Sin cabos sueltos (Hostes 1) 10 #3
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​ La adrenalina se hizo dueña de sus cuerpos, pues, aunque temblaban como flanes, sus movimientos eran rápidos.

Justo cuando terminaron de tomar posiciones y yo trataba de abrir lentamente la puerta del garaje, pude oír las tres explosiones, amortiguadas por la distancia, acompañadas de sendos destellos a mis espaldas.

Acto seguido, ruido de disparos. No podía mirar atrás, tenía que confiar en ellos, como lo hacía con mi antiguo equipo.

Si no confiábamos los unos en los otros, caía toda la unidad.

Ellos cubrían la puerta principal, mi espalda, y yo tenía que cubrir la puerta del garaje, su espalda.

Me parapeté detrás de una columna, con visión directa.

Justo a tiempo. Estaba viendo como un grupo de hombres arrastraban unas piernas, seguro, de los que intentaron abrir la puerta de doble hoja del garaje.

Entraron cuatro tangos, había que abatirlos.

Con la mira holográfica del MZ—300 realicé siete disparos, pierna, cabeza, cabeza, del primero, pecho, cabeza del segundo y pierna, pecho del tercero.

Cargador vacío. No había más balas ahí, pero, tenía mi HK, me faltaba un tango.

Apuntando con mi pistola me dirigí a la carrera hacia donde se encontraban los soldados caídos.

Inmediatamente recibí fuego desde el vehículo más cercano a la puerta.

No alcancé la posición de los soldados enemigos abatidos.

Continuaba recibiendo disparos, a unos ocho metros a mi derecha, desde la trasera de un Nissan Qashqai blanco.

Me coloqué a la altura de las ruedas y disparé con mi H&K, a los pies del soldado, entre el coche y el suelo.

Hicieron falta 5 disparos para neutralizarlo.

Pude llegar a coger los cargadores que llevaban en el chaleco dos de los soldados abatidos y realicé el cambio de cargador.

Estaba preparado para otra embestida. Continuaba oyendo disparos en los pasillos, por lo que sabía que mis compañeros, todavía, no habían caído.

Me coloque justo detrás de la puerta fracturada del garaje.

Cuatro más entraron. Cuatro más que quedaron neutralizados antes de que se dieran cuenta.

Dos equipos completos habían sido abatidos en la trasera.

Seguía escuchando disparos al final del pasillo.

Eso era buena señal. Esperaba que no hubiera más incursiones en mi posición cuando algo llamo nuevamente mi atención.

Un tintinear en mitad del garaje, un objeto metálico golpeando contra el suelo, y de repente…

los tres destellos y las tres detonaciones me empujaron contra un Mercedes CC 220 naranja.

Era el coche de Micky. Ya no lo iba a necesitar así que no le importaría que se lo dejase totalmente rayado y algo abollado.

Quedé totalmente desorientado y sabía que alguien más iba a entrar por la puerta.

Me dejé caer directamente en el interior del Mercedes a través de una de las ventanillas fracturadas ya que era la única posibilidad de que no me vieran.

Eso sí, estaba vendido nada más que mirasen en el interior del coche, pero el destino, a veces, brinda una carta extra.

​ Entró un último equipo, cuatro soldados más.

Esta vez, el primero llevaba un escudo balístico.

Como la puerta de acceso al edificio, desde el garaje, estaba abierta se podía ver perfectamente el pasillo.

Podían ver claramente a Velasco. Fueron directos hacia él y no prestaron atención a la zona del garaje.

Supusieron que, como no habían recibido ningún disparo aún, allí no habría nadie.

Un gran error táctico. Asomé un poco la cabeza por encima de los asientos.

Un binomio se había quedado parapetado en el quicio de la puerta.

El otro iba andando, despacio, hasta la posición de Velasco.

Desde mi desorientación, pude escuchar un sonido que tenía muy interiorizado.

La guarda de un arma principal, y la lenta extracción de un cuchillo.

Enfocando un poco, pude apreciar que uno de los dos soldados, que se dirigían por el pasillo, llevaba de la mano un cuchillo de grandes dimensiones.

Automáticamente, giré la boca de mi arma hacia el quicio de la puerta, dos disparos fueron suficientes para neutralizar al primer binomio.

Con un salto desde la parte trasera del coche, y a la carrera, crucé la puerta de acceso al pasillo y disparé sin demora a los dos soldados, por la espalda. No era muy ético, pero era necesario.

​ Sin capacidad de reacción y tras de mí, una fuerte explosión que levantó un metro el Mercedes naranja, convirtiéndolo en una pira bastante cara.

​ —Joder, esto no se acaba nunca. —Cambié el cargador y me parapeté tras una columna justo después de cerrar el acceso al pasillo.

Un tintinear se escuchó en el lado derecho, otro a mi izquierda.

A partir de ahí… un fuerte dolor de cabeza, de oídos y una pérdida de consciencia que duró apenas unos segundos, pero que, en estos casos, pueden parecer una autentica eternidad.

Cuando abrí los ojos, delante mía, únicamente se definía una silueta, grande, conocida, parecía un hombre fuerte, esa silueta me recordaba a alguien, esa silueta era de…

​ —¡Eres tú! Que ganas te tenía, hijo de puta. Por fin tomaré mi venganza. —Los ojos empezaban a enfocar en la oscuridad. Una voz grave, masculina, que provenía de una silueta con equipo táctico y un cuchillo de treinta y dos centímetros en la mano izquierda.

​ —¿Quién eres? ¿De qué me conoces? ¿Qué te debo yo a ti? —

​ —¿No te acuerdas de mí? ¿No reconoces a uno de tus hermanos?

—Una sensación punzante me paralizó totalmente la pierna izquierda.

Un grito de dolor salió desde lo más hondo de mí, más profundo que mis propias entrañas.

Me había hundido, cinco centímetros, el cuchillo en la pierna, cortando como mantequilla parte del músculo.

—Aquí hirieron a Leo ¿Lo recuerdas ahora?

Una bala le atravesó la femoral y se desangro en apenas dos minutos.

Juré ante su tumba que tu morirías igual. —

​ —¡PERO DE QUE ME ESTÁS HABLANDO! Yo no maté a Leo, yo…

—Con ese insoportable dolor era todo lo que podía decir.

La figura, ahora borrosa, debido a las lágrimas que querían brotar de mis ojos, no paraba de mover el cuchillo para infligir el máximo sufrimiento posible.

No podía pensar, no podía moverme, pero me estaba hiriendo de muerte, me iba a cortar la femoral…

​ —Todo se acaba aquí “hermano”. CAVE LUPUM ¿recuerdas?

—CAVE LUPUM, traducido del latín significaba Cuidado con el lobo.

Ese fue el código de la fatídica misión, la maldita intervención que acabo con mi equipo.

Ese fue mi final una vez, y ¿ese será mi final ahora?

Noté como el soldado sacaba el cuchillo rápidamente para volver a clavarlo, esta vez sí, con la intención de cortar la arteria y acabar el trabajo, de terminar su venganza.

Iba a morir. En mi mente se apareció mi preciosa mujer y mi hija, y el escenario, el de una tarde de verano, en la piscina, haciéndonos aguadillas y riendo… No podía acabar así.

​ —CAVE LUPUM, hermano… CAVE LU… —

​ —HUGO… —Velasco gritó desde la puerta al ver la fatídica escena.

¡Gracias Velasco! El grito descolocó durante un par de segundos al soldado que miró hacia atrás rápidamente, dándome tiempo a desenfundar el karambit con el que hice a Ignacio se meara encima.

Solté una lanzada certera hacía la parte media de la garganta.

Sin más, el soldado soltó el cuchillo y se agarró con ambas manos su cuello.

El karambit rasgó el pasamontañas que llevaba, seccionando también la yugular y la tráquea.

El corte era tan profundo que medio cuello estaba sangrando.

Me quité de encima al soldado, y reptando como pude, me hice con un poco de espacio.

Fue el último soldado. Tardó un minuto, pero ya había dejado de moverse.

Aun así, seguía con las manos agarradas al cuello. Recogí el cuchillo del suelo.

​ —Este cuchillo… —Me susurré. Le quité como pude el verdugo que tapaba su cara. La expresión de sorpresa y espanto qu e se me quedó cuando le vi la cara, hubiera sido digna de una buena película de terror —Pero que cojones… ¿Martín? —

​ Fue Martín, miembro de mi Grupo Operativo de Respuesta.

Sabía que, psicológicamente, nunca supero el no poder salvarle la vida a Leo.

Después de aquel día no volvió a ser el mismo.

Le perdí la pista a los pocos meses del incidente, pero, pensé que lo habían jubilado con honores y se había ido a Brasil o a algún país caribeño a vivir la vida. —Lo siento mucho Martín, mi hermano. —

Velasco se acercó a la carrera. —Todo despejado allí. —

Creía que conocía la voz que había al otro lado del comunicador. ¿Habría sido él? En cuanto me pude recomponer un poco, lo primero que hice fue ponerme el torniquete en la pierna izquierda, por encima del muslo. No perdía mucha sangre, pero más valía prevenir.

​ —Hay que volver a cerrar la puerta. Crúzale algo…

un fusil, un palo, lo que sea. —Estaba herido, golpeado por uno de mis hermanos, y cada minuto que continuaba allí entendía menos lo que estaba pasando.

¿Era un robo que se había ido de las manos?

¿Aquello era una venganza?… El equipo de transmisiones se conectó de nuevo.

​ —Alfa-Bravo, informe. —

​ —… —

​ —Alfa-Bravo, Informe. —

​ —… —

​ —…sabía que eras bueno. —La misma voz. Entonces no era Martín… pero…

​ —¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? —

​ —… —Sin respuesta.

​ —¿Como conoces Troya? ¿Qué hace un miembro de mi G.O.R. aquí? ¿QUIÉN COJONES ERES? —

​ —… —Silencio.