Sin cabos sueltos (Hostes 1) 4
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​ La doctora Cruz estaba saliendo de su despacho, y Martina llegaba justo detrás de mí.

El resto se encontraba de pie en la sala de reuniones, acomodando las sillas para sentarse.

Martina, Elena y yo entramos en la sala de reuniones y tomamos asiento.

Todos nos mirábamos, expectantes, preguntándonos, que cuál era aquella urgencia.

Una vez estábamos todos los presentes sentados, el Coronel hizo su entrada en la sala.

Lucas no estaba, tampoco nos extrañó, pues siempre solía retrasarse diez o quince minutos en la entrada al servicio.

Vi como Martina tecleaba algo en la tablet que tenía frente a ella. Inmediatamente se proyectó un vídeo, en aparente directo, sobre la pantalla frente a la mesa, en la que se podía adivinar la recepción de la entrada de un hotel.

—El señor Andújar está llegando al Gran Hotel.

Mientras llega, les pondré en situación.

Como sabrán, mañana se inaugura el Foro Internacional del Turismo que durará, oficialmente, desde hoy lunes hasta el viernes.

Extraoficialmente, imaginamos que un par de días más.

Durante toda esta semana se llevarán a cabo reuniones entre líderes internacionales por toda la provincia.

Las personalidades se hospedarán en diferentes hoteles de la localidad y alrededores, si bien, algunas de ellas llevan ya uno o dos días aquí.

De su seguridad se encargan las Unidades de Intervención Policial y Unidades de Prevención y Reacción de la Policía Nacional en la capital, el GAR está en reserva y la Unidad de Tráfico de la Guardia Civil lista para los desplazamientos.

A mayores, cada sección diplomática trae su pequeña cápsula de seguridad.

Lo que viene siendo un maldito caos para la Dirección Adjunta Operativa y para el Ministerio del Interior.

Pues bien, desde uno de esos hoteles se ha recibido una llamada sobre las cuatro horas de la madrugada a su recepción.

Informaban de unos golpes, molestias y unos ruidos extraños en una de las habitaciones.

Cuando a primera hora, las empleadas de la limpieza han accedido al interior para hacer su trabajo, se han encontrado con lo que van a ver.

—Las caras de todos los presentes denotaban interés y curiosidad.

El Coronel hizo otro gesto a Martina y acto seguido, superpuesto al video de la pantalla, se reprodujeron un par de fotografías —Las hizo una de las camareras de piso.

Uno de los agentes que estaba en el dispositivo escuchó, como decía, que las iba a vender a los periódicos para sacarse un pequeño…

digamos, extra a su sueldo. Afortunadamente, ese agente se las intervino y nos las hizo llegar.

Se ha comisionado a los indicativos que se encontraban custodiando el hall de entrada e inmediatamente han acordonado el lugar, han prohibido el acceso a todo personal civil, y han informado a la comisaría Provincial.

El Comisario Provincial ha llamado al Comisario Principal, este al Jefe Superior, este al Director Adjunto, este al Ministro y este al General.

Este será su primer caso. Se retrasará a la prensa todo lo que se pueda.

—Pero ¿qué hostias ha pasado? Esa era la pregunta que todos nos hacíamos.

​ En la pantalla, ahora, se podía observar la propia escena del crimen en su totalidad.

La víctima yacía congelada en una posición de serenidad perpetua, los detalles faciales de su expresión se volvían visibles a medida que el camarógrafo se acercaba.

No se apreciaba violencia, no se apreciaba desorden en la estancia, los fragmentos de la escena se revelaban uno por uno mientras la lente se desplazaba por la habitación.

La silla perfectamente colocada y alineada, junto a un pequeño escritorio.

La televisión, conectada, emitiendo un concierto de música clásica.

Un vaso, medio lleno, con un líquido transparente, y el cuerpo…

inmaculadamente colocado sobre un sofá, estilo chaise longue, que se encontraba frente al televisor a un metro de la cama.

La música clásica en segundo plano aportaba una extraña sensación de placido suspense, contrastando con la desgracia ocurrida en ese espacio.

El cámara se tomó su tiempo para inmortalizar cada rincón, cada objeto, cada posición y cada detalle.

Lucas dirigía el objetivo hacia la ventana, y la vista que había desde aquella habitación.

​ —Disculpe Coronel, pero, esto parece un caso para Policía Judicial local. ¿Qué le hace especial? —Elena, como jefa de investigación, hizo una pregunta clave.

—Nada. Son órdenes directas del General.

Señoras, señores, a trabajar. —Abrió la puerta y se dirigió directo a su despacho.

No paraba de sonar su teléfono. Esas llamadas no eran de nuestra incumbencia, por el momento, pero lo que teníamos en frente en la pantalla, sí.

¿Cómo es que este caso le interesa al General?

¿Qué tenía de especial un muerto en un hotel?

¿Quería decir que el Pastor tampoco sabía por qué al General Castaño le interesaba el caso?

y, por cierto ¿cómo es que Lucas se había enterado de esto antes que Elena y Yo?

¿Si somos los responsables del grupo, no nos deberían haber informado los primeros?

Y ¿Por qué no se puede hacer cargo, de este caso, el grupo de policía judicial local y nos lo envían a nosotros?

Aquí había muchas cosas que se me escapaban, pero al ver la cara de Elena, por sus gestos, estaba seguro que se estaba haciendo las mismas preguntas.

​ Tras unos interminables segundos, la doctora se levantó de la mesa.

​ —¡Aquí no hacemos nada! Martina, registra todo lo que puedas de las imágenes.

Consigue acceso a las cámaras de seguridad desde que esa habitación se ocupó.

Dan, comienza con lo que ves, quiero tus opiniones y posibles perfiles.

Rob, Valeria, nos vamos. —Me miró fijamente —Hugo ¿vienes con nosotros?

Nada mejor que una escena de verdad para que practiques ¿no te parece?

No habrá disparos, pero será un buen comienzo, como práctica en una investigación.

—Valeria y Roberto ya estaban saliendo por la puerta en dirección al garaje.

Pensaba… aquí me voy a quedar yo, no te jode.

​ —Si, por supuesto. —

​ Subimos a uno de los Jeep Grand Cherokee que había en el estacionamiento del primer sótano.

Conducía yo. Me sentía mucho más cómodo conduciendo yo.

Cuando llegamos al hotel, y tras aparcar en el garaje de su planta baja, me surgió una pregunta, a priori absurda, pero muy relevante a la hora de trabajar.

¿Cómo nos identificaríamos? Porque no en todos los sitios nos van a dejar entrar formando parte de una organización dependiente del Ministerio del Interior, de la cual, nadie ha oído hablar, y seguramente, policías y guardias, mucho menos.

Elena me debió de leer el pensamiento, porque no tardó un segundo en decir…

​ —Tú y Roberto sois los que tenéis las llaves de acceso. Mantenéis vuestras acreditaciones oficiales de Policía y Guardia Civil. De momento es lo que hay. —En mi cabeza discurría la pregunta ¿La doctora también leía mentes o qué? Queda anotado para preguntar cuando tomemos un café.

​ Ellos se dirigieron al ascensor del garaje mientras yo me encaminé directo a las escaleras.

​ —¿Dónde vas? —La costumbre de subir siempre por las escaleras en las intervenciones, era mi memoria muscular.

​ —En la novena nos vemos, pero darme un par de minutos de ventaja.

—Memoria muscular que al llegar al séptimo piso le debió de entrar Alzheimer.

Comenzó a molestarme la pierna izquierda.

En cada escalón sentía como una pequeña punzada en el cuádriceps.

Parecía que solo estaba recuperado al noventa por ciento.

​ Llegamos prácticamente al mismo tiempo a la novena planta. Al final de las escaleras, y justo en la puerta del ascensor nos detuvo un oficial, el cual nos pidió que nos identificásemos. Solo yo me identifiqué con mi placa y carnet de la Policía Nacional.

—Buenas compañero. Nos hacemos cargo nosotros. ¿Estás tú al mando del dispositivo de seguridad? —

​ —En este hotel sí. —

​ —¿Que órdenes tenéis? —

​ —Asegurar esto hasta que llegarais vosotros y luego volver al Hall para el control de acceso. —

​ —Ok, perfecto. Pues por mi parte… ya nos hacemos cargo nosotros.

Venimos con la forense, así que solo falta el furgón para el traslado del cuerpo.

Nosotros tenemos aquí para un buen rato.

—No vaciló al ver que entablaba con él una conversación totalmente coherente y no dudó que la escena se quedaba perfectamente custodiada.

Nos saludamos y bajó en el ascensor junto con los otros dos agentes que se encontraban en el quicio de la puerta de nuestra escena.

Apenas un par de minutos después de llegar a la novena planta, ya estaba el equipo solo y Lucas aparecía por la puerta 912 a recibirnos.

​ —No sé por qué cojones nos han enviado aquí. Esto es un puto suicidio. Está clarísimo. —

​ —Eso lo determinará la autopsia, que se la haré yo. Tú céntrate en el escenario. ¿Estamos? —

​ —Los hechos están claros y apesta a suicidio desde aquí. —Yo estaba viendo ahí otra pugna por el poder. Solo que esta vez, no tenía nada que ver conmigo. Lucas se quedó hablando con Elena, mientras Valeria, Roberto y yo entrabamos en la sala.