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Durante las dos primeras semanas, y dado que no habíamos tenido ningún caso, estipulé una práctica para todos de una hora en la galería virtual, y otra hora en la galería de fuego real.
Elena hizo lo propio con unas explicaciones básicas de los protocolos que regían el uso de los laboratorios, periodos de espera para resultados de análisis y pruebas y, sobre todo, protocolos de manipulación de posibles vestigios en las escenas de los crímenes.
En temas de escenarios y métodos de investigación, Lucas y Rob dieron varias clases magistrales.
Rob, incluso dio unas pequeñas claves que, a él, le habían funcionado y que había aprendido en el último año, mientras colaboró con la Brigada de detectives del Departamento de Policía de Edison en New Jersey, Estados Unidos.
Otro tío, como decía la doctora, normal, que había trabajado en los Estados Unidos.
El cómo llegó a trabajar o, mejor dicho, a asesorar, a un departamento en América, es una incógnita.
Valeria nos dio clases acerca de cómo extraer información relevante a un objetivo y no morir en el intento.
Personalmente descubrí que había una gran diferencia entre la información cuestionable y la evidencia creíble.
Nos explicó la escala de relevancia y coherencia en el manejo de la información, así como a situarla en un contexto definido y, sobre todo, saber discernir entre lo que alguien realmente dice y lo que no, gracias a la entonación y el lenguaje kinestésico [22] .
El equipo iba engrasándose y, al igual que cuando te compras un vehículo nuevo, estábamos haciendo el rodaje.
Faltaba ver como trabajábamos en un caso real.
Durante el día, teníamos múltiples reuniones.
Prácticamente cada jornada era una reunión constante.
Todos aportaban sus conocimientos, unos más humildemente que otros, pues Lucas no perdía oportunidad para demostrar que era el que más sabía del mundo de escenas de crímenes sangrientos.
—“En mis años en homicidios he visto…” “En mis años en homicidios he hecho…”, “En mis años en homicidios, mis confidentes me decían…” —Todos nos dábamos cuenta de que lo decía para tratar de impresionar a Valeria.
Se le notaba que quería llevársela a la cama.
Se le notaba en exceso y, Valeria lo sabía.
No tenía que hacer uso de su increíblemente elevado coeficiente intelectual, y por eso, lo trataba con desdén.
Tenía un radar interno para los falsos halagos.
Es cierto que estaba acostumbrada a tener babosos detrás suyo, si bien no necesitaba a nadie para quitárselos de encima.
Yo trataba de explicarles y, sobre todo, que interiorizaran, una metodología de comunicación. Les explicaba que era “un punto”, “un tango”, “un sierra”, así como los códigos de comunicación verbal y de signos, para situaciones en la que el silencio, el sigilo y la sorpresa fueran necesarios.
—Si digo… Tengo dos tangos y un Sierra en el segundo piso, lado dos. Quiero dos puntos, lado uno y tres para cobertura. Tengo acceso en lado cuatro, entrada en diez. ¿Qué estoy diciendo? —
—Fácil. Que hay fiesta en cuanto entremos —Lucas seguía siendo el payaso del grupo.
—Joder. —Me frustraba cada vez que hacía el imbécil cuando estábamos con temas serios.
Bueno, realmente, me frustraba cada vez que hacía el imbécil, hablaba o simplemente respiraba.
Yo no quería formar a un equipo de élite.
Para eso podíamos tirar siempre de la UIP, del Grupo Especial de Operaciones o del GAR [23] .
Lo único que quería, era un equipo que cometiera los menos fallos posibles en caso de que su vida dependiera de ello.
—Que hay tres enemigos, uno de ellos es un francotirador, y que están en el lado… —La doctora Cruz estaba aprendiendo bastante deprisa.
—A ver… según el mapa de la pizarra, están en el lado del garaje, tenemos que dividirnos en tres grupos, dos individuales para cubrir el lado este, y el resto vais a entrar en el edificio en diez segundos.
¿Es así? —Roberto tenía conocimientos básicos de entradas en inmuebles, pues en sus investigaciones, en ocasiones, había tenido que entrar con los grupos especiales de la Guardia Civil.
—Eso es, y una vez dentro, entiendo que funcionaríamos como en los entrenamientos ¿No? —Valeria volvía a hacer una pregunta inteligente. Como no, con una contestación inoportuna de Lucas.
—Cuando entremos, tú ponte detrás de mí. Y yo me encargo de que no te pase nada. —
La realidad era que, en el campo de tiro, y en las pruebas con munición real, Valeria había doblado la puntuación que sacaba Lucas.
Era realmente buena tiradora. Esta mostraba una total indiferencia cada vez que ese impresentable abría la boca.
Su concentración en las prácticas era increíble.
Su mirada, vibrante, intensa e inquisitiva, viraba de los apuntes de su IPad hacia la pizarra digital, de esta hacia donde yo me encontraba, y posteriormente, nuevamente a su IPad.
Cualquier profesor diría que se trataba de una alumna muy aplicada.