Sin cabos sueltos (Hostes 1) 2 #3
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​ —Bueno, me presento, soy Elena Cruz, ST-1, investigación y análisis forense.

—La doctora tenía unos rasgos faciales muy suaves.

De metro setenta de estatura, treinta y cuatro años, tenía coleta alta y pelo largo y moreno.

Sus ojos, color café, eran penetrantes, incisivos.

Su apariencia personal era inmaculada, impoluta.

Vestía un perfecto traje ejecutivo gris con falda de tubo.

Más que una agente, parecía una perfecta abogada.

Se la veía segura de sí misma con cada gesto que hacía.

​ —Roberto Medina, pero me llaman “Rob”, ST-2, investigación.

—Roberto Medina. Cuarenta y ocho años, prestó servicio durante casi veinte años en las unidades de Policía Judicial de la Guardia Civil y la UCO [16] .

Ha cooperado un par de veces con el U.S.

Customs and Border Protection, el servicio de aduanas y fronteras estadounidense, a petición de estos, por temas de contrabando de mercancías ilegales.

Había sido reconocido por su habilidad para resolver casos difíciles, como la desaparición de un empresario italiano en las costas malagueñas.

Resultó que quiso desaparecer para huir de unas acusaciones de blanqueo de capitales en su país, y no tuvo mejor idea que hacerse el ahogado mientras surcaba aguas andaluzas con su súper yate de 30 millones de euros.

Rob encontró su rastro dos días después, con una identidad falsa, tratando de embarcar en un jet privado que salía de la terminal ejecutiva del aeropuerto de Madrid—Barajas.

Se le puede considerar un experto sabueso, aunque cierto era que daba la impresión de tener más en común con un operativo táctico que con un investigador.

De metro ochenta de estatura, se notaba que le gustaba pasar horas en el gimnasio.

Cabello corto y oscuro y mirada aguda, reflejaba su enfoque y determinación en el trabajo.

​ —Hola, soy Valeria, ST-2, inteligencia.

—Inteligencia, en ese lugar, implicaba infiltraciones, espionaje y operaciones encubiertas.

Ex miembro del CNI, trabajó conjuntamente en varias operaciones con agencias internacionales, FBI [17] estadounidense, la DGSE [18] francesa, AISE [19] italiana, SIS [20] portuguesa…

vamos, una operativa de inteligencia. En apariencia, era una mujer de las que se puede definir como, espectacularmente explosiva.

Llamaba la atención, aunque no quisieras.

Casi metro noventa de estatura, cabello largo negro, ojos verdes y figura perfectamente proporcionada.

Lo mejor, su coeficiente intelectual, superior a 140.

A sus treinta y dos años, podía servir en el lugar que quisiera, pero estaba allí, en HOSTES.

​ Una cara ya conocida se levantó de su silla y se dirigió hacia mí para estrecharme la mano.

—Sigues manteniendo la misma presión al saludar.

Eso me dice mucho de ti. Sigo siendo Dan, ST-3 y mi labor aquí es la de crear los perfiles criminales que necesitéis.

Me gusta Star Wars, el Señor de los Anillos, Harry Potter y todo lo que tenga que ver con el universo Geek, por si me quieres hacer algún regalo por mi cumpleaños.

Y no, yo no sé disparar, pero tampoco soy ningún mono.

—Y los dos rompimos en una carcajada que rompió la tensión de la sala.

​ —No lo dije por ti, pero creo que eso lo habrás deducido.

—Mi semblante se suavizó un poco. La primera impresión ya estaba dada.

—Y no te preocupes, será un placer enseñarte, al igual que espero que me des algún consejo para perfilar al personal.

—Y en un susurro, completé. —Por cierto, a mí también me gusta Star Wars. —

​ —Creo que eres más de lo que dices, pero… aquí estoy, para lo que necesites. —

​ —Gracias. —

—Yo soy Martina Velázquez, Señor Navarro. ST-3, Ordenadores, redes, tablets, bases de datos… Todo lo que tenga que ver con algo informático o electrónico, yo soy su chica. Bueno… su chica… me refiero a… su trabajadora de… —

— Tranquila Martina, lo he entendido. —La última informática que conocí jugó a un doble juego e intentó quitarme del medio. —Pues muchas gracias. —

​ Y aquí venía el segundo envite. El mono herido.

Lucas se levantó de la silla, y se dirigió hacia mí.

A ver qué soltaba ahora este orangután por la boca.

Con un gesto, levantando los brazos y con una, falsamente impuesta, simpática sonrisa en los labios, hizo ver que venía en son de paz.

Extendió su mano para encontrar la mía y mientras saludaba, incrementaba la fuerza con la que realizaba el apretón de manos.

​ —Soy Lucas, investigador. ST-2. Soy el mejor, un puto jugador de Champions League diría yo, resolviendo homicidios.

Tengo conocimientos excepcionales en sistemas de seguridad y en escenarios de crímenes.

No se me escapa nada. Bienvenido al equipo.

—Joder con Lucas. Se notaba que la humildad rebosaba por cada uno de los poros de su piel.

“Conocimientos excepcionales” decía, “Champions League”.

Mientras, no dejaba de estrechar, cada vez más fuerte, la mano, pero, no contaba con que alguien le aguantara el envite.

Si quería jugar a ver quién era el más alfa de los dos, había dado con la horma de su zapato.

A fuerza… estaríamos muy equilibrados, pero a psicología de equipo…

le ganaba por goleada. Sin mover un solo músculo de mi cara de póker le propiné una palmada en el hombro y alcé levemente el tono de voz para que todos lo pudieran escuchar.

—Si sigues apretando, Lucas, te vas a acabar haciendo daño.

Y no me apetece tener ninguna baja en mi primer día.

—Joder con la puta psicología. Funciona.

Ante la risa del personal, en seguida comenzó a mirar a unos y a otros, aflojando, ligeramente, la presión que ejercía sobre los metacarpianos de mi mano, momento en que aumenté yo la presión sobre la suya, ganando la batalla.

Al oído, entre él y yo, le susurré. —Para joderme necesitas hacer un curso, campeón.

Y lamento decirte, que ese curso lo doy yo.

—Continué aumentando la presión sin retirar la mirada de sus ojos.

En su cara comenzaba a aparecer esa mueca de dolor que estaba buscando. —¿Todo bien… Lucas? —

​ —Si… amado líder. —Con eso me valía, de momento. Solté la mano y le volví a dar ese toquecito en la espala para afianzar ante todos, y, sobre todo, para que le quedara claro al monito, que conmigo no se jugaba, salvo que yo quisiera jugar.

​ —¿Que nos puedes decir de ti? ¿De qué conoces al General? Parece que eres su niño mimado, si me permites la expresión. —Roberto únicamente enunciaba las preguntas que todos querían hacer.

​ —No conozco al General más allá de un trabajo que me supervisó hace unos meses.

—Realmente no mentí. El General parece que estuvo supervisando lo que hice en el departamento de análisis.

—No soy el niño mimado de nadie. Si la cago me joden, como a todos.

—Cada dos frases dejaba un par de segundos para darle más dramatismo y misterio.

Psicología grupal. —No soy líder de nada ni de nadie.

Me llamo Hugo Navarro. —Otra parada técnica.

—No soy investigador, no soy informático, ni soy analista, aunque estuve unos meses trabajando en análisis de datos.

—Me dirigí hacia la mesa ovalada que copaba el sesenta por ciento del espacio de aquella sala.

—Parece que me han traído aquí para ser vuestra fuerza de choque, o eso es lo que me han dicho, y enseñaros a trabajar como un equipo.

Como un bloque técnicamente perfecto. —Silencio.

—Eso queda muy bonito cuando lo dices. Yo me conformaré con enseñaros lo necesario para que volvamos cada noche a casa sin daños.

¿Si alguien más tiene alguna pregunta…? si no, me voy a ver el despacho que me han asignado.

—Y en voz baja, en un susurro imperceptible, únicamente para mí y mi subconsciente, sin darme cuenta, me dije. —Y a ver por donde empiezo. —