Sin cabos sueltos (Hostes 1) 5
44%

5

​ Hice todo el trayecto en el coche callado.

Abstraído en mis pensamientos. ¿Por qué estaba el móvil de Diana en aquel tejado?

Esa era una pregunta recurrente que me intrigaba y de momento no tenía respuesta, al igual que otras muchas, como ¿Lo habría tirado ella?

¿Lo habría tirado otra persona? ¿Cuál sería el contenido del mismo y de la memoria flash que estaba conectada a él?

¿Sería casualidad que en ese hotel se hospedara la delegación de Países Bajos?

¿Quién era ese hombre que me atacó en el portal?

¿Qué hacía allí? Y, sobre todo, ¿cómo cojones tenía la muerta, Diana, presentadora de informativos, y a la que no conocía, ni había visto en persona en mi vida, mi número de teléfono?

​ Nada más aparcar en el garaje del cuartel, Elena salió del Jeep y nos instó para reunirnos en la sala de video.

​ —Llamad a Martina y a Dan y que se reúnan con nosotros en cinco minutos en la sala de reuniones.

—Luego, subió por las escaleras adelantándonos al resto.

Solo me dio tiempo a llegar a mi despacho, maldecirme una y otra vez por lo ocurrido en el edificio, volver a mirar la nota y beber vaso y medio de agua.

—¿Por qué tenías mi número? —Puse la nota sobre la mesa y saqué del bolsillo mi teléfono.

Busqué en llamadas perdidas… nada, miré en llamadas bloqueadas, por si hubiera llamado desde número oculto…

nada. No tenía llamadas desde la tarde de ayer.

Susurré para mí. —No le dio tiempo a llamarme.

Y esa nota… tenía que ser de ella, porque no creo que, el que preparara la escenita, escondiera mi número ahí.

—De pronto, un sudor frio comenzó a brotar de cada poro de mi piel, y un mal pensamiento azoro mi sentido.

—Y si ¿lo han puesto ahí para incriminarme?

¿Pero quién? —Antes de decir nada de la nota, tendría que averiguar algo más.

Estas investigaciones no eran mi especialidad y no me gustaba sentirme como pez fuera del agua, pero en esos momentos, lo estaba.

Elena entró en mi despacho y apenas me dio tiempo a esconder la nota en el primer cajón del escritorio que pude abrir.

—Toma, ponte esto en el golpe. —Y dándole un puñetazo a una bolsa blanca que traía entre las manos, me la colocó directamente en la cara.

Era una bolsa de hielo instantánea, como las que llevaba en mi botiquín táctico.

​ —Gracias. —

—¿Qué has escondido ahí? —Dijo con un tono picaresco señalando al escritorio. —No será el teléfono de la recepcionista del hotel? ¿Te recuerdo que estas casado? —En parte tenía razón, era un número de teléfono.

​ —No es nada. Un recordatorio de que debo espabilarme para que no me pasen estas cosas. —Me señale el golpe. —¿Vamos a la reunión? —

​ —¿Me vas a contar que te ha ocurrido? —

​ —En cuanto me centre y sepa lo que ha pasado, os lo cuento. Lo prometo. Confía en mí. —

​ Salimos del despacho y observamos mucho movimiento en la sala.

Val estaba hablando con Roberto y Martina, señalando algo en una fotografía proyectada en la pantalla mientras Dan estaba revisando unas notas que tenía escritas en un cuaderno.

Lucas salía del despacho del Coronel con cara de pocos amigos, entro en la sala de reuniones y se sentó con los brazos cruzados como si fuera un niño pequeño al que acaban de quitarle la razón.

La doctora Elena y yo entramos justo después.

Comandaba ella, así que yo me limité a escuchar lo que decían todos y cada uno, por si acaso había algo que me iluminara respecto a la notita de marras.

​ Se llegó a una hipótesis bastante rápido.

A falta de una autopsia, aquello no parecía algo accidental.

Había demasiadas preguntas sin resolver, determinando que la teoría más plausible era la del homicidio.

Lucas seguía empeñado en que aquello era una sobredosis de manual y que así se lo había hecho llegar al Coronel.

​ —Pero ¿quién eres tú para decirle al Coronel que esto ha sido un suicidio? —Le recriminó Elena. La cara del resto de los allí presentes era un poema. Ninguno de los presentes habíamos visto a la doctora así de indignada y cabreada desde que la conocíamos.

​ —Bueno, me lo he encontrado y me ha preguntado mi opinión. —Dijo Lucas haciendo ostentación de su complicidad con el alto mando.

​ Solté la bolsa de hielo en la mesa y me uní a la discusión. Después de lo ocurrido en el hotel con Val y lo mío en el edificio, necesitaba solo un motivo para discutir con alguien y soltar la tensión acumulada, y con quien mejor que con Lucas.

—¿Te lo has encontrado? ¿Dónde? ¿En su despacho? —

​ —Te estás tomando atribuciones que no te corresponden.

Si hay que dar un informe lo doy yo. Tú no eres quien para…

—Elena estaba desatada. Entre las faltas de respeto que había demostrado todos los días, la falta de profesionalidad en la escena del crimen, la insubordinación continua y la inferioridad con la que nos trataba al resto, había llenado el vaso de su paciencia y esa fue la gota que lo rebosó, consiguiendo que la doctora perdiera los papeles.

​ —Buenoooo, valeeee. No pensé que os molestara tanto… jefes. Me sentaré aquí y cerraré el pico. —

​ Un tono de llamada y un mensaje por la megafonía instalada en la sala de reuniones requería de la presencia de la doctora en la sala de autopsias. — Doctora Elena Cruz, acaba de llegar el cuerpo para la autopsia programada. Se requiere su presencia en el laboratorio 3. —

​ —Ufff. Salvado por la campana… ¿Eh, doctora? —Lucas seguía tensando la cuerda. Estaba buscando algo y yo sabía lo que era. Quería una razón para quitarnos del medio a alguno frente al Coronel, y si ese alguien éramos la doctora o yo, mejor para él.

​ —Esto no ha acabado. —La doctora abandonó la sala. Si las miradas matasen… he de decir que Lucas ya estaría en el séptimo infierno.

​ —Descanso hasta que la doctora finalice la autopsia.

Y tú, Lucas. Una palabra más fuera de tono y me va a dar igual que tengas afinidad con el Coronel.

Como si eres su putita particular, me da igual.

Te mando fuera de la unidad en menos que canta un gallo.

¿Entendido? —Yo también había cubierto el cupo de gilipolleces de Lucas, que sin decir palabra, abandonó la sala en dirección, nuevamente, al despacho del Coronel .

Tras el momento de tensión y unas leves miradas de aprobación por parte del resto de la unidad, requerí a Martina en mi despacho.

Tenía un problema bastante más importante que ese payaso de Lucas.

Necesitaba sacar la información del teléfono destrozado y de la memoria flash, pero, la experiencia con la última informática con la que traté, me hacía desconfiar de la gente más si cabe de lo que ya desconfiaba, por lo que no sabía si podía entregárselo.

No podía arriesgarme a que ella encontrara algo, en cualquiera de los dos dispositivos, que me vinculara a la víctima de alguna manera.

No sin antes saberlo yo. En ese momento me convertiría en sospechoso.

Pero tenía que hacer algo con aquella patata caliente.

​ Cuando Martina entró en mi despacho, ella creía que iba a recriminarle por algo que hubiera hecho mal. Entró con cara seria y cabizbaja, como los niños cuando no quieren que sus padres les regañen por sus travesuras.

​ —¿Te ocurre algo Martina? ¿A qué viene esa cara? —

​ —No sé, si he hecho algo mal… lo siento, es el primer caso… con todo este material nuevo, a lo mejor no me… —

​ —Martina, Martina… ¡Para! Has hecho un trabajo excepcional. Cuando te pedí que revisaras las imágenes en el hotel, no tardaste ni dos segundos. Estaba alucinando con tus capacidades. En mis antiguas unidades nunca habría tenido esa velocidad de respuesta. Fenomenal. —

​ —Jo, pues muchas gracias. —

​ —Lo que si me gustaría es hacerte una pregunta.

No tiene nada que ver con la investigación, sino que es personal.

Veras… Mi mujer ha destrozado el móvil. Se le cayó desde la ventana de la habitación, y los Samsung no aguantan bien las caídas desde un tercer piso.

¿Habría alguna manera de sacar la información del teléfono para volver a… por ejemplo… clonarlo en otro?

​ —Bueno, eso depende del grado de destrucción, pero se puede intentar. Si quiere jefe… —

​ —Martina, llámame Hugo, tranquila. —

​ —Vale, si quieres, déjamelo y veré que puedo sacar. No es muy complicado si no está muy dañado. —

​ —El problema está en que, no me gustaría que nadie se enterase de que utilizo los medios de la unidad para temas personales. —

​ —Podríamos simular… una práctica en el laboratorio.

No habría problema. Siempre y cuando, usted estuviera delante, para verificar que no utilizamos información sensible en dicha práctica, no sé si me explico.

—Se estaba explicando perfectamente. Para lavarse las manos, esa práctica sería supervisada por un superior, es decir, yo, por lo que no habría dudas de que sería una masterclass sobre “perfeccionamiento en recuperación de información de dispositivos destruidos”.

Incluso, yo podría estar aprendiendo como hacer dichas recuperaciones para futuras investigaciones.

—Recibido. ¿Te va bien ahora? —