
Abdomen: Se identificaron hematomas subcutáneos en la pared abdominal, denotando impacto de fuerza contundente. El análisis de la cavidad abdominal reveló hemorragia interna considerable y daño a órganos como el hígado y el bazo, evidenciando lesiones traumáticas en esta área.
Tracto respiratorio: Se observaron evidencias de obstrucción en las vías respiratorias, concordantes con el proceso de asfixia. Los bronquios mostraban signos de congestión, y los pulmones presentaban áreas de consolidación, indicativos de un flujo de aire restringido.
Zona genital: No se aprecian vestigios de relaciones sexuales recientes.
Causa de la muerte:
La causa de la muerte se determina como una combinación de traumatismo abdominal grave, resultando en hemorragia interna y daño a órganos vitales, junto con asfixia por sofocación bloqueando el tracto respiratorio superior.
Hora aproximada del fallecimiento: 04:26 horas.
Conclusiones:
La víctima falleció como consecuencia de trauma abdominal y asfixia por sofocación provocado por algún tipo de objeto bloqueando las vías respiratorias.
Los hallazgos sugieren la posibilidad de una lucha previa al homicidio, como lo indican los arañazos en las manos y los esfuerzos por liberarse.
Las características de las lesiones insinúan un acto violento y posiblemente premeditado.
Firma del Médico Forense:
Dra. Elena CRUZ