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—Buenos días Hugo. Tengo ganas de ver de lo que eres capaz. Espero que te integres bien en el grupo con el resto de operativos. A ver qué tal colideras la unidad. —Mi detector de mentiras y falsas apariencias casi explotó ante el discursito del Coronel.
—Con el debido respeto. Coronel, General. Estoy aquí sin saber cuál va a ser mi cometido, ni cuál es la función de esta unidad. Aquí parece todo muy… vanguardista… y muy… técnico. Yo no soy ninguna lumbrera, ni ningún investigador. —
—Ahora se lo explicamos en la sala. Sus compañeros llevan aquí un par de días tomando contacto con esto.
—Realmente no tenía ni idea de lo que haría allí.
Más allá de lo que me comentó el general Castaño, y de mi misión prioritaria, no sabía nada más.
Entré en la sala, tras los dos mandos allí presentes, para conocer a mis futuros compañeros.
Dispuestos en la sala principal, sentados junto a una mesa ovalada, se encontraban seis personas, los cuales se pusieron inmediatamente en pie.
Algunos con un gesto más marcial que otros.
Me recordó a la academia de policía de Ávila.
Cuando estábamos en las aulas y se acercaba uno de los profesores, el delegado de la sección tenía que dar la voz “en pie” para que nos levantásemos todos y presentásemos nuestros respetos a los educadores.
Estaba viendo que no lo iba a pasar muy bien.
Me gustaba la disciplina, pero hasta un cierto límite.
Cuando me quise dar cuenta, Castaño, junto con el coronel Pastor a su derecha, comenzó con su discurso de bienvenida.
—Buenos días a todos. Hoy queda completado el equipo HOSTES.
—Comenzó con un tono marcial, para, paulatinamente, y quizás, sin darse cuenta, utilizar, lo que la generación de cristal denomina, un tono épico.
Vamos, lo que siempre ha sido un tono de autoridad.
—Para los que no lo sepan todavía, HOSTES tiene un significado etimológico en latín.
Dicha expresión, hostes , o In Hostes , se utilizaba principalmente en contextos militares o bélicos para indicar acciones o tácticas dirigidas contra los enemigos.
Ese es el fin único de esta unidad. Ir en contra de los enemigos.
Para nosotros, toda persona que cometa delitos extremadamente violentos que las autoridades normalmente no pueden resolver con cierta celeridad, delitos de blanqueo de capitales, organizaciones criminales, desapariciones, homicidios…
todo aquello que pueda alterar la estabilidad de una empresa im portante o hasta de un país, delitos, en general, que se salgan de lo común.
Para eso hemos sido creados. Tenemos las competencias que tendría cualquier cuerpo policial y el CNI [15] , pero con más medios y menos burocracia.
Si tenemos que pedir órdenes a jueces, solicitar entradas y registros, detener a alguien para interrogar, o hacer uso de la fuerza en un momento dado, tenemos competencia y capacidad para hacerlo como ellos, pero más rápido. —
En la pared del fondo de la sala se encontraba el mismo escudo que aparecía en mi tarjeta de identificación.
En grande y sobrepuesto al escudo estaba la palabra “HOSTES” en vertical.
De cada letra del acrónimo se erigía una palabra formando la leyenda “Habilidades Operativas y Servicios Tácticos Especiales”.
—Hasta aquí, ¿alguna pregunta? —
Yo no pude por menos que preguntar, previo levantamiento de la mano, como en la academia de policía.
—Con el debido respeto, General, Coronel…
—Miré a ambos simultáneamente. —…desconozco las capacidades de todos los aquí presentes, sin ofender, pero, entre todas mis capacidades, no está especialmente desarrollada la de investigador.
Por lo que considero que, antes de continuar con su exposición, o que puedan revelar algún tipo de información del que no debiera estar al corriente quién no pertenezca a esta unidad, me gustaría saber, Coronel, General, y con todos mis respetos…
¡que pinto yo aquí! —Un silencio continuó a mis palabras.
Pastor me miraba inquisitivo, casi ofendido por haber interrumpido el speech del jefe.
Ya le había dado la primera pincelada de mi personalidad.
El General Castaño me miraba con un semblante muy di ferente, con una sonrisa oculta, hasta que continuó con su disertación.
—Señor Navarro, esos son los motivos por los que usted está aquí.
—Y señalándome, continuó. —Su integridad, honestidad, compromiso y determinación son patentes.
Ha interrumpido el briefing antes de que se pudiera decir algo que, en caso de no aceptar el puesto, pudiera comprometer a la unidad y a todos sus miembros.
Su carrera profesional no ha sido, como decirlo…
fácil que digamos… - Observé que parte de los allí presentes se extrañaban por aquella afirmación.
Evidentemente, ahora querrían saber más de mí.
—…pero siempre ha sido un líder indiscutible y nunca le ha temblado el pulso cuando ha tenido que cumplir con su deber.
—Su mirada, danzarina entre todos los allí reunidos, fijó un punto.
Su postura corporal indicaba que ahora se dirigía únicamente a mí, aunque todos pudieran escucharle.
Pastor miraba al General con cara de incredulidad, pues estaba dando más explicaciones de las que solía dar.
Tenía la sensación de que realmente, la diatriba, no era para mí, aunque así lo pareciese.
Era una magistral puesta en escena para que todos supieran quien era yo, o al menos…
mi tapadera, hasta que completase la misión.
Sobre todo, iba dirigida a la persona que tenía a su derecha, el Coronel.
—No me iré por las ramas. Usted precisamente es…
—Y señalando las ultimas letras le la palabra HOSTES sobre la puerta, dijo.
—…el Servicio Táctico Especial. —En ese momento, todos giraron su cabeza hacia donde estaba yo, de pie, junto a la puerta.
—Usted no será el más inteligente… —Joder, gracias, pensé.
—…estamos de acuerdo, no tiene conocimientos científicos, ni quizá tenga la agudeza suficiente para ver indicios de criminalidad donde aparentemente no los hay.
Correcto. Pero aprenderá, y este equipo necesita un activo con su criterio y capacidad de actuación en situaciones complicadas. —
Tras unos interminables segundos de silencio, el General se volvió a dirigir abiertamente a todos.
—Agentes. Cada uno de ustedes ha demostrado ser un operativo muy valioso para nuestro fin.
Darán cuenta de todo lo que hagan al coronel Pastor.
Sobre el terreno, operativamente y, sobre todo, en situaciones de alto riesgo, seguirán escrupulosamente las instrucciones del agente Navarro.
El será su punta de lanza. En cuanto a las investigaciones —Señaló a una mujer sentada en la silla más próxima al General.
—La doctora Cruz será su guía y referente.
Utilícense unos a otros, aprendan, compartan conocimientos, deben funcionar como un reloj suizo.
Ahora, les dejo en compañía del Coronel. Adiós. —
El coronel Damián no dijo mucho más. Notaba que su incisiva miraba me escudriñaba más que a los demás.
No sabría decir si era porque fui el último en llegar o porque el General había puesto mucho énfasis en que me quedase.
Mi impresión era, que podía ser el típico jefe que quiere controlar toda la información para manejarla, en caso de que fuera necesario, en beneficio suyo o en detrimento de otros.
Era, como describíamos en la policía, a los rasos que querían dar más órdenes de las que debían, un Inspector a mitad sueldo, pero, en escalas de mando más elevadas.
Se notaba que quería el puesto del General.
No tener que dar cuentas a nadie de sus desmanes.
Cuando abandonó la sala, se dirigió a su despacho y cerró la puerta.
La posterior situación era extraña, un poco tensa, pues los seis miembros de la unidad me miraban en silencio, y a mí no me gustaba ser el centro de atención.
Notaba los ojos de todos los presentes analizándome, escaneándome de arriba abajo.
—¿Qué? —Madre mía, que gran presentación. Un ¿Qué?, como diciendo “¿Qué cojones miráis?”, en vez de un “Buenos días compañeros”.
—Es decir… Que ¿Tú vas a ser quién nos va a enseñar a disparar?
—La pregunta era altiva, presuntuosa, con cierto tono irrespetuoso, y las comillas que hizo con las manos, cuando dijo la palabra disparar, tampoco ayudaban.
Pensé… “Otro Peter Pan que no ha asumido su edad real”, pero de quién salió la pregunta no me extrañó.
Lucas Dubois Andújar, treinta años, metro setenta y nueve de altura, cabello oscuro y mirada intensa, especialista en tocar los huevos a la gente.
Intuía que este tío me iba a dar problemas e imaginaba que me estaba poniendo a prueba, así que, con toda la calma de la que pude disponer, le miré fijamente y le contesté.
—¿Qué si te voy a enseñar a disparar? ¿No sabes disparar?
Disparar sabe hasta un mono, y para tu conocimiento, yo no disparo, yo neutralizo objetivos ¿entiendes la diferencia?
O te la tengo que explicar. —¡Toma ya! Sobrada al canto.
Parecía que en un primer momento lo entendió.
La cara de gilipollas que se le quedó no tenía precio, y las sonrisas del resto de compañeros tampoco.
Ahora tendría que tener cuidado con él. Era un mono herido en su orgullo.
La doctora Cruz se levantó de su silla, en la que permanecía sentada y habló para presentarse.