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—Respondiendo a tu pregunta. Teóricamente…
sí. La práctica siempre difiere un poco.
Bueno… realmente, la intervención real, casi siempre, difiere bastante de la teoría ya que tienes que tener en cuenta múltiples variables que en la práctica o sobre el papel no te imaginas.
Pero, por eso los grupos especiales practican tanto.
Para improvisar lo menos posible. —En mi mente, y en menos de dos segundos, volvieron a pasar todas y cada una de las intervenciones que había realizado con mi ex equipo.
Todos, menos Lucas, que estaba a lo suyo, notaron que, durante esos dos segundos, me quedé en un estado de lapsus mental.
Volví a mi ser lo más rápido que pude. Pero advirtieron que mi tono de voz cambió, ya que, involuntariamente, tornó un poco más sombrío, grave y distante.
Sin darme cuenta, me sinceré. —La realidad de ese tipo de situaciones es, que son impredecibles.
Una cosa es lo que tienes entrenado, otra lo que sabes que vas a hacer cuando estás allí, y otra muy diferente…
lo que haces cuando ves que hay más tangos de los que inteligencia había dicho.
O que hay niños que no sabías que estaban.
O que hay trampas con las que no contabas.
Ahí es donde está el problema. Ahí es donde la gente sale herida.
O muerta. Y el problema no es ese. El problema es que tienes que seguir.
Una vez que entras… —Comencé una disertación por toda la sala.
Una terapia de grupo improvisada. Hasta el despistado se centró en la charla.
Martina me miraba sin pestañear, Rob miraba el suelo, concentrado, imaginando lo que decía, Elena se tapaba la cara con las dos manos, no queriendo entender lo que estaba explicando.
—…el peligro que antes estaba sobre el papel, ese peligro efímero, se convierte en realidad.
Y la misión principal, que para el equipo de mando podía ser, incautar droga, o detener a un par de Pablitos [24] Escobar de medio pelo, se convierte en seguir vivo como misión prioritaria.
—Continuaba bajando el tono de voz, tornando esta vez, sin darme cuenta, hacia un discurso más personal.
—Que no me maten. Querer disparar a todo lo que hay delante y a todo lo que me dispara.
Es algo normal, el instinto de querer seguir vivo.
—Cuando me di cuenta, noté la expectación de Valeria, Dan, Martina, Rob y la doctora.
Lucas prestó atención, como descubriendo algo que quizás pudiera utilizar contra mí en algún momento, una debilidad.
Estaba flaqueando y mezclando lo personal y lo profesional, Abstrayéndome a lo ocurrido hace tiempo.
Se suponía que lo tenía superado, pero… no quería pensarlo.
Volví a retomar un matiz más neutral y didáctico, como si nada hubiera pasado.
—Es la denominada “ respuesta de estrés agudo ”.
El cuerpo experimenta una activación del sistema nervioso simpático, libera hormonas, la mezcla de cortisol y adrenalina hacen que el cuerpo reaccione ante esa situación de una manera rápida y efectiva.
Que me corrija la doctora si me equivoco.
—Dirigí mis palabras ahora hacia Elena buscando su aprobación, una posible corrección y un leve respiro para recomponerme.
Una vía de escape. Un asentimiento con su cabeza me hizo continuar.
—Y cuando ya no se oigan gritos, voces y golpes, notarás que tu cuerpo se relaja, es la fase de relajación o recuperación.
Es la fase donde ocurren todos los accidentes.
Por eso, yo os puedo dar unas nociones de lo que es, por ejemplo, una entrada en un domicilio en una detención de alto riesgo, y mil intervenciones más, pero vuestro trabajo es el más difícil.
Es resistir a esa segunda fase hasta que estemos todos juntos en el coche de camino a casa.
—Debían de saberlo. —Pero vamos… eso es lo que ocurre en todos los ámbitos de la vida, en mayor o menor medida.
—Creo que esa contestación a la pregunta de Valeria fue lo más valioso que aprendieron en varios días.
—Val ¿He respondido a tu pregunta? —Únicamente un asentimiento con su cabeza, y silencio .
Tras finalizar el seminario de intervención, me acerqué a Valeria.
—Val, me gustaría ver que tal funcionas con armas largas.
Necesitamos un Sierra en el grupo, y tú eres la que tiene la mejor puntuación en la galería.
¿Te parece bien? —Tenía en mente testear, tanto a Valeria como a Roberto, ya que eran los que mejor puntuación tenían en la galería, pero Rob me confesó que tenía ciertos problemas de visión a larga distancia, y aunque no era algo que le afectara en el día a día, no quería hacer bien una prueba y que, en un momento de necesidad, no pudiera dar la talla.
—Cuando hice las pruebas para la UEI [25] me lo detectaron. —Valoré muy positivamente su sinceridad y así se lo hice saber.
—No tengo nada mejor que hacer esta tarde, y la verdad, siempre me han gustado los desafíos, no solo los intelectuales.
—Mi relación con Valeria era buena, cada día mejor.
Le complacía que no la viera como un par de tetas inteligentes, como la definió en varias ocasiones Lucas en petit comité. Le gustaba que me debiera a mi familia.
—Perfecto, cuando bajes luego a la galería, coge un M82 [26] , y el TRG [27] , vamos a ir al campo de tiro que tiene el Regimiento de Ingenieros del ejército a las afueras de la ciudad. Voy a hablar con el coronel Pastor, para que comunique que iremos para allá.
—Recibido. —Asintió con determinación .
Después de insistir un poco, se nos unió Roberto, al igual que Elena y Martina a la práctica exterior.
Y si bien Martina no era agente de campo, cuando realizó la práctica, especialmente con el modelo de rifle TRG, realizó unas puntuaciones realmente excelentes.
Ya tenía una suplente de mi tiradora designada.
La puntería que demostraba Valeria era un fiel reflejo de la disciplina que mostraba en el trabajo.
Al día siguiente, al llegar al cuartel general, bat-cueva, Atalaya [28] , o…
todavía no sé cómo definirla, y tras pasar el control de acceso, justamente mientras colocaba la tarjeta identificativa en el cinturón del pantalón, un aullido de lobo sonaba en mi móvil y notificaba un mensaje grupal del Coronel.
Tomé el teléfono en la mano mientras subía por las escaleras y, entretanto lo leía, abría la puerta del segundo piso que daba acceso a las instalaciones de la unidad. El mensaje decía:
“ HOSTES URGENTE-ST´S-1, ST´S-2, ST´S-3, SALA DE REUNIONES-HOSTES URGENTE.”